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La errabunda: Tratado de deambulogía heterodoxa

La errabunda: Tratado de deambulogía heterodoxa

errabundo, da. Del lat. errabundus. 1. adj. Que va de una parte a otra sin tener asiento fijo.

Cae el sol a plomo sobre la céntrica calle Vergara. En una esquina, en la puerta de la librería La Buena Vida, aguardan cinco escritores y un editor. Daniel Monedero, Miguel Barrero, Sabina Urraca, Sergio del Molino y Txani Rodríguez presentan un libro editado por Ximo Espinosa y Elvira Lindo, La errabunda. Un libro con tinta bicolor, igual que aquellos ejemplares de La historia interminable de Michael Ende, tal vez porque interminables han sido los paseos que han dado sus autores por ciudades habitadas, soñadas, vividas, ansiadas, extrañadas o imaginadas.

Jordi Corominas, quien pone a Barcelona en este sexteto de historias, no ha podido acudir. El tándem formado por Espinosa y Lindo publica así su sexto título en el marco de una colección que arrancó hace cuatro años. Se editan —inicialmente— 800 ejemplares. Editores a tiempo parcial, sus libros tienen pequeñas tiradas y vocación de objeto precioso, presente en algunas librerías puntuales y a través de la venta online.

Con fotos y diseño a cargo de Miguel Sánchez Lindo, la parte gráfica incide en el tema de la gentrificación, que apenas está presente en la parte escrita pero sí en las imágenes que ilustran La errabunda, “una recopilación de textos de seis autores jóvenes, en la que cada uno nos habla de la ciudad que les ha dejado una impronta como personas y como escritores. La idea era reunir una serie de autores en los que se diera un aprecio por el paseo y sobre todo por la observación a la hora de escribir”, según afirma Espinosa.

Se habla del sentimiento de nostalgia, de la construcción de la propia identidad, de ciudades esquivas que nadie conoce, del Madrid imaginado y soñado frente al que uno extraña tras vivir en él —aunque también el de la juventud y la precariedad—, de cómo los vínculos del pasado de una ciudad condicionan el modo en que la vemos y nos enfrentamos a ella… El ausente Corominas que narra Barcelona desde una intimidad de conocimiento nace con las escapadas infantiles por el metro.

Narramos las ciudades como somos, más que como son. El editor se muestra de acuerdo: “Los autores de este volumen ni siquiera pretenden acercarse a lo objetivo, y sus miradas están hechas desde la subjetividad literaria absoluta y más radical. Eso es lo interesante, ya que mucha gente quizá no se reconocerá en sus relatos”. El paseo es una herramienta indispensable para entrenarse en el arte que supone aprender a mirar el mundo… para escribir sobre él. Casi podríamos hablar de un tratado de deambulogía heterodoxa, según dicen los autores del libro, en el que figurarían nombres tan ilustres como Walter Benjamin o Henry David Thoreau. Gente capaz de perder sus pasos o encontrar sus pasos perdidos como oportunidad para reencontrarse con su espacio, su tiempo y consigo mismo. Andando, dirían, comprendemos el mundo.

"Casi podríamos hablar de un tratado de deambulogía heterodoxa, según dicen los autores del libro, en el que figurarían nombres tan ilustres como Walter Benjamin o Henry David Thoreau. Andando, dirían, comprendemos el mundo"

Espinosa aseguró que pretenden iniciar una serie que, si todo va bien, tendrá más volúmenes donde más autores nos den su visión sobre el entorno en el que viven y cómo este ha afectado a su literatura. “Todo esto surgió en este mismo lugar, en concreto en ese mismo sofá, hace tres años, cuando editamos El faro del fin del Hudson, de Antonio Muñoz Molina, donde él narraba sus paseos por Nueva York. Nos reunimos aquí para presentarlo,  le acompañó Jordi Corominas, y así comenzó todo”.

La única diferencia es que la idea original era bastante más ambiciosa: “Cuando Antonio me dijo que nunca había estado en Dublín se me ocurrió la idea de mandarlo allí, que nos hiciera una crónica siguiendo los pasos de Joyce, y que luego otros escritores hicieran lo mismo con otras ciudades”. Un proyecto hermoso el de Espinosa. Pero luego están “las cuentas de lo que cuesta enviar a un escritor y un fotógrafo a Dublín cinco días y no sale a cuenta. La idea fue mutando y al final quedó con este pequeño libro, más manejable. El proyecto tenía que resultar realizable”, concluye.

El título, La errabunda, “define muy bien el carácter de los textos, con esa idea del flâneur que sale a caminar la ciudad sin ningún objetivo concreto. Los textos resultan muy diferentes entre sí, pero el elemento común en todos ellos es la soledad. La soledad del autor frente a su ciudad y su entorno”, añade el editor. “A todos les dijimos que queríamos alejarnos del ensayo político o reivindicativo “antigentrificación”, pero sí que hay guiños a la idea de que es posible que nos estén robando nuestras ciudades casi sin que nos demos cuenta y de que somos la resistencia”.

No en vano el colofón del libro reza: “Se terminó de imprimir cuando todavía se podía pasear por las ciudades”. No sabemos si nos suena esperanzador o casi apocalíptico.

Madrid. Sabina Urraca: “Me considero una ladrona de ciudad”

“Yo me considero una ladrona de ciudad, porque yo he escrito sobre Madrid, pero soy de Tenerife, aunque llevo aquí desde los dieciocho años. En mi texto se ve cómo he ido quedándome con cosas de esta ciudad, y se van superponiendo diferentes tipos de paseo, comenzando con un encuentro con la ciudad pero también hablando de mi primer paseo mental antes siquiera de conocer Madrid en persona. En mi primera novela, que intenté escribir con doce años, la protagonista vivía en Madrid, y la hice ayudándome con un mapa de Madrid, porque nunca había estado aquí hasta que vine a estudiar con dieciocho años. Cuando me encontré Madrid ya la conocía a través de aquella protagonista mía, y recuerdo perfectamente cómo me la imaginaba. He acabado viviendo a dos minutos de la calle donde dejé aquella novela, que ni terminé. De ahí luego paso al paseo del recuerdo, recordando mi Madrid desde México.

Bilbao… y Ronda. Txani Rodríguez: “Es una reflexión sobre la doble identidad”

“En Bilbao todavía se saluda el turismo con alegría. Así como Donostia siempre ha sido una ciudad turística, Bilbao no, pero ahora estamos en una etapa feliz y aún nos hace ilusión ver turistas por el centro de Bilbao. Se nos pasará pronto, porque cada vez hay más. [risas] Hablo de Bilbao, pero también de Ronda, porque la mía es una reflexión sobre la identidad y la doble identidad, así que si hablar de una sola ciudad ya te obliga a dejar muchas cosas en el camino, hablar de dos… Bilbao me parecía grande y fría porque Ronda era más pequeña y más calurosa. Te vas armando como persona a base de puntos de referencia y de comparación. Si solo hubiera vivido en Bilbao, ahora igual sería insoportable”.

Zaragoza. Sergio del Molino: “Un nombre sonoro pero poco conocido”

“Yo tampoco he nacido en Zaragoza, y por eso supongo que tengo una relación natural de amor-odio respecto a ella. No tengo una memoria infantil de esa ciudad. Lo que me gusta es que allí aún no ha llegado el turismo a lo grande, y de hecho yo boicoteo cualquier intento de promocionarla turísticamente, cosa que me va a costar un disgusto algún día. Cuando veo que The Guardian saca algún artículo en plan descubrimiento, “si está usted cansado de Barcelona, pruebe Zaragoza” y tal, yo reacciono: “No, no vengan, es un sitio horrible, hace frío, la gente no es simpática…”. [risas] Estoy tratando de conseguir el status de persona non grata en Zaragoza, pero hasta para eso es una ciudad rara: cuanto peor hablas de ella, más te quieren. Eso no pasa en Sevilla. Intento jugar con la ausencia de referentes, con todos los que pasaron de largo por la ciudad sin dejar en ella un imaginario literario. Hasta el Quijote de Cervantes no pasó por Zaragoza, porque como Avellaneda lo paseó por allí, Cervantes se lo llevó a Barcelona. También existe una novela con un “manuscrito de Zaragoza” en el título, pero la acción no ocurre allí. Es una constante curiosa y sugestiva, un sitio adonde en realidad va poca gente y poca gente conoce, provocando referentes difusos y hasta exóticos, como un tango de los años 30 que bailaban los nazis llamado Die Nacht von Saragossa (La noche de Zaragoza), donde la ciudad solo está en el título porque al compositor le sonaba exótico. Y todo así: es un nombre sonoro, pero poco conocido”.

Gijón. Miguel Barrero: “Es una ciudad que se está buscando a sí misma sin encontrarse”

“Pasear por una ciudad implica hacerse eco de las transformaciones que ha sufrido. Yo tampoco soy de Gijón, pero vivo allí desde hace nueve años, y llegué cuando estaba casi acabando el trance que la llevó a modificar muy severamente su última razón de ser, después de haber sido transformada un siglo antes para pasar de ser pesquera a ser industrial. Ahora no se sabe lo que es: el turismo es uno de sus puntales económicos, pero también mantiene una cierta industria. Es una ciudad que se está buscando a sí misma sin acabar de encontrarse, y siempre que encuentra una identidad termina modificándola, dejando como recuerdo solo determinados nombres de calles y barrios. Gijón funciona muy bien como símbolo de Asturias en cuanto ciudad que sufrió crisis industriales, navales y mineras confluyendo juntas. Yo tuve la duda de si escribir sobre Gijón o sobre Mieres, que es de donde soy. Cuando lo intenté con Mieres me vi incapaz de contarlo, porque me salía una visión retrospectiva de mí mismo”.

Valladolid. Daniel Monedero: “Hablo de una ciudad que ya no existe”

“En Valladolid viví mi infancia y adolescencia y hoy voy de visitas puntuales, así que lo que me interesaba era hablar de la ciudad que viví más que la de ahora, que es más turística. Esa soy incapaz de verla, porque las transformaciones solo las ves de verdad cuando ya no las estás viviendo. Yo aún paseo por ella, pero desde el recuerdo. También soy el único del equipo que nunca ha trabajado como periodista, así que modifiqué el texto tres veces, como quien intenta modular una radio hasta que se oye bien. Hablo de una ciudad que ya no existe, y lo hago desde un barrio concreto donde la gentrificación queda fuera”.

Vídeo de presentación de La errabunda

Presentación en la Librería Alberti

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Autores: Daniel Monedero, Sabina Urraca, Miguel Barrero, Jordi Corominas, Txani Rodríguez, Sergio del Molino. Título: La errabunda.  Editorial: Lindo & Espinosa. Precio: 17 €.