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“El periódico de la democracia” no es la historia de El País

“El periódico de la democracia” no es la historia de El País

Si un lector espera encontrar la historia de El País en el librito de Javier Cercas El periódico de la democracia (Random House), verá aumentar su frustración según avance en la lectura de sus 140 holgadas páginas. Esta es una historia “personal” de Javier Cercas sobre su relación con el diario que este 2026 celebra los cincuenta años. El protagonista es Cercas, no El País, que ocupa un papel importante, pero secundario, decisión legítima que solo al autor corresponde —así lo pactó con el director— y que algunos lectores agradecemos.

Detesto los titulares negativos. Suenan a desmentidos, a no hechos y, por tanto, a no noticias. A veces no queda más remedio que infringir la norma y utilizar la negación cuando la realidad desmiente lo esperado. Cuando lo novedoso es lo que no ha acontecido. Supongo que al admirado maestro Álex Grijelmo —a quien tanto debo— le parecerá un sacrilegio lingüístico y periodístico. Le pido perdón a él y al lector. Uso la negación de forma excepcional para deshacer el malentendido, que ni siquiera las repetidas advertencias han evitado.

"Este tipo de libros solemos leerlos, sobre todo, los periodistas, aunque las listas de más vendidos parecen desmentirlo"

La biografía rigurosa de un periódico —o de una persona— es incompatible con la biografía autorizada. Lo digo por experiencia, ya que alguna he bosquejado. Ni un director, ni un alto cargo, ni siquiera un colaborador que cobre del periódico tienen la fiabilidad necesaria para contar la vida de la publicación. Lo que acaban contando es su propia historia, en la que el diario no es más que el escenario donde se desarrolla.

Este tipo de libros solemos leerlos, sobre todo, los periodistas, aunque las listas de más vendidos parecen desmentirlo. Eso sí, lo hacemos con fruición y un exacerbado espíritu crítico. Comprobamos si, por un casual, se nos cita, buscamos denodadamente errores sobre lo que nosotros “conocemos de primera mano”, comprobamos exhaustivamente qué le ha pasado desapercibido al autor para afeárselo, lo condenamos a la pena máxima al menor descuido o indicio de sumisión a quien le ha hecho el encargo.

Así, a Cercas se le ha reprochado menospreciar el papel de los competidores —sobre todo ABC y Diario16, algo disculpable cuando el cumpleañero es El País. Que no haya ofrecido más detalle de los vaivenes empresariales tras la muerte de Polanco. O que haya omitido referencias a la propiedad actual, fondos de inversión, las siempre opacas corporaciones multinacionales, los grandes bancos…

"Cercas dedica muchas páginas a sus admirados escritores que, como él, estuvieron vinculados a la cabecera en algún momento desde los inicios hasta hoy en día"

También se le reprueba el olvido de titulares erróneos, como “Matanza de ETA en Madrid” en una de las primeras ediciones del 11-M, o el que daba la victoria a Kerry en las elecciones americanas de 2004. Siendo sinceros, no creo que ninguna cabecera celebre una efeméride regodeándose de sus errores.

Más censurable, si acaso, es dar pábulo a la mentira mil veces repetida de que El País fue el único en publicar una edición extra el 23-F —”los demás periódicos enmudecían”—, cuando Diario 16 también llevó la suya al Congreso.

Nos podrá gustar más o menos cómo Cercas lo cuenta, pero tenemos que reconocer que en el libro se habla de la portada con la falsa foto del cadáver de Hugo Chávez; de la tardanza en reconocer los casos de corrupción y la guerra sucia de los GAL durante la época de González; de la connivencia con el poder; o del maltrato a sus rivales y a su, con frecuencia, exceso de soberbia, lo que sus competidores llamábamos cariñosamente “paisitis”.

Y no menos trascendente resulta que el autor admita que, en el “caso Sogecable”, El País “tal vez sobreactuó (…). El choque frontal con El Mundo convirtió por momentos sus páginas en instrumentos descarnados de la defensa de los intereses empresariales de PRISA”.

"No sé si es este es el libro que la empresa editora encomendó a su colaborador. Lo que sí está claro es que Cercas nunca ha pretendido escribir la historia de El País"

Cercas dedica muchas páginas a sus admirados escritores que, como él,  estuvieron vinculados a la cabecera en algún momento desde los inicios hasta hoy en día: Savater, Vargas Llosa, García Márquez, Rosa Montero, Vázquez Montalbán, Umbral, Sánchez Ferlosio, Vicent, Muñoz Molina… Una lista interminable.

Para todos tiene palabras elogiosas y, muy especialmente, para Umbral, durante muchos años enseña del periódico hasta que se fue a Diario 16, y de ahí a El Mundo. De Umbral recoge una cita que refleja la trascendencia del diario de Miguel Yuste. “El País mismo es ya una superstición nacional (…). Consagra políticos, hombres públicos, pintores. El País podría probar a promocionar un tonto, y lo consagraría”.

Completa la cita con otra de Luis María Ansón sobre el mismo asunto, en la que el entonces director de ABC denunciaba la existencia de “un papanatismo ante El País (…), una aduana de la cultura”.

El propio Cercas aprovecha para reflexionar sobre la posible pérdida de ascendente cultural del periódico con la eclosión de internet y las redes: “Tampoco me parece que los grandes éxitos inesperados de la literatura en España española reciente puedan explicarse sin la acogida que les dispensó El País”. Se refiere a Aramburu, Ana Iris Simón o Irene Vallejo.

"Estamos ante un libro que complacerá más a los lectores de Javier Cercas y a los amantes de la literatura que a periodistas, amigos y enemigos de la cabecera"

No sé si es este es el libro que la empresa editora encomendó a su colaborador. Lo que sí está claro es que Cercas nunca ha pretendido escribir la historia de El País. Él mismo, al reconocer que no ha pisado la redacción “más de tres o cuatro veces”, admite de forma implícita que no es el autor adecuado para ese cometido concreto.

Estamos ante un libro que complacerá más a los lectores de Javier Cercas y a los amantes de la literatura que a periodistas, amigos y enemigos de la cabecera, y hooligans del mundo de  los medios. La relación del escritor con El País, más allá de mero lector, se remonta a los primeros noventa, cuando rondaba los 30 años, vivía de sus clases y era un escritor desconocido.

Esa relación comienza con una novatada. Alguien, que se hacía pasar por un directivo de El País, le llamó para proponerle colaborar. Contestó que sí, claro. Luego sabría que, en realidad, había hablado con un amigo de su hermana Sofía, que se había prestado a gastarle una broma el día de los Inocentes.

De hecho, el autor ofrece sólo unos datos muy generales de los primeros años del periódico, que nació el 4 de mayo de 1976, y pasa muy por encima de su momento cumbre, durante la primera mitad de su existencia.

(Por cierto, El País salió a la calle solo cinco meses antes que Diario 16, que, por trabas burocráticas —hay quien sostiene que intencionadas—, hubo de esperar hasta el 18 de octubre de ese mismo año. No es necesario subrayar cómo hubiera cambiado la historia si el periódico del solvente y prestigioso Grupo 16 hubiera sido el primer diario de la democracia).

"Las continuas alusiones a escritores clásicos como Larra, Kundera, Steiner, Borges o Faulkner convierten El periódico de la democracia en un libro muy literario"

Cerrado el paréntesis, en el libro hay grandes hallazgos literarios y periodísticos. Muy certera resulta la definición del autor de Soldados de Salamina de lo que para él es un diario. “Un periódico es una partitura, y es el lector quien la interpreta, y cada lector la interpreta a su manera, lo que significa que cada lector crea su propio periódico”.

O esta reflexión sobre la relación entre periodismo y literatura, que merece la pena reproducir, pese a su longitud. “Como si fuera Fabrizio del Dongo en Waterloo o Pierre Bezújov en Borodino, el periodista narra la batalla mientras sucede, cuando todavía no es más que un torbellino de ruido y de furia; en medio de él, como el personaje de Stendhal o el de Tolstói, trata de ver y oír entre el caos indescifrable del polvo las descargas de la fusilería, los relinchos de los caballos y el clamor de los heridos. El escritor, en cambio, narra la batalla una vez concluida, cuando el ruido y la furia han cesado y ya no hay polvo ni cenizas en el aire y sí un cómputo oficial de heridos y muertos y un vencedor y un vencido, y con un poco de suerte ya es posible descifrar, incluso, el sentido de la batalla en el devenir de la guerra. El periodista y el escritor no se oponen: se complementan. Ambos buscan la verdad, pero la verdad que buscan es distinta; el periodista busca la verdad concreta, inmediata, factual (…), el escritor busca una verdad huidiza, abstracta o genérica, universal”.

"En el caso del procés y posteriormente de la amnistía a los líderes secesionistas, su punto de vista se convirtió en minoritario dentro del periódico"

Las continuas alusiones a escritores clásicos como Larra, Kundera, Steiner, Borges o Faulkner convierten El periódico de la democracia en un libro muy literario. Así, por ejemplo, el autor recurre a una anécdota de Oscar Wilde para explicar su forma de trabajar en los artículos bimensuales de El País Semanal. Wilde, en una ocasión, contó a un amigo que había pasado el día entero corrigiendo un poema y lo desarrolló de esta manera: “Por la mañana, le quité una coma (…). Por la tarde, se la volví a poner”.

Capítulo especial merece la explicación de por qué decide escribir sobre política. “A raíz del seísmo planetario de 2008, empezó a parecerme cada vez más raro seguir hablando exclusivamente en mi columna de mi madre y de Ringo Starr mientras a mi alrededor el mundo parecía coquetear con el colapso”.

Era el preludio del seísmo que supuso la revuelta secesionista en Cataluña y que le afectó de lleno. Todo empezó en su ciudad, Gerona. Allí le presentó su libro Las leyes de la frontera (2012) el alcalde, Carles Puigdemont. Cercas eligió el momento para declarar que “no era secesionista” y que no le parecía “una buena idea separar Cataluña de España”.

La atención mediática sobre el escritor y su obra desapareció para convertirse en “el catalán que no es independentista”, una víctima de lo que Pierre Vilar llamó “el unanimismo”, una ilusión de unanimidad, creada por temor a expresar disidencia.

Pasó a convertirse en bestia negra del independentismo. Su pensamiento ideológico, socialdemócrata, había coincidido siempre con el de El País. En el caso del procés y posteriormente de la amnistía a los líderes secesionistas, su punto de vista se convirtió en minoritario dentro del periódico, que, por otra parte, también se encontraba dividido.

"El autor no puede por menos de dejar clara su opinión sobre la enmarañada política española actual"

Cercas utiliza el método socrático para adentrarse en determinadas cuestiones. Así, por ejemplo, se pregunta “¿es El País un periódico independiente?”. Se contesta contando una anécdota que se produjo en la presentación de una película de Spielberg. Un periodista preguntó a Harrison Ford, su protagonista, si tenía previsto participar en una película independiente. El actor contestó con condescendencia. “Mire, hijo. En esto del cine no hay nadie más independiente que Steven Spielberg. Todos los demás cineastas dependen de montones de cosas; él, en cambio, solo depende de sí mismo. O casi. Créame: la independencia completa no existe”. Cercas apostilla que “nadie debería olvidar esas palabras valerosas, sin excluir a los periodistas y los escritores”.

El autor no puede por menos de dejar clara su opinión sobre la enmarañada política española actual. “La izquierda no puede desvincularse de la ética”, proclama, para añadir a continuación: “En España, a la izquierda le urge un revulsivo y quizá, antes que político, ese revulsivo debe ser moral; urge recoser el vínculo roto entre ética y política”.

Ya que, en teoría, de lo que íbamos a escribir era sobre la prensa, qué mejor colofón que el consejo de Cercas para los periodistas de El País, aplicable a los periodistas de todos los medios, incluso si no son de izquierdas. “En cuanto al progresismo del periódico, si yo fuera periodista de El País procuraría recordar que ser de izquierda no autoriza a ser sectario, ni dogmático, ni intelectualmente gandul, ni personalmente acomodaticio”.

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Autor: Javier Cercas. Título: El periódico de la democracia. Editorial: Random House. Venta: Todostuslibros.

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