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Emilio Lara

Hoy he sentido una triple satisfacción como lector, como novelista y como jienense, al conocer la concesión a Emilio Lara del prestigioso III premio EDHASA de novela histórica por su trabajo Tiempos de esperanza, sobre la cruzada de los niños de 1212, concedido por una editorial amiga, a la que pertenecí algunos años. Emilio compareció en el escenario literario hace sólo unos años con la novela La cofradía de la Armada Invencible, siguió con El relojero de la Puerta del Sol, y de una forma o de otra han sido premiadas una tras otra por la calidad de su prosa y las luminosas tramas que ofrece a sus lectores. Por eso Emilio se está convirtiendo en un personaje de influyente proyección literaria.

"Muchos de nosotros nos sentimos identificados con esos personajes que crea y que añoran con nostalgia y melancolía el pasado de nuestra nación"

Muchos de nosotros nos sentimos identificados con esos personajes que crea y que añoran con nostalgia y melancolía el pasado de nuestra nación, donde la lejanía de nuestros orígenes sigue oculta entre los velos del tiempo. Pero él nos los está haciendo revivir con esa ficción constante que sólo los buenos maestros saben plasmar en sus novelas. Los actores de sus relatos, debatidos entre el arraigo y el exilio, la memoria y el deseo, el pasado y sus recuerdos, son descritos con una cautivante profundidad.

Emilio Lara es un soñador que vive rendido al pasado, para auparlo y que nos sirva de reflexión sobre la vida presente. Y es que su literatura se transforma en historia o, quizás sea al revés. Su pluma trasciende el documento, y con sus ficciones nos involucra en la trama de hábiles sutilezas históricas, que nos trasladan, ora al Toledo de los Austrias, ora al Londres dieciochesco, y como en esta ocasión, al mundo de las cruzadas medievales.

"Emilio nos va acostumbrando a resolver espléndidamente las emociones"

Colega de escribanías en el género histórico, Emilio nos va acostumbrando a resolver espléndidamente las emociones, los estados del alma, los sentimientos de los derrotados, la violencia, el miedo, la culpa, la amarga existencia o los amores irredentos de los héroes de sus novelas, como un maestro de arte que mira la vida como un jeroglífico desarticulado, que finalmente él mismo recompone con una coherencia espléndida y estética.

Por eso sus novelas secuestran al lector, lo emocionan y lo impresionan.

Fausta tibi, Emilio.

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