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El fin de los sistemas comunistas en Europa

El fin de los sistemas comunistas en Europa

Noviembre de 1989 fue, sin ningún género de dudas, el mes que abrió definitivamente las puertas al fin del sistema internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial. La caída del Muro de Berlín el día 9 trascendía el símbolo de una ciudad, de un país y de un continente divididos por mor de las circunstancias vividas varias décadas atrás para ofrecernos un futuro, incierto pero esperanzador: el de un escenario radicalmente distinto al de la Guerra Fría, donde los actores principales y secundarios deberían reconsiderar sus respectivos papeles. Había desaparecido la gran frontera del mundo moderno.

"Las sólidas estructuras del Estado de la RDA, firmemente ancladas en los fundamentos del socialismo según venían proclamando los líderes germanoorientales, mostraron ser más bien un castillo de naipes"

La apertura, aquella noche, de los puestos fronterizos entre los dos sectores de la antigua capital prusiana fue un hecho inaudito. Ningún analista había concebido una situación como la que se produjo en pocas horas aquella jornada, más propia de una enfebrecida novela de ciencia-ficción. Sobre las siete de la tarde Günter Schabowski, actuando de portavoz del Comité Central del Partido Socialista Unificado, anunciaba en una confusa rueda de prensa lo que en un principio parecía un despiste, eso sí, imperdonable: la libre circulación de personas entre Berlín Este y Oeste.

La incredulidad se disipó cuando los medios de comunicación informaron sobre el terreno de que hacia las nueve y media de la noche ciudadanos de la República Democrática traspasaban la línea divisoria entre los dos sectores de Berlín ante la pasividad de la temida policía fronteriza. Nadie podía prever las consecuencias que tal acto iba a tener para el futuro inmediato no ya solo de las dos Alemanias o de Europa, sino del mundo. Con humor berlinés, un ciudadano del sector oriental bromeaba en una taberna: «Así que construyeron el Muro para impedir que la gente se fuera y ahora lo derriban para impedir que la gente se vaya. Lógica pura».

Las sólidas estructuras del Estado de la RDA, firmemente ancladas en los fundamentos del socialismo según venían proclamando los líderes germanoorientales, mostraron ser más bien un castillo de naipes. El 1 de diciembre quedó abolido el principio constitucional que atribuía al SED el privilegio exclusivo de dirigir la sociedad, dándose así el golpe de gracia a la legitimidad del Régimen. El socialismo real de la República Democrática se convertía en una nota a pie de página en los libros de Historia, según la acertada interpretación del escritor Stefan Heym.

"La caída del Muro abrió en algunos casos, e intensificó en otros, la oleada revolucionaria que barrería los sistemas comunistas en Europa centrooriental"

Los acontecimientos se precipitaron con la rotunda victoria —en las primeras elecciones libres en la RDA, celebradas el 18 de marzo de 1990— de la coalición Alianza por Alemania, dirigida por los cristianodemócratas. Nadie podía dudar de la legitimidad de su éxito, al obtener el 48 por ciento de los votos: había acudido a las urnas el 93 por ciento del electorado. El gobierno de coalición encabezado por De Maizière dedicó sus principales esfuerzos a impulsar la reunificación con la otra Alemania. Después de unos meses de vértigo, el 31 de agosto de 1991 se rubricó en Berlín el Tratado de Unificación y el 12 de septiembre quedó proclamada la plena soberanía de Alemania, convertida en un hecho consumado el 3 de octubre, fiesta nacional desde entonces. El gran beneficiado político fue Helmut Kohl: su capacidad de maniobra con el presidente norteamericano, George Bush Sr., y con el resto de líderes europeos hizo que se convirtiera en el artífice de la nueva Alemania cuando muchos daban por acabada su trayectoria pública.

Con la capitalidad recuperada para Berlín, la sede del Parlamento iba a residir en el Reichstag, depositario de la identidad política nacional. Cerrada así la cuestión alemana, concluía el siglo XX: la caída del Muro abrió en algunos casos, e intensificó en otros, la oleada revolucionaria que barrería los sistemas comunistas en Europa centrooriental, haciendo de 1989 un jalón imprescindible para comprender la nueva etapa histórica iniciada entonces, de consecuencias todavía muy presentes hoy en día.

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Autor: Ricardo Martín de la Guardia. Título: La Caída del Muro de Berlín: El final de la Guerra Fría y el auge de un nuevo mundo. Editorial: La Esfera de los Libros. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro