La forma habitual de honrar la memoria de los ancestros en las familias de antiguo linaje es encargar obras de arte que los representen en su mejor momento y embellecidos, o crónicas que registren sus logros y hazañas también idealizados. El escritor sueco de sangre azul Niklas Natt och Dag lo ha hecho de una forma mucho más personal y creativa, ficcionando en La maldición de los Stensson (Salamandra, 2026) la vida de su antepasado Måns Bengtsson, del que le separan quince generaciones y que pasó a los registros históricos por causar la muerte de Engelbrekt Engelbrektsson, líder de una revuelta popular que, en 1434, puso en jaque el poder del rey Erico de Dinamarca, que a la sazón dominaba el reino de Suecia. Que se desconozcan las causas de este suceso le ha permitido fabular sobre el vínculo existente entre ambos hombres, aportando emoción y suspense a una trama que se enlaza con la investigación de un crimen y la búsqueda de un tesoro, mil coronas de platas recaudadas con la venta de indulgencias papales para las almas del purgatorio. Aunque pertenecía a la nobleza, Engelbrekt poseía una conciencia social inusual en la época y defendía el derecho de los humildes a una vida digna contra los abusos de los poderosos. ¿Qué hubiera pasado de haber llegado a reinar? Nunca lo sabremos. La acción del remoto antepasado de Natt och Dag dio un giro a la historia de su país.
La historia transcurre a lo largo de dos años, desde el verano de 1434 a la primavera de 1436, casi un siglo antes de la constitución del estado de Suecia, en junio de 1523, y tras la peste negra que, en 1350, redujo la población a la mitad. Una etapa conocida como la Unión de Kalmar, caracterizada por la volatilidad política. El rey Erico de Dinamarca, hijo de Margarita, ejerce el poder a través de delegados reales que expolian a la población, y en el norte surge una revuelta capitaneada por un visionario carismático que algunos nobles deciden apoyar para librarse de la férula de daneses y aumentar sus propiedades y castillos. Entre ellos los Stensson, blasón partido en azul y oro, los mismos colores que la bandera sueca, y un lema: «Destino y esperanza».
La primera parte de la novela te acoge con los brazos abiertos y te invita a participar en la fiesta de San Juan, solsticio de verano de 1434, que se celebra a lo grande en el castillo de Göksholm, donde conoces a la numerosa familia Stensson, cuyos descendientes fueron llamados Natt och Dag, pues hasta siglos después no se usaron apellidos fijos, sino patronímicos. Bengt el patriarca, Bo el enfermizo, un discapacitado psíquico y un invidente que posee una bonita voz. En plenitud de la edad, Nils, el más inteligente y manipulador, un oportunista dispuesto «a servir a cualquier señor que no oiga cómo se afila el puñal a sus espaldas», desencadenante de los hechos que se van a producir. Y el tío de los hermanos, el obispo Knut Bosson, que luce la mitra desde hace cuarenta años, alcohólico y codicioso, que compite en trasegar cerveza y vino con los jóvenes.
Se trata de una novela coral, pero el gran protagonista es el hijo de Bengt, Måns Bengtsson, un chaval de diecisiete años, heredero de la belleza de su madre, que ha crecido libre en los bosques cazando con un azor y entrenándose en la lucha con la ayuda de Finn, huérfano de la peste, que Bengt acogió en su casa. Pese a una vida regalada es un chico responsable, valiente y tenaz. A propuesta de su tío Nils, se le encarga una peligrosa misión: viajar al encuentro de Engelbrekt, «un noble de Dalarna que no olvida que todos proceden de una misma raíz», líder de una revuelta de campesinos y mineros, montañeses del norte hartos de sufrir el expolio de los delegados reales.
Las mujeres son minoría, pero desempeñan un papel esencial. Como explica el autor en una entrevista, las de noble cuna poseían cierta autonomía y privilegios: Kristina Månsdotter, Stina, señora del león y el lirio, una dama capaz y quien realmente gestiona el castillo más allá de las tareas domésticas; su hija Brita, con la que no tiene muy buena relación; y su cuñada Kari Sture descendiente de un pirata de la Hermandad de las Vituallas. «Hombres… ¿Qué harían sin nosotras», reflexiona esta última en un momento de crisis. «Se matarían entre ellos y dejarían el reino en cenizas. Nosotras les ponemos cordura, los calmamos en lo posible, traemos hijos al mundo (…). Y aun así, parece que una maldición pesa sobre ellos».
«Por negarme el amor a causa de mi sangre, vuestro amor acabará bañado en sangre». Esta es la maldición a la que alude el título de la novela, lanzada por Ingegerd, nieta de Santa Brígida, obligada a ingresar en un convento, que de novicia llorona mudó en abadesa pervertida y acabó presa de la locura. Y también podría hablarse de otra fatalidad que subyace en la familia, intrínseca a su naturaleza codiciosa, que les hace entablar alianzas arriesgadas con monarcas extranjeros para ampliar su poder. Durante el siglo XIV lo hicieron sus ascendientes, Bo Jonsson Grip y Sten Bosson de Ekhult, con los reyes Alberto y Margarita, y ahora la última generación repetirá la jugada de otra manera, como si estuvieran predestinados a no aprender de sus errores. «Destino y esperanza» es su lema.
Tras la marcha de Måns, acompañado del fiel Finn, la trama se ramifica, desplegándose en varios frentes. La rama principal sigue las vicisitudes del joven hasta su encuentro con el líder del alzamiento, que al principio lo desprecia, pero acabará surgiendo un vínculo entre ambos, pues comparten los mismos ideales. «Los suecos necesitan de nuevo su propio rey, como lo fue Erik el Santo: un hombre honrado que vele por su pueblo», lo alecciona Engelbrekt. «Señores al servicio de la Corona para cuidar castillos, recaudadores elegidos por su fama para llevar la renta necesaria a la Corona, pero ni un céntimo más. Con un rey así, nadie tendrá poder absoluto, como los alemanes o los daneses; no serán caballeros bandoleros que solo buscan su propio beneficio».
El desarrollo de la campaña militar con la toma de varios castillos se intercala con los pactos políticos entre el rey Erico, nobles y rebeldes, y con la propia historia de los Stensson, que ven aumentar sus propiedades. En aras del rigor histórico, el ritmo se ralentiza, pero la prosa enérgica y contundente de Natt och Dag conduce hasta el momento cumbre, el magnicidio: la muerte de Elgebreck abatido por Måns con un hacha. El uso de esa arma poco común entre caballeros hace pensar que fue un acto espontáneo, no un asesinato premeditado. ¿Qué motivos llevaron al joven Stensson a eliminar al adorado líder? Natt och Dag sugiere uno muy plausible, pero ¡¿quién lo sabe realmente?! En todo caso: ¿qué hubiera pasado de no haber muerto el héroe venerado y aclamado por el pueblo?
Lo que se sabe con certeza es que, en 1435, un año antes de su desaparición, Engelbrekt reunió una asamblea en Arboga, considerada antecedente del primer parlamento sueco, el Riksdag, punto clave en la evolución política de Suecia. Engelbrekt fue nombrado regente del reino, pero pronto aparecieron tensiones internas, y la nobleza, interesada en defender sus privilegios, acabó apoyando a Karl Knutsson, futuro rey Carlos VIII.
Además de un buen rato de lectura placentera, Natt och Dag (Noche y Día) nos ilustra sobre el desconocido pasado de su país. Skagerrak, Kattegat, Sund, Gran Belt y Pequeño Belt. Recuerdo lo que me costó memorizar estos topónimos de estrechos y canales cuando estudiaba los primeros cursos de bachiller. Esos nombres, la novia del Capitán Trueno, Sigrid, reina de la isla de Thule, y los fieros vikingos fueron mis únicas referencias de los países nórdicos hasta que Altavilla publicó a principios de los setenta Suecia, infierno y paraíso. Luego, gracias a Stieg Larsson y otros autores de novela negra, es como si los países escandinavos estuvieran a la vuelta de la esquina, un refugio anhelado cuando empieza a apretar el calor.
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Autor: Niklas Natt och Dag. Título: La maldición de los Stensson. Editorial: Salamandra. Venta: Todostuslibros.


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