Foto de portada: Teatro de la Abadía. Susana Martín
Pintora, escultora y escritora, Leonora Carrington fue una de las grandes creadoras del siglo XX. Marcada por episodios oscuros y dolorosos, convirtió esa experiencia en materia artística, que ahora el director y dramaturgo Alberto Conejero recoge en Leonora, una invocación de su “espíritu indócil”, interpretada por Natalia Huarte.
Nacida en 1917 en el Reino Unido, Carrington fue una mujer “que peleó y luchó por convertirse en creadora”, una mujer que “se aupó en su vocación para sobrevivir”, en palabras de Conejero. “Asistimos a la fragua de una creadora, a cómo una mujer se convierte en artista”, explica también el director, que descubrió a la artista en un viaje a México: “Vi una de sus esculturas y me fascinó. Me atrapó su biografía y descubrir que algunos episodios fundamentales de su vida transcurrieron en España”.
Asimismo, el director pretende “invocar su espíritu” y provocar en el espectador la misma sensación que él tuvo al conocer a Carrington, para que quieran descubrir su obra, sin pretender “usurpar su voz ni ocupar su lugar. Mis amigos me piden que cierre los ojos, pero yo quiero mirar el horror del mundo”, dice Carrington en boca de Natalia Huarte, que viaja a la niñez de la pintora en el Reino Unido, pasa por su juventud en una Europa en guerra y llega hasta su exilio en México, el país que la acogió hasta su muerte, en 2011.
Huarte interpreta a la artista en un escenario vacío, un “lienzo en blanco” con “infinitas posibilidades”, explica Conejero. “Solamente estoy yo; entonces se convierte en un lugar de juego, de pintura y de descubrir animales salvajes con mi cuerpo”, afirma Huarte, que busca transmitir ideas de libertad, desnudez y vulnerabilidad con su interpretación y convertir el texto y el movimiento en los protagonistas del espectáculo. “Leonora era una mujer salvaje, irreverente, indócil, vital, muy libre para su tiempo, arriesgada y con una vocación y un deseo muy conectados con sus actos”, señala Huarte, que asegura haber conectado con la artista por “apelarla directamente”.
Conejero y Huarte esperan que el público conecte con el juego de imaginación, que “apaguen las pantallas” y entiendan la obra como un lienzo en blanco con infinitas posibilidades.


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