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Ernestina González, alma de la lucha antifranquista en Nueva York

Ernestina González, alma de la lucha antifranquista en Nueva York

Era la primavera de 2021, el año de la pandemia. La catedrática de la universidad de Connecticut Ana María Díaz Marcos (Gijón, 1968) trabajaba en un proyecto sobre el periódico La Voz, publicado en Nueva York durante la Guerra Civil española. La Biblioteca Pública en la que llevaba a cabo la investigación se encontraba cerrada, pero un funcionario entregado le enviaba algunos documentos digitalizados para que pudiera seguir con su labor.

Entre esos documentos, un día apareció la reproducción de un discurso titulado “Mujeres a la lucha”. Lo había pronunciado en diciembre de 1937 en el Royal Windsor Theatre una tal Ernestina González, que compartía escenario con el embajador Fernando de los Ríos. La curiosidad se apoderó de la investigadora. ¿Quién era aquella española que abarrotaba teatros en Nueva York con sus incendiarios discursos? Se trataba de una bibliotecaria española, nacida en un pueblo burgalés en 1896, con una gran habilidad oratoria y una entrega total a la causa de la República y contra el franquismo.

Como piezas de un puzle, fueron apareciendo detalles que permitieron reconstruir la biografía de esta mujer tan singular como misteriosa, lo que se convertiría en el libro Ernestina González, un pulso antifranquista, publicado a principios de este año por la Editorial Renacimiento.

"Miembro de una familia acomodada, tanto ella como sus hermanas fueron de las primeras mujeres en tener estudios universitarios en España"

Miembro de una familia acomodada, tanto ella como sus hermanas fueron de las primeras mujeres en tener estudios universitarios en España. Tuvo como profesor a Miguel de Unamuno y siempre mantuvo relación tanto con el rector de Salamanca como con sus hijas. También consiguió aprobar las oposiciones a bibliotecaria del Estado y llegó a ser la bibliotecaria jefe de la Real Academia de Artes de San Fernando.

En Madrid, vivió en la Residencia de Señoritas que dirigía María de Maeztu, lo que le permitió mantener una estrecha relación de amistad con sus compañeros de la Residencia de Estudiantes. Con Buñuel, Dalí, Lorca o Moreno Villa compartió tertulias y una activa vida cultural en aquel Madrid de los años 20, pero también correrías nocturnas en un momento de especial efervescencia de la capital.

Con Buñuel acabó distanciándose, y a Dalí le reprochó duramente su aproximación al franquismo. Años después, ya en Nueva York, publicaría una crítica furibunda titulada Parece mentira de la representación en la Opera House de El Café de Chinitas, con textos de García Lorca, coreografía de La Argentinita, escenografía del pintor y música de Juan Iturbe .

“Digno de comentario es el atrevimiento de un grupo de artistas falangistas conocidos —escribió—,  que han puesto en escena la obra de Federico García Lorca El Café de Chinitas, cuyos fondos posiblemente han ido a parar a la sección de Falange en este país. Los artistas que aplaudieron el asesinato de Federico son la tonadillera conocida como La Argentinita, el pintor Salvador Dalí y el pianista Iturbe (…). Es tiempo de que las autoridades acaben de una vez con las actividades quintacolumnistas de estos amigos de Hitler”.

Puede entenderse la animadversión de Ernestina hacia Dalí, ya que el pintor se había mostrado complaciente con el régimen franquista, pero sorprende la inquina que muestra hacia la bailarina, exiliada en Nueva York, pareja del torero Ignacio Sánchez Mejías y muy amiga de Federico.

"Tanto Ernestina como Cordón siempre sostuvieron que se había tratado de un sabotaje por parte de elementos del bando sublevado"

Ernestina González había viajado por primera vez a Estados Unidos en 1926 como lectora de español en la Universidad de Lincoln (Nebraska). Durante una de sus frecuentes estancias en Nueva York, en 1932 conoció a Leo Fleischman, un ingeniero de familia acaudalada, con el que se acabaría casando. En 1933 se mudaron a España. Durante la Revolución de Asturias, Leo no solo hizo de corresponsal para varios periódicos estadounidenses, sino que además apoyó económicamente a los mineros sublevados.

Es a partir de 1934, y tras la represión posterior a los sucesos de octubre, cuando el matrimonio Fleischman, siempre de ideas progresistas, adopta posturas más radicales. Al estallar la guerra en el 36, Leo se alista como voluntario en el Quinto Regimiento y Ernestina realiza trabajos humanitarios con las mujeres afectadas por el conflicto.

Aprovechando sus conocimientos técnicos, Fleischman trabaja para su íntimo amigo el prestigioso biólogo Faustino Cordón, que regentaba una fábrica de municiones en Madrid. Una explosión acaba con la vida del norteamericano y un hijo del científico. Las autoridades la achacaron a un accidente, pero tanto Ernestina como Cordón siempre sostuvieron que se había tratado de un sabotaje por parte de elementos del bando sublevado.

"Ernestina encuentra en Nueva York un terreno abonado para llevar a cabo su lucha en favor de la República española"

La viuda decide mudarse a Nueva York, adonde llega la Nochebuena de 1936. Se instala con su suegra, también militante antifascista. Para fin de año, Ernestina ya había visitado la redacción del Daily Worker, el influyente periódico del Partido Comunista. Al día siguiente, el diario publicó un muy elogioso perfil, en el que alaba el fervor revolucionario de la aguerrida luchadora española. Ernestina encuentra en Nueva York un terreno abonado para llevar a cabo su lucha en favor de la República española. En aquel momento, en la gran manzana residían más de 30.000 españoles, deseosos de conocer lo que estaba sucediendo en su país.

Sabía que los medios podían jugar un papel importante a la hora de ganarse a la opinión pública en un momento en que la guerra en España centraba la atención del mundo, que ya vivía una situación de alerta ante el ascenso del nazismo y del fascismo. Ya había tenido experiencia como propagandística en España, donde había fundado hasta tres boletines destinados de forma monográfica a informar a las mujeres sobre la guerra.

En Nueva York resultaba especialmente importante la información que se ofrecía en español, dada la enorme colonia de habla hispana. El medio más veterano en nuestra lengua era La Prensa, que había comprado un hermano de Zenobia Camprubí. Su posición imparcial ante el conflicto indignó a un buen número de exiliados, convencidos de que la imparcialidad favorecía al bando sublevado.

Para compensar ese desequilibrio, en 1937 fue fundada La Voz, publicación “inequívocamente militante”, dirigida a “los tres millones de españoles e iberoamericanos que residen en Estados Unidos”. Ernestina, como miembro del comité fundador, fue una de las impulsoras del periódico, que llegó a tirar 22.000 ejemplares, se distribuía en Chicago y Tampa, además de en Nueva York, y duraría hasta finales de 1939.

"No por su incondicional defensa de la República dejó Ernestina de mostrarse muy crítica con algunos mandatarios españoles"

No por su incondicional defensa de la República dejó Ernestina de mostrarse muy crítica con algunos mandatarios españoles. En una carta publicada por The New York Times arremetía contra Largo Caballero por el traslado del gobierno de la república de Madrid a Valencia y por haber dejado caer Málaga. De Indalecio Prieto llega a decir que ”sigue con su infame campaña anticomunista, sembrando la confusión”, y tacha su actitud de “criminal”. En las disputas entre socialistas y comunistas, siempre tomó partido a favor de estos últimos.

La bibliotecaria española destacó en su trabajo como organizadora de grandes actos, reivindicando al gobierno de Washington una mayor implicación a favor de la República española y contra el avance del nazismo en Europa. Probablemente, el evento más notable fue la multitudinaria “marcha de mujeres antifascistas” sobre Washington en 1938. Entre sus reivindicaciones estaba el fin del embargo de armas al gobierno español. La Voz cifró la participación en la marcha en 200.000 personas.

En aquellos años la radio era el medio de propaganda más influyente, aspecto que no se le pasaba por alto a Ernestina, cuyo estilo se adecuaba especialmente a las ondas, dada su habilidad para la oratoria y lo que la prensa bautizó como una “voz de metralleta”. En 1943 la burgalesa crea y dirige el programa Pueblos hispanos, que incluía noticias tomadas directamente de Radio España Independiente (conocida popularmente como la Pirenaica). Un año después pone en marcha el programa La voz de España combatiente, que comenzaba con el himno de Riego y ofrecía “información, música y un poco de publicidad”. Se emitía desde la sede del Partido Comunista en Nueva York, donde también había tenido su redacción La Voz.

"Ya entonces era perseguida por el FBI, lo que la llevó a adoptar el seudónimo Milagros Ramos"

Acabó la guerra civil, pero para Ernestina la lucha continuaba. De un lado había estallado la Guerra Mundial, y de otro la situación desesperada de los perdedores en España exigía ayuda urgente. Tras pasar por el efímero semanario antifascista Verdad, en 1943 se convirtió en editora y colaboradora de Pueblos hispanos. Ya entonces era perseguida por el FBI, lo que la llevó a adoptar el seudónimo “Milagros Ramos”. Se encargaba de la sección llamada de forma gráfica “La voz de la España combatiente”. Su primer artículo fue, precisamente, sobre las penurias de los 30.000 presos españoles encerrados en campos de concentración de Marruecos y Argelia. En la misma publicación colaboraba, desde Moscú, su amiga Dolores Ibarruri, otra gran oradora.

El final de la Segunda Guerra Mundial tampoco puso fin a su actividad periodística. En 1946 empieza a publicar, de nuevo como Ernestina González, en el recién creado Liberación, cuyo subtítulo rezaba “semanario de lucha por la República española”. La redacción también estaba ubicada en la sede del partido comunista, como la radio, con la que seguía manteniendo una colaboración muy estrecha.

La investigación sobre el trabajo de Ernestina resultó especialmente dificultosa para la autora de su biografía, por los continuos cambios de nombre y apellido: seudónimos, apellido de soltera, apellido de casada… Muchas veces, la confusión se debía a errores de escritura en documentos oficiales. Y no pocas se debía a las muchas precauciones de la propia periodista, empeñada en mantener un perfil discreto para evitar la persecución de las autoridades en un momento en que la Guerra Fría desencadenó una auténtica caza de brujas.

De hecho, el FBI vigilaba estrechamente a Ernestina y a su suegra, Pauline, desde el año 40. Se sospechaba que el asesinato de Trotski, en agosto de ese año en Coyoacán (México), fue urdido por una amplia red de espías soviéticos instalados en los Estados Unidos.

"Cuando le preguntaron a Ernestina si militaba en el Partido Comunista lo negó, lo que valió la advertencia del presidente del comité de que podía estar cometiendo perjurio"

Más tarde, ella y sus compañeros del Comité Unido Pro Refugiados Antifascistas fueron investigados por utilizar su presunta organización humanitaria para encubrir a agentes estalinistas. La declaración de Ernestina ante el Comité de Actividades Antiamericanas en 1946, reproducida en el libro, es particularmente impactante. El interrogatorio resultó implacable, pero la acusada se mantuvo firme en todo momento. Le exigían, al igual que a sus compañeros, la entrega de todos los documentos de su organización, a lo que se negaron, argumentando que pondrían en peligro a las personas que trabajaban en la clandestinidad en España.

El Washington Post dedicó al proceso una generosa información y un duro editorial, titulado “Controlar el pensamiento”, en el que denunciaba la existencia de una auténtica “policía de las ideas, que atenta contra la libertad de expresión”.

Cuando le preguntaron a Ernestina sí militaba en el Partido Comunista lo negó, lo que valió la advertencia del presidente del comité de que podía estar cometiendo perjurio, y que si se demostraba, se trataría de un delito muy grave. No se sabe a ciencia cierta si militó o no. Lo cierto es que, como asegura la autora de su biografía, “se movía en círculos comunistas”, sus artículos reflejaban una postura afín al partido y nunca escondió su “devoción por la Pasionaria”, secretaria general del PCE en el exilio.

Al igual que el resto de sus compañeros, Ernestina González fue condenada, por desacato al Congreso, a tres meses de prisión y 500 dólares de multa.

"Tras el proceso, la muerte de su suegra y el progresivo acercamiento de Washington al régimen de Franco, cada vez tiene menos motivos para permanecer en Nueva York"

Tras el proceso, la muerte de su suegra y el progresivo acercamiento de Washington al régimen de Franco, cada vez tiene menos motivos para permanecer en Nueva York. En 1953 renuncia a la nacionalidad norteamericana y se traslada a México, activo foco del exilio republicano. Desde allí, como colaboradora de la revista Mujeres Españolas, critica con dureza el acuerdo de Estados Unidos con España para el uso conjunto de las bases militares a cambio de ayuda para el nuevo régimen. El golpe más duro sería cuando en 1955 la Unión Soviética también abandonó a la República, al votar a favor de que la ONU admitiera a la España de Franco.

En 1959, Ernestina González volvió a España, donde libraría y ganaría su última batalla, al conseguir que la Administración declarara depuradas sus posibles responsabilidades en la lucha contra el régimen, la restituyera como bibliotecaria del Estado y reconociera su antigüedad como funcionaria y todos los derechos adquiridos durante su largo exilio. En 1976 murió en Madrid, a los 80 años de edad.

Ernestina González, un pulso antifranquista no es sólo la biografía de un personaje con una trayectoria apasionante e insólita para una mujer de su época, que también, sino que constituye además un gran fresco de la historia de España, desde la efervescencia cultural de los años 20 hasta las peripecias de las decenas de miles de exiliados en Estados Unidos y México, pasando por los trágicos años de la guerra civil y la represión de la dictadura.

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Autor: Ana María Díaz Marcos. Título: Ernestina González, un pulso antifranquista. Editorial: Renacimiento. Venta: Todostuslibros.  

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