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Entre lo manso y lo salvaje

Entre lo manso y lo salvaje

Caminar “es una buena decisión cuando no se tiene otro sitio adonde ir. Seguir caminando sin detenerse. Quedarse quieto es lo que hace que la gente se hunda”. Esto les dice alguien a Raynor y a Moth, matrimonio de cincuenta años del sur de Gales, que hasta ese momento llevarán recorridos unos quinientos quilómetros del Sendero de la Sal, que sigue el perímetro de la vecina Cornualles, y que, por lo tanto, ya lo saben. Acaban de perder su casa y, con ella, su fuente de ingresos, porque, además de ocuparse de la granja, en el granero ofrecían habitaciones a un turismo, por lo tanto, mucho más rural que el que ha terminado por implantarse entre nosotros. A Moth, además, el médico le ha dado unos pocos meses de vida. Sin embargo, algo pasa en el sendero. Moth ya no se resiente tanto de su dolencia y Raynor, su mujer y autora de este libro, empieza a recuperar el norte de su vida: “Me sentía viva con la ilusión de seguir a un buitre que atravesaba un bosque silencioso y moteado hasta alcanzar promontorios relucientes y expuestos, con la esperanza de un futuro más allá de la siguiente hondonada.”

"Tienen poco dinero y, por lo tanto, no pueden frecuentar ni los restaurantes ni las posadas que recomiendan la guía que llevan"

Porque esta es la historia de dos personas que de repente se ven obligados a, como decía Thoreau, “enfrentar los hechos esenciales de la vida”, no ya desde una cabaña en el bosque, sino a la más pura intemperie, caminando por una “delgada línea entre lo manso y lo salvaje, lo perdido y lo encontrado, la vida y la muerte”. Tienen poco dinero y, por lo tanto, no pueden frecuentar ni los restaurantes ni las posadas que recomiendan la guía que llevan. Deben, además, dormir en tienda de campaña, y no siempre, ni mucho menos, en un lugar habilitado para ello, un camping o, siquiera, un claro más o menos acondicionado. Lo hacen a menudo en cualquier parte, allí donde el suelo ofrece menos resistencia.

A lo largo del camino se encuentran a mucha gente que, sobre todo, se maravilla de su propósito, ¡recorrer a pie los mil quilómetros del Sendero de la Sal!, y otra mucha que se aparta de ellos en cuanto descubren que la razón de que dispongan de “tanto tiempo” —esta es en realidad la pregunta que más les hacen: “¿cómo es que tenéis tanto tiempo?”— es que han perdido su casa y su trabajo. Son, por lo tanto, más que senderistas o mochileros, parias sociales que, de vez en cuando, se encuentran a gente en su misma situación, sobre todo en el centro de las ciudades, donde se han quedado varados.

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Autora: Raynor Winn. Título: El Sendero de la Sal. Editorial: Capitán Swing. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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