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La importancia está en los detalles

La importancia está en los detalles

La casa de verano es la primera novela de Masashi Matsuie, que llega a las librerías con la cuidada traducción de Lourdes Porta, de mano de Libros del Asteroide.

La novela sigue a Toru Sakanishi, un joven arquitecto que termina su carrera, como tantos otros, sin sentirse preparado para la vida laboral. Sin embargo, una simple observación de la naturaleza lo lleva a solicitar incorporarse como aprendiz al estudio Murai Office, bajo la tutela de su sensei, Shunsuke Murai, un arquitecto de fama consolidada que estudió con Frank Lloyd Wright, cuyas enseñanzas lo marcarán no solo en su desarrollo profesional, sino también en la vida. Sakanishi entra al estudio gracias a su concepción de la arquitectura como algo único y no la simple replicación de espacios —“es sumar y restar, y no multiplicar habitáculos”—, pero también con la firme convicción de que el arquitecto es un artista, como lo puede ser un pintor, y tendrá que ir aprendiendo que un arquitecto no existe sin una necesidad que cubrir por parte de un cliente. Esta será una de las principales pruebas de humildad que tendrá que aceptar e integrar en su día a día, junto con las rutinas propias de su profesión, en el pequeño estudio al que se trasladan durante el periodo estival y que da título a la novela, la casa de verano. Allí se establece una rutina formada por la turnicidad y colaboración de todos sus miembros, que funcionan como una unidad silenciosa rota; por reflexiones que dejan al lector con la sensación de estar aprendiendo tanto o más que el protagonista.

"Lo que hasta entonces había pasado desapercibido, la competitividad existente entre personas que se dedican a la misma profesión, toma forma gracias al estudio de Funayama"

La narrativa de Matsuie es fluida y se siente ligera; poco a poco, los temas surgen entre sus personajes, el amor aparece incluso por partida doble, y los pequeños detalles van llenando las habitaciones en forma de capítulos que componen la novela. Sorprende descubrir que en la década de los ochenta Japón seguía siendo un país con una fuerte impronta de la Segunda Guerra Mundial, que aparece como concurso para diseñar los planos de una Biblioteca y al que el sensei se apunta, pese a que siempre había sido reacio a este tipo de proyectos. Aparece entonces la figura del enemigo. Lo que hasta entonces había pasado desapercibido, la competitividad existente entre personas que se dedican a la misma profesión, toma forma gracias al estudio de Funayama, antiguo compañero de estudios del sensei, que ha enfocado su carrera en los concursos y la grandilocuencia, como si se tratase de la némesis perfecta del maestro que buscaba fusionar cada una de sus obras no solo con sus ocupantes, sino también con el entorno en el que se proyectaba. Su biblioteca tendrá que ser un lugar cómodo y util que proteja los libros y evoque los mejores sentimientos que tuvieron sus aprendices en uno de estos recintos.

Matsuie se recrea en lo cotidiano, en afilar lápices, conversaciones a media voz, en la importancia de la naturaleza y de sentir la vida cuando esta aún no había sido invadida por los ordenadores y las IAs. Sus personajes toman fuerza a partir de los márgenes de los detalles del proceso creativo, infinitamente más importante que su resultado, y lo mismo sucede con las relaciones personales entre ellos, ya que centra la atención en su crecimiento más que en su fin. El resultado es una novela sosegada, un pequeño oasis de paz para quienes buscan huir de las prisas del mundo, o del ruido de un volcán.

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Autor: Masashi Matsuie. Título: La casa de verano. Traducción: Lourdes Porta. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros.

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