Los troyanos, exiliados tras la destrucción de Troya por los griegos, vagan por el Mediterráneo con Eneas al frente hasta llegar a Italia, donde intentan asentarse. No lo conseguirán sin una guerra. Los dioses lo quieren así y la resultante es Roma, cuya misión será gobernar el mundo. Pero para llegar a Roma, cuánta pérdida de vidas jóvenes.
En este making of Fernando Romo Feito cuenta cómo tradujo la Eneida (La Oficina), de Publio Virgilio Marón.
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¿Por qué la Eneida? La Eneida, la voz de la Roma de Octavio, me acompaña desde siempre, junto con la Ilíada y la Odisea. Nunca necesité que los liberasen, aligerasen o hicieran divertidos. Son clásicos porque nos siguen hablando; si no, serían momias. Basta con leerlos; solo hace falta la edición adecuada.
Cierto, la diferencia histórica nos separa, y problema no pequeño es el contexto. Virgilio habla para sus contemporáneos, con ellos comparte referencias que hemos perdido. En consecuencia, en vez del consabido esquema vida-obra del autor, preferí recordar simplemente que la victoria de Octavio en Accio terminaba veinte años de guerra civil que casi acaban con Roma y que aún estaban frescas la destrucción de Cartago y la conquista del Mediterráneo… A esas pocas pinceladas dediqué una introducción breve y las notas, las menos posibles, la presentación de cada libro (como el guía que ayuda a visitar un monumento), los epígrafes-recordatorios y el índice onomástico.
Pero comentarios y traducciones no evitan lo de verdad difícil: encontrar la propia voz. Las palabras del traductor, que pretenden ser, nada menos, las que hubiera dicho el autor de hablar para nosotros, ahora y en nuestra lengua. El cauce para lo que hemos de intentar comprender.
Y, ¿qué hay que comprender? Un pueblo de Asia que huye por mar de la guerra, que busca un lugar donde reconstruir su vida. Un héroe que soporta una misión que le excede y que, a diferencia de los homéricos, se cuida de los suyos, negocia, guerrea y sí, es piadoso… a veces. Unos pueblos de Italia que acogen, pero otros se oponen a muerte a los recién llegados. Debe haber un plan divino para que Roma llegue a existir. No es de extrañar que Virgilio y con él toda Roma creyera en un destino superior: gobernar el mundo. Así se entiende que la Eneida nos siga hablando.
¿Qué voz puede estar a esa altura, cuando el poeta escribe, además, a la sombra de los poemas homéricos? Sombra que explica la composición: una Odisea reducida y, tras la bajada al inframundo, una Ilíada. Siempre sosteniendo la tensión de lo heroico, porque, para el mundo antiguo, el épos requiere la poesía. Ahí la dificultad: escribir en español actual en un verso que, sin dejar de serlo, no pretenda revivir arqueológicamente el hexámetro; sin seguir tan de cerca el orden de palabras latino que martirice al lector; sin parafrasear o explicar lo que el poeta no explica; manteniendo un tono elevado, pero sin afectación.
Los personajes no pueden hablar como nosotros, porque no son nuestros contemporáneos. Eneas, en particular, da algunos pasos en dirección a lo que será siglos después la novela, pero todavía no lo es. Dice Paul Veyne y es verdad que hoy leemos la Eneida como si fuera una novela de aventuras. Pues bien, en lo que hay entre esa lectura y el esfuerzo por mantener el poema, ahí pretendimos encontrar el lugar de la escritura. Que lo hayamos conseguido o no, el juicio ya no es nuestro.
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Autor: Publio Virgilio Marón. Título: Eneida. Traducción: Fernando Romo. Editorial: La Oficina Editorial. Venta: Todostuslibros.


Felicitaciones al autor. Parece que será una notable traducción de La Eneida de Virgilio, espero que dentro del contexto y las explicaciones estén expuestos estos hechos fundamentales:
1) La Eneida fue una obra de encargo, el Emperador Augusto quería una epopeya mitológica fundadora de Roma que la vinculara como descendiente y heredera de Troya, una mentira y negación de la Historia, y así se lo encomendó a Virgilio y La Eneida satisfació dicha orden imperial.
2) Virgilio tomó como modelos a La Ilíada y a La Odisea de Homero (ya existían en latín varias traducciones al latín, y muchas de dichas traducciones se perdieron con la caída de Roma y la implantación del Medioevo).
3) Que muchos en Roma, a partir de La Eneida, creyeron la mentira inventada por el Emperador Augusto y consagrada con La Eneida, según la cual Roma y los romanos descendían de Troya y los troyanos, lo que explica que en la conquista y coloniAcion romana de la actual Francia, en la medida que se adentraba ven la Galia los romanos fundaron ciudades con nombres troyanos como Lyon (por Ilión), Troyes (por Troya) y París (por el Príncipe Paris), aunque muchos “historiadores” franceses, renegados a reconocer el origen romano de su ciudad capital o la ignorancia más desmesurada, se inventaron la inexistente tribu gala de “los Parisi” para empecinarse en negar el pasado, aún Parisi también suena a italiano. Este tipo de ignorancia historica la presencia en mis tiempos de marino mercante activo en las costas de Venezuela, cuando conocí pueblos pesqueros del Litoral Central cuyos habitantes creían (y así estaba señalado en mapas que me mostraron) que los nombres de sus pueblos eran indígenas de los supuestos indios Chuspa, de los supuestos indios Osma y de los supuestos indios Mariches, incluso existe una serranía llamada “Filas de los Indios Mariches” y quedaron patitiesos cuando les mostré una guía telefónica española con numerosos “indios” con los apellidos vascos Chuspa y Osma y el apellido extremeño Mariches. La misma ignorancia de unos mexicanos empecinados en el supuesto origen chichimeca de Guadalajara, porque olvidan que pobladores y colonizadores españoles nombraron así a la ciudad capital de Jalisco por la famosa y original Guadalajara en España. A muchos hispanoamericanos se les olvida sus raíces y orígenes españoles, porque la propaganda antiespañola de los cultivadores de la Propaganda o Leyenda Negra contra España ha sido tan exitosa como la falsificación de la Historia por La Eneida, que muchos hispanoamericanos olvidan sus apellidos españoles, que hablan español y que le rezan a Jesucristo, no a Amalivaca, a Coculcán o a Viracocha.
Por esto cuando algún tonto de capirote me pregunta si los libros pueden influir en la realidad, les repregunto
?Usted sabe que existen la Torá, la Biblia, el Corán, la Eneida, el Manifiesto Comunista, la Lógica de Aristóteles y El Arte de la Guerra de Sun Tzu?
Y solo son algunos pocos. Ahora solo les repregunto:
?Por que cree usted que inventaron la censura?
Lo cierto es que La Eneida es una Obra Maestra de la Literatura, una epopeya poéticamente bellísima y una prueba de los poderes de la Literatura en las sociedades humanas. Por esto, de nuevo felicitaciones al traductor y a todos los amantes de la Literatura.