A veces, los mejores hallazgos llegan por sorpresa, cuando menos te lo esperas. Me pasó hace no mucho, en una tarde de principios de diciembre de 2024, mientras caminaba por las calles de Washington D.C.
Caminaba al ocaso de ese día —después de visitar, uno de los edificios más icónicos de la ciudad, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y otros lugares emblemáticos— cuando, en un rincón alegre de la ciudad, divisé una librería. Ya sabéis cómo somos los que amamos el papel: las librerías no son solo tiendas, son refugios que nos dan la bienvenida antes de cruzar el umbral. Entré buscando alguna edición curiosa de Caperucita Roja —las colecciono desde hace años—, pero lo que el destino me puso delante fue algo distinto. Tropecé con un ejemplar de Lightfall. The Girl and the Galdurian (publicado en España como Lightfall. La última llama).
Fue un flechazo visual instantáneo. Esos tonos cálidos de la portada, la expresividad de los protagonistas… Y encima estaba en promoción porque era de segunda mano. No lo dudé ni un instante, el libro se vino conmigo al hotel y esa misma noche me perdí, por primera vez, en el corazón de Irpa.
Para quienes aún no os hayáis sumergido en el universo creado por Tim Probert, dejadme poneros en situación. La saga Lightfall no es solo un cómic; es una epopeya que, en mi opinión, poco tiene que envidiar a la profundidad, complejidad e imaginación de El Señor de los Anillos y Juego de Tronos, pero con una sensibilidad mucho más cercana y luminosa.
En el primer tomo conocimos a Bea, una joven valiente pero marcada por una ansiedad muy real que a menudo la paraliza (un detalle de inclusión y salud mental que me parece magistral), y a Cad, un Galduriano optimista que parece ser el último de su especie. Juntos emprendieron la búsqueda del abuelo de Bea, el Cerdo Mago, mientras el mundo de Irpa se enfrentaba a la extinción de su luz.
A través del segundo y tercer volumen, la historia creció. Vimos cómo la amenaza del pájaro Kest Ke Belenus y las sombras ancestrales ponían a prueba además de la supervivencia del mundo que conocen, también su amistad. Probert nos ha llevado de la mano por paisajes que quitan el aliento, demostrando un virtuosismo técnico donde cada viñeta es una pequeña obra de arte.
Y así llegamos al cuarto tomo de esta saga que HarperCollins Ibérica acaba de publicar en nuestro país, titulado Lightfall. Un lugar entre mundos.
Si en las entregas anteriores el motor era la búsqueda y el descubrimiento, en este cuarto libro la tensión alcanza un punto de no retorno. La historia retoma el viaje de Bea y Cad justo en su camino hacia Pellydir, un lugar completamente desconocido para los dos protagonistas. No es un trayecto cualquiera; es un avance hacia difíciles pruebas y retos por superar en un momento donde las alianzas flaquean y los secretos del pasado de Irpa empiezan a encajar de forma inquietante. Pero el tiempo apremia, la oscuridad se está apoderando del mundo que conocen.
Lo que hace especial a este cuarto tomo es cómo Probert profundiza en la evolución de Bea. Ya no es solo la niña que teme al mundo; es una joven que entiende que el miedo no es algo que se borra, sino algo con lo que se aprende a caminar. Esa perspectiva parece vital en la gestión cultural actual: ofrecer a los jóvenes lectores personajes con los que puedan identificarse desde sus vulnerabilidades, no solo desde su fuerza heroica.
Las situaciones con las que se encuentra Bea la hacen reaccionar, superar sus miedos y mostrar un arrojo que todavía no había mostrado. Bea está creciendo a la par que los peligros a los que se enfrentan ella y sus amigos.
Hay en esta saga una honestidad sorprendente en sus trazos. Tim Probert ha imaginado un mundo lejano lleno de criaturas increíbles, pero los sentimientos que habitan en sus páginas son puramente humanos. Lo que se cuenta es tan real como la propia vida de los lectores, de ahí que enseguida uno empatice con los personajes.
La calidad de la edición sigue manteniendo un estándar máximo que hace que las ilustraciones se disfruten como se merecen. Colores vibrantes, una narrativa fluida y ese ritmo que te obliga a pasar la página, aunque sepas que deberías irte a dormir o hacer una de las muchas tareas que esperan atención.
Lo que empezó como un (feliz) hallazgo casual en una librería de Washington se ha convertido en una de las lecturas más gratificantes de la narrativa gráfica actual para jóvenes y no tan jóvenes. Con un importante número de seguidores en todo el mundo, la historia de Bea y Cad promete todavía muchas y sorprendentes aventuras. Lightfall. Un lugar entre mundos no es el final, pero cada vez está más cerca.
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Autor: Tim Probert. Título: Lightfall. Un lugar entre mundos. Traducción: Diego de los Santos. Editorial: Harper Collins. Venta: Todos tus libros.


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