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Elizabeth ante el espejo, E-li-za-beth

Elizabeth ante el espejo, E-li-za-beth

Elizabeth, de Ken Greenhall, es una novela corta de corte gótico y ambiente inquietante, cuyo tema principal se podría decir que son las brujas. No la brujería: las brujas.

Siendo su primera novela, escrita en los años setenta y publicada utilizando como seudónimo el nombre de su madre, en Elizabeth el autor cede la voz de la historia a una niña de catorce años, que da nombre al libro y que está convencida de su capacidad para provocar cosas malas, empezando por la muerte de sus propios padres, que la lleva a vivir a casa de su abuela junto a su tío James y su familia. Es precisamente la voz de Elizabeth la que convierte una lectura aparentemente ligera en una experiencia inquietante, y a ratos opresiva, que avanza por un camino tortuoso para el que no existe final feliz posible. La joven, pues se empeña en decir que ya no es una niña, parece poseer la excepcional capacidad de arrojar una luz cruel sobre las realidades de quienes la rodean, a los que juzga de manera inapelable en función de sus actos u omisiones, mientras repite una y otra vez que sabe que tiene un poder. Este poder, refrendado por la visión de una mujer, una antepasada llamada Frances que aparece en los espejos para guiarla, toma el control de su vida, convirtiéndose en la excusa para cada uno de los traumáticos eventos que suceden a su alrededor. Para todos, excepto para uno, y es la relación que mantiene con su tío. Ahí está la Lolita, consciente de la sensualidad femenina, del uso y del poder que otorga. A fin de cuentas, ¿qué harías por mí?, le pregunta a su tío cuando este declara su amor por ella.

"Va dejando rastros de la mente perturbada que guía la novela, de la poca fiabilidad del narrador, hasta lograr que el terror se fusione con un misterio retorcido que deja una sensación de suciedad al lector"

Donde Nabokov muestra a un Humbert perturbado, con un nombre repetido y una visión distorsionada de una niña que lo llevan a una de las historias de obsesión más perversas de la literatura, Greenhall muestra el terror. En su obra no hay piedad con Elizabeth, presentada como una suerte de pequeña psicópata incapaz de desarrollar sentimientos hacia quienes la rodean. Una protagonista que habla con una voz de lo que ella supone que es ser adulta, y que no duda en creer lo que ve en los espejos, sin importar si son nuevos o si se trata de esos que, por el paso de los años, han perdido brillo y se ven atravesados por manchas que distorsionan la imagen que nos devuelven.

Pese a que la relación incestuosa es una constante que sobrevuela toda la novela, el autor evita hábilmente las escenas que hubieran podido resultar más escabrosas, pero deja al lector plenamente consciente de lo que está sucediendo en esa casa, bajo la mirada indiferente de todos sus habitantes. A lo largo de la lectura va dejando rastros de la mente perturbada que guía la novela, de la poca fiabilidad del narrador, hasta lograr que el terror se fusione con un misterio retorcido que deja una sensación de suciedad al lector que lo disfruta. Casi como una resaca.

Elizabeth tiene todos componentes del terror de la época, y también la capacidad de seguir poniendo los pelos de punta hoy en día. Y además, un magnífico prólogo de Laura Fernández.

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Autor: Ken Greenhall. Título: Elizabeth. Traducción: Laura Fernández. Editorial: Lumen. Venta: Todos tus libros.

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