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Fábula de la rosa y el velocípedo, de Adriano del Valle

Fábula de la rosa y el velocípedo, de Adriano del Valle

Fue uno de los grandes impulsores de la vanguardia poética en España, especialmente del ultraísmo. A continuación reproduzco Fábula de la rosa y el velocípedo, de Adriano del Valle.

Fábula de la rosa y el velocípedo, de Adriano del Valle

–Cuidado, Doña Perfecta,
–dijo a la rosa el biciclo–.
¿Por qué me sales al paso?
Si no te apartas, te piso…
–Pasa ya, tonto de acero;
no tienes miedo al ridículo.
–El jaramago te adora.
–¡Mentiroso!
–Yo lo he visto.
–Yo nací con la manzana;
vi a Eva en el Paraíso
y habrá rosas de mi estirpe
en el Día del Juicio.
–No sigas, rosa perfecta,
de eso a mí me da lo mismo;
tienes una vida efímera.
–Todo en la vida es efímero…
–Metafísica estás…
–¿Qué oigo?
–Que eres medio tonta, digo;
más tonta que un miriñaque.
–Eres idiota, biciclo;
quiero decirte tres cosas:
¡cínico, cínico y cínico!
–Con los madrigales cursis
te embriagas, es tu oficio…
–Y el tuyo llevar al parque
los tontos en equilibrio.
–Tú no sabes geometría.
El relojero es mi amigo;
tienen ruedas sus relojes
que aprenden de mis prodigios.
Euclides hizo posible
que yo esté hablando contigo.
–Déjate de garambainas
y demás textos científicos;
cien poetas me cantaron
antes de nacer Virgilio.
–Vi libros de un ingeniero;
mi esquema viene en sus libros…
–Soy ex libris de las flores.
–Yo el colofón de lo antiguo:
los hombres quieren volar
e inventan el velocípedo.
La perfección de las ruedas
madura en mí su principio.
–¿Las ruedas eran cuadradas?
¿Rodaban a pie cojito?
–Mírame, frágil, aéreo,
tengo radios, no pistilos;
corto rosas de aire al viento,
corro como un cervatillo,
biselado por la brisa,
virtuoso y agilísimo;
tengo esbeltez de jirafa
que aparece en espejismo.
¿Y tú, rosa…?
–Presumido,
como no tengo tu labia,
ni tu jarabe de pico,
verás qué dice un poeta
que me canta en este libro…

Y la rosa reflejaba
en níquel de velocípedo,
perfecta, pura, geométrica,
la Anunciación de un prodigio
que iba a emparentar compases
rosas, lápices y lirios.

Se cuenta que se casaron,
que tuvieron muchos hijos…

Automóviles perfectos,
hidroplanos de aluminio,
son los nietos de una rosa,
los nietos de un velocípedo.

 

Foto de portada: retrato del poeta Adriano del Valle, por Rafael Canogar