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En pijama en el diván

En pijama en el diván

Con Paco Roca uno puede perderse en la vejez que marcan las arrugas, en una casa de veraneo vacía tras la muerte de los progenitores o a través de la memoria histórica de un país. Leer sus cómics es siempre un momento de placer casi doloroso para vidas apresuradas.

Con la reciente publicación de Confesiones de un hombre en pijama, el volumen con el que cierra la trilogía de su álter ego, el autor pone un broche final a unas memorias, andanzas y confesiones tan disparatadas como divertidas. Un ejercicio de autopsicoanálisis donde Roca disecciona su propio yo en las situaciones cotidianas del día a día. El primer volumen, Memorias de un hombre en pijama, fue una bocanada de aire fresco en el que el autor nos sorprendía riéndose y burlándose de sí mismo. Historias como la visita recomendada al urólogo o la de las tarteras que llenan nuestras neveras con la comida casera de nuestras madres son tan cercanas y reales que el lector no puede evitar verse reflejado en ellas. Y, a la vez, sentirse tan ridículo como Paco Roca muestra a su personaje en estas páginas.

"La maestría en el dibujo de Paco Roca es ya cosa sabida. Por eso no sorprende la capacidad que tiene para enriquecer las historias con la expresividad de sus personajes."

En el segundo volumen, Andanzas de un hombre en pijama, el autor narra sus despistes con las fechas de viajes, sus cambiantes estados de ánimo, sus miedos e inseguridades como ilustrador… Y en esta ocasión introduce una nueva experiencia vital: la paternidad. Todo ello aderezado de su gran sentido del humor y su capacidad narrativa en el espacio pequeño. Porque Paco Roca es también un maestro del relato corto, un artesano de lo breve. En tres o cuatro viñetas introduce al lector en la situación para a continuación desarrollar el relato y realizar el truco de magia final en los dos o tres últimos dibujos. Tras la lectura de algunas de sus historias, uno ya sabe que el final siempre le va a sorprender y lo espera con impaciencia, con el deseo de ver hacia dónde girará el autor para redondear la narración. El efecto que consigue es tan eficaz como satisfactorio. Ahí —si no ya antes— el autor consigue que se dibuje la sonrisa en la cara del lector.

La maestría en el dibujo de Paco Roca es ya cosa sabida. Por eso no sorprende la capacidad que tiene para enriquecer las historias con la expresividad de sus personajes. Es además una virtud necesaria en este tipo de cómic, donde la brevedad empuja a lo preciso. Ese buen hacer junto a su uso del color, el ritmo en la narración, el humor y su variedad de planos en las viñetas son una constante a lo largo de estos tres volúmenes en los que lo cotidiano se vuelve divertido, hilarante, absurdo. Puro divertimento.

"Este hombre en pijama que Paco Roca nos ha regalado es cada uno de nosotros y el autor nos invita, sanamente, a reírnos de él y con él."

Es cierto que la inspiración en este tipo de situaciones puede también ser una trampa que conduzca a la monotonía o al déjà-vu. Tras este tercer volumen, Confesiones de un hombre en pijama, parece que la fuente de inspiración se va agotando y en ocasiones se percibe la falta de chispa que caracterizó a los dos primeros volúmenes. Con acierto, sin embargo, el autor cierra esta trilogía con una historia más larga (nueve páginas), profunda y de gran sensibilidad, sobre los primeros amores y los trenes perdidos.

Este hombre en pijama que Paco Roca nos ha regalado es cada uno de nosotros y el autor nos invita, sanamente, a reírnos de él y con él, sentados en el diván. En pijama —o no—.

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Autor: Paco Roca. Título: Confesiones de un hombre en pijama. Editorial: Astiberri. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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