Elizabeth, de Ken Greenhall, es una novela corta de corte gótico y ambiente inquietante, cuyo tema principal se podría decir que son las brujas. No la brujería: las brujas.
Donde Nabokov muestra a un Humbert perturbado, con un nombre repetido y una visión distorsionada de una niña que lo llevan a una de las historias de obsesión más perversas de la literatura, Greenhall muestra el terror. En su obra no hay piedad con Elizabeth, presentada como una suerte de pequeña psicópata incapaz de desarrollar sentimientos hacia quienes la rodean. Una protagonista que habla con una voz de lo que ella supone que es ser adulta, y que no duda en creer lo que ve en los espejos, sin importar si son nuevos o si se trata de esos que, por el paso de los años, han perdido brillo y se ven atravesados por manchas que distorsionan la imagen que nos devuelven.
Pese a que la relación incestuosa es una constante que sobrevuela toda la novela, el autor evita hábilmente las escenas que hubieran podido resultar más escabrosas, pero deja al lector plenamente consciente de lo que está sucediendo en esa casa, bajo la mirada indiferente de todos sus habitantes. A lo largo de la lectura va dejando rastros de la mente perturbada que guía la novela, de la poca fiabilidad del narrador, hasta lograr que el terror se fusione con un misterio retorcido que deja una sensación de suciedad al lector que lo disfruta. Casi como una resaca.
Elizabeth tiene todos componentes del terror de la época, y también la capacidad de seguir poniendo los pelos de punta hoy en día. Y además, un magnífico prólogo de Laura Fernández.
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Autor: Ken Greenhall. Título: Elizabeth. Traducción: Laura Fernández. Editorial: Lumen. Venta: Todos tus libros.


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