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El tercer hombre: vivos y muertos

El tercer hombre: vivos y muertos

Constituye El tercer hombre un ejemplo perfecto de película hermética. Hermética porque pone en escena el drama de la supervivencia; hermética porque representa la lucha en la conciencia del hombre entre el bien y el mal.

Su hermetismo se construye bajo la apariencia de una película de intriga en un escenario histórico determinado (la Viena de posguerra, las redes de tráfico ilegal). Sobre ese argumento “modesto” se despliega un fuerte simbolismo que afecta tanto a la estructura y participantes de la trama como a su aspecto superficial (un fuerte manierismo identificable en el desequilibrio de los planos o en los efectos musicales y de luz). Uno de esos símbolos es la figura del doble; otro, la vertebración del espacio vital; el tercero, el propio número tres (o mejor dicho: estructuras y elementos que se deslizan siempre sobre las repeticiones o los patrones de un dos y un tres). A ello conviene sumar la risa, que se encarna en figuras irracionales, a medio camino entre la pesadilla y la comedia (un niño inquietante, un gato inquietante, una cacatúa que muerde, un vendedor de globos inoportuno).

"El doble aparece encarnado en los dos protagonistas masculinos, dos amigos que representan fuerzas antagónicas"

El doble aparece encarnado en los dos protagonistas masculinos, dos amigos que representan fuerzas antagónicas (el deber moral y el impulso demoniaco). Son personas cotidianas que reaccionan de forma diferente ante un escenario de crisis (la ciudad en ruinas, Europa en ruinas, un mundo física y espiritualmente devastado). Casi nunca aparecen juntos (salvo en la conversación en el cielo de Viena) porque encarnan las dos caras de un mismo ser. Prueba de ello es que la protagonista (que ama sólo a una de las dos caras) continuamente confunde sus nombres.

"Los protagonistas forman una pareja amorosa que es un trío. La pareja de policías se convierte en un trío con la ayuda del héroe"

El espacio vital es tripartito: el suelo vienés (ciudad que vive en un purgatorio horrendo, campo de corrupción, supervivencia en soledad, muerte); el subsuelo (las cloacas donde se desenvuelve como pez en el agua el personaje luciferino); el cielo (suspendidos en la noria tiene lugar la conversación decisiva que muestra la diferencia de las dos caras del hombre: el compromiso con los demás y el distanciamiento amoral). En cuanto a las figuras del dos y el tres (o el dos que es un tres), son constantes. Los protagonistas forman una pareja amorosa que es un trío. La pareja de policías se convierte en un trío con la ayuda del héroe. La pareja de malvados ayudantes forma en realidad un trío con la presencia del “tercer hombre”. Tres son las escenas de cementerio (dos entierros, uno falso y uno de verdad). Las situaciones tienden a repetirse (firma simétrica del guión), pero nunca en equilibrio. Luz y sombra porfían, mientras la vida intenta seguir adelante en un otoñal gris. Película de sombras, donde siempre están latentes, como presencia invisible, fuera de campo, los muertos.

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Nota con motivo del cincuentenario de la muerte de Carol Reed, director de El tercer hombre

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