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“Escribir homosexualmente”: Cernuda en los poetas sevillanos de hoy

“Escribir homosexualmente”: Cernuda en los poetas sevillanos de hoy

Glasgow y Oxford: campos de hielo para un andaluz. Más para uno solitario. Más para uno exiliado. Larga noche en cuartos pequeños, la poesía como única compañera. Leer y escribir, tan solo. Leer y releer la lírica anglosajona: Keats, Browning, Eliot; maestros que le enseñaban las profundidades del monólogo interior, ese cadencioso espejo meditativo, tan ajeno entonces a la tradición hispánica. ¿Pero escribir? ¿Para quién? Su verso, en la España de Franco, estaba prohibido. Y su fama, a inicios de 1940, estaba aún a la sombra de sus compañeros de generación, entre los cuales nunca se sintió cómodo. Poetas o no, nunca se sintió cómodo con nadie. Él, el eterno exiliado: de la patria, de la existencia, del amor. En la sombra vacía de Glasgow y Oxford, con la Segunda Guerra Mundial humeando al fondo, Luis Cernuda pareció comprender que su lector, aquel amigo dispuesto a oír su verdad para, luego, buscar poéticamente la propia, pertenecía al porvenir: “Porque presiento en este alejamiento humano / Cuán míos habrán de ser los hombres venideros, / Cómo esta soledad será poblada un día, / Aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen”. Revelador es el nombre del poema: “A un poeta futuro”. También el de la obra que lo enmarca: Como quien espera el alba (1941-1944). La estrofa anterior acaba: “Si renuncio a la vida es para hallarla luego / Conforme a mi deseo, en tu memoria”.

"Mi escritura no sería la que es sin Ocnos (Juan F. Rivero)"

Por esos mismos años, publicó uno de los libros que, conforme a su deseo, lo ha hecho renacer con fuerza entre los poetas contemporáneos de su tierra natal. “En Ocnos (1942), Cernuda revive su memoria de niñez con una prosa tan flexible y musical que el mejor verso se tendría que retorcer para alcanzarla”, comenta Juan F. Rivero (Sevilla, 1991), Premio El Ojo Crítico de RNE por Raíz dulce (Candaya, 2024), obra que —como la cernudiana— confirma que la experiencia poética también puede acontecer en la prosa: “Mi escritura no sería la que es sin Ocnos”.

Un influjo semejante obró en María Domínguez del Castillo (Sevilla, 1997), Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande por Las voces de Jano (San Sebastián de los Reyes, 2021), quien, tras la lectura de Ocnos en Bachillerato, escribió su primera colección de textos breves, Retratos de la ciudad: “La prosa poética me abrió un espacio al lenguaje lírico aunque ordinario, a la contemplación de la belleza en lo banal, al asombro en lo cotidiano”.

La deuda literaria de David J. Calzado (Sevilla, 1979) trasciende Ocnos. Tal como Cernuda decidió darle nombre a su proyecto completo —La realidad y el deseo, polos irreconciliables—, Calzado reunió sus cuatro poemarios bajo el título En alguna otra vida (Alegoría, 2022), frase que tomó de su libro predilecto, Desolación de la quimera (1956-1962): “De los primeros títulos de Cernuda, pasé con el tiempo a preferir los últimos, más reflexivos”.

"Recuerdo sacarlo de la biblioteca del barrio cuando era adolescente y devolverlo tarde porque no quería perderlo (Laura Rodríguez Díaz)"

La trayectoria del poeta, señala Rivero, puede dividirse en dos: “Su producción en verso se va desplazando desde una primera búsqueda de exuberancia formal, que en mi opinión alcanza su mejor factura en los poemas surrealistas de Un río, un amor (1929), hasta la desnudez melódica que define el estilo de Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1934), y que se vuelve seca e incluso dolorosa tras la Guerra Civil”. De ese último periodo, destaca, como Calzado, Desolación de la quimera: “De sus poemarios más amargos, pero también de los más brillantes, incluso en su dureza desesperanzada”.

Esa misma brillantez encontró Laura Rodríguez Díaz (Sevilla, 1998) en Los placeres prohibidos. “Recuerdo sacarlo de la biblioteca del barrio cuando era adolescente y devolverlo tarde porque no quería perderlo”, cuenta la ganadora —como Rivero— de El Ojo Crítico por su poemario anuncio (Ultramarinos, 2023). “La plasmación de lo amoroso, su alianza con la forma sutilmente violentada, me impresionó profundamente. Veo aquella fascinación como el germen de mi obra. Algo notaría también la bibliotecaria, porque me quitó la penalización”, confiesa, aludiendo a un libro en que, por ríos surrealistas, Cernuda celebra su homosexualidad.

Radiante mancebo incensurable

Su legado poético, afirma Rivero, ofrece algo más que innovaciones formales: “En España contribuyó a asentar el monólogo lírico de tradición anglosajona y los modelos estéticos del romanticismo alemán. Pero, sobre todo, nos acostumbró a tratar en la poesía el sentimiento de manera abierta, sin despersonalizarlo ni velarlo, incluso cuando hacerlo suponía exponerse peligrosamente”.

El peligro, la exclusión, provenía no solo del bando golpista. En 1937, la revista Hora de España —ligada al Partido Comunista— censuró una estrofa de la elegía que Cernuda dedicó a Federico García Lorca. Los versos mutilados cantaban la homosexualidad del poeta fusilado: “Mira los radiantes mancebos / Que vivo tanto amaste / Efímeros pasar junto al fulgor del mar”.

"En Lorca, para institucionalizarlo, se ha querido disimular su homosexualidad. En Cernuda, ha sido el cauce de la mejor poesía que se ha escrito en español (Juan Gallego Benot)"

Para Juan Gallego Benot (Sevilla, 1997), II Premio de Poesía Joven Tino Barriuso por Oración en el huerto (Hiperión, 2020), “lo que le pasó a Cernuda con el Partido Comunista era tristemente esperable. Lo conecta con las expulsiones o bajas voluntarias de grandes escritores en el siglo XX, como Pasolini o Duras”. A Cernuda mismo, agrega, lo homosexual le costó el desprecio de sus coetáneos poéticos: “Las vergonzosas cartas de Guillén a Salinas “¿Qué tenemos que ver tú y yo con un marica?”, pregunta el primero apuntando a Cernuda, son de lo peor que se pudo escribir en todo el siglo”.

En el lado opuesto, en cambio, se sostiene la escritura cernudiana, teñida de homosexualidad, aunque con vertientes peculiares: “No es un elemento o un tema, sino un asunto transitivo que tiene lugar en el poema. Cernuda escribe homosexualmente”, postula Gallego Benot. Distinto es el caso, asegura, del autor de Romancero gitano: “En Lorca, para institucionalizarlo, se ha querido disimular su homosexualidad. En Cernuda, ha sido el cauce de la mejor poesía que se ha escrito en español”.

La luna y el deseo: ¿los más vivos del “27”?

“A un poeta muerto” se titula la elegía de Cernuda a Lorca. Paradójicamente, ambos parecen hoy los más vivos de su generación. “Lo muestran las reediciones”, dice Calzado cerrando el debate, para inmediatamente abrir otro: entre poetas, declara, es la palabra del sevillano la que ha tenido mayor impacto: “Su depuración del ornato retórico sintoniza con la estética contemporánea”.

"Su carácter de exiliado marca siempre una extrañeza y lo obliga a una literatura de extraña distribución, ajena a las características emocionales de su país (Juan Gallego Benot)"

Para Rivero, se trata de poetas muy distintos formalmente, sobre todo por sus obras de madurez; para Gallego Benot, la diferencia desborda también lo literario: “Cernuda nunca ha sido un poeta nacional, en el sentido de Lorca. Por un lado, su personalidad era ajena a la devoción popular —Cernuda era tímido; Lorca sabía entenderse con las masas—; por otro, su carácter de exiliado marca siempre una extrañeza y lo obliga a una literatura de extraña distribución, ajena a las características emocionales de su país”.

Aunque prefiere no formar podios, Rodríguez Díaz asegura que el peso de Cernuda es indiscutible: “Quizá sea la conjugación de una transparencia lingüística, sin rechazar por ello una musicalidad natural; quizá, la constatación poética de que el deseo es siempre fascinante y doloroso por su condición de movimiento y no de fin”.

Y, sin embargo, este 21 de septiembre, en su natalicio 124, aquel deseo de renacer en la memoria de un camarada futuro sigue satisfaciéndose en una extraña —nada dolorosa sino fascinante— alianza con la realidad. Algo de esa posteridad intuyó al final de su vida, en México, como demuestra su último poema, “A sus paisanos”, donde condena a su generación y, a la vez, agradece a la nueva:

“Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia,
Y gracias quiero darles ahora, cuando amargo
Me vuelvo y os acuso. Grande el número
No es, mas basta para sentirse acompañado
A la distancia en el camino”.

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John P. Herra
John P. Herra
15 ddís hace

“Su verso en la España de Franco estaba prohibido”… Buscas en iberlibro ediciones de Luis Cernuda desde 1939 a 1975 y encuentras 269 libros. Debe de ser preceptivo ser antifranquista medio siglo después de la muerte de Franco para acceder a algunos lugares, o decir que corriste delante de los grises aunque cuando naciste hacía décadas que no había ‘grises’. Vaya nivel, Maribel.

Pablo75
Pablo75
14 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Consultada la IA de Google, me responde:

“Durante el franquismo (1939-1975), solo se publicó en España un libro de Luis Cernuda en vida del autor: Poesía y literatura (1960), editado por Seix Barral en Barcelona.”

Habría que verificarlo, porque las IA dicen muchas tonterías-

Los 269 libros de Iberlibro deben de ser ediciones mexicanas y sudamericanas.

John P. Herra
John P. Herra
13 ddís hace
Responder a  Pablo75

Hay muchas argentinas y mexicanas, pero también hay de Seix Barral, Plaza y Janés, Guadarrama, Alianza, Fondo de Cultura Económica de España (aunque la matriz es mexicana). Son ediciones del tardofranquismo, pero son ediciones realizadas en vida de Franco. Tal vez habría que pensar en que las editoriales, más que el régimen, tenían también algo que ver en la supuesta ‘prohibición’.

No soy castellanohablante y tengo bastantes libros en mi lengua madre editados en tiempos de Franco, algunos incluso por autores cercanos al franquismo. En mis años escolares, todos en democracia, me dijeron muchas veces que se fusilaba a quienes hablaban en mi lengua. Yo no me explicaba cómo mi familia había sobrevivido.

Ni soy ni dejó de ser partidario de un régimen que no conocí, pero estoy bastante harto de la falta de rigor y profesionalidad disfrazados de compromiso político.