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EL legado póstumo de Julio Ramón Ribeyro llega a la Caja de las Letras

EL legado póstumo de Julio Ramón Ribeyro llega a la Caja de las Letras

Una de las primeras máquinas de escribir del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, considerado uno de los mejores cuentistas de la literatura latinoamericana, es el legado póstumo que ha llegado este martes a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en un acto acompañado de un homenaje al artista.

La antigua cámara acorazada del Cervantes de Madrid —antes era la sede de un banco—, que acoge en sus cajas de seguridad los legados de una treintena de escritores, artistas y científicos, ha recibido el de Ribeyro (Lima, 1929 – 1994) de la mano de su viuda, Alida Cordero, en el año del noventa aniversario de su nacimiento y el veinticinco de su muerte.

Cordero ha asegurado que antes de depositar la máquina de escribir, «de la que salieron muchísimas de sus obras», consultó a su hijo qué objeto entregar y ha contado como testigo de la entrega con Claudio Julio de la Puente Ribeyro, embajador de Perú en España y sobrino del escritor.

Ribeyro fue un miembro destacado de la generación del 50, exploró en profundidad el cuento en obras como «Solo para fumadores» (1987) o Silvio en el Rosedal» (1977), pero también se adentró en el ensayo o el teatro y recibió, pocos días antes de morir en 1994, el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

El acto de depósito ha estado presidido por el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, quien ha aprovechado la ocasión para recordar «los lazos importantes que unen al Instituto Cervantes con la cultura peruana».

Acto seguido ha dado comienzo el homenaje en el que participaron Cordero, Montero, De la Puente Ribeyro y los escritores Renato Cisneros y Sara Mesa.

La viuda del escritor ha leído emocionada y conteniendo el llanto una carta del hijo de ambos, Julio Ramón Ribeyro Cordero, que no pudo acudir al homenaje, en la que ha querido recordar «más a la persona que al artista» y que estaba llena de anécdotas con su padre.

Su sobrino, por su parte, ha destacado que, «aunque suele identificarse a Julio Ramón Ribeyro con París», Madrid fue su primer destino europeo, ciudad en la que permaneció durante dos años y que «dejó honda huella en su labor creativa», tal y como se puede ver en parte de sus diarios y en cuentos como «Los españoles».

Montero ha recordado el concepto de la escritura para Ribeyro: «Todo cuento necesita tener una historia que además debe poder contar el lector, porque no se trata solo de que la historia la tenga un escritor. El hecho literario funciona cuando esa historia pasa a ser del lector, esa es la gran tarea de la literatura».

«No creo que sea una cuestión solo de efeméride, tiene que ver también con el impulso vital que la imagen y la obra de Julio Ramón nos ha legado a las generaciones que vinimos después», ha asegurado el también peruano Renato Cisneros, que cree que para sus compatriotas «en los libros de Ribeyro hay un paisaje nacional en el que todavía es fácil reconocerse».

La escritora Sara Mesa se ha mostrado «fascinada» por el mundo de Ribeyro y ha contado que se lo imagina «escribiendo de manera obsesiva, día y noche, con una auténtica dedicación y vocación que parecía no tener límite» porque, aunque asegura que «en la primera lectura de sus cuentos todo parece transparente y espontáneo», es evidente para ella que subyace «una estructura pensadísima».

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