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Filosofar entre rejas

Desde hace más de siete años, el Proyecto de Filosofía Aplicada en Prisiones BOECIO ha diseñado y puesto en funcionamiento talleres filosóficos en prisiones argentinas, brasileñas, colombianas, españolas y mexicanas. Su objetivo consiste en el fortalecimiento del pensamiento crítico, del gobierno sobre las pasiones y de la comunicación entre personas privadas de libertad.

Las autoras y autores de este manual (Ángel Alonso Salas, José Barrientos Rastrojo, Cindy Tatiana Carrero Torres, Jonathan René Cortés Sandoval, Mario Raúl Henríquez García, Marco Antonio López Cortés, Edson Renato Nardi, Carmen Pérez Cabrera, Víctor Andrés Rojas Chávez e Ingrid Victoria Sarmiento Aponte), tomando como base el libro Plomo o Filosofía, de José Barrientos Rastrojo, describen cómo realizan encuentros filosóficos con individuos en riesgo de exclusión social y proponen actividades para fortalecer sus competencias filosóficas.

Zenda reproduce un fragmento de Filosofar entre rejas.

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¿Quiénes fueron los estoicos?

El estoicismo constituye una escuela filosófica griega y romana que se extiende desde su fundación por Zenón de Citio en el siglo III a. C. hasta finales del siglo II con Marco Aurelio. El fallecimiento de este emperador romano no ha sido óbice para que la influencia de esta escuela se haya extendido a lo largo de los siglos; autores como Quevedo, Cicerón, María Zambrano o Martha Nussbaum y personajes de ficción como el capitán Alatriste son testigos de este despliegue que, como el Cid, resistió a su acta de defunción. Su pujanza ha sido de tal envergadura que han fundado adjetivos. Como aquellos que aparecen cuando se menciona a una mujer con actitud estoica o se admira el estoicismo de un hombre. Así, el estoicismo subraya la fuerza imperturbable de sus ostentadores ante las dificultades existenciales (Marco Aurelio, 2004; Musonio Rufo, 1995; Epicteto, 1993, 2004; Crisipo, 2006; Sellars, 2003; Séneca, 2000a, 2000b; Irvine, 2009; Foucault, 1990, 1994, 2009).

El nombre de esta escuela procede del lugar donde enseñaba Zenón: la stoa poikilé, o la stoa pecile. Se trataba de un edificio con murales pintados por importantes artistas, situado al norte del Ágora de Atenas.

El estoicismo entendía la Filosofía como un arte de vida y su práctica, como un entrenamiento para afrontar los desaires que había que soportar cada día. Este entrenamiento dependía del desarrollo de tres dimensiones: el logos, el ethos y la physis. El logos exigía la capacitación en lógica y la activación de dimensiones críticas para accionarlas en el día a día. Su exponente principal fue Crisipo (2006). La lógica de este griego no solo servía para resolver problemas que vinculaban razones y consecuencias, sino que, además, encontramos en sus escritos (hoy fragmentarios en gran medida) cuestiones epistemológicas e incluso de índole perceptiva. En relación con el último punto, distingue las percepciones vanas de las correctas, los phantasmas de las phantasias (Crisipo, 2006: 14-15). La lógica estoica era baluarte protector del hegemonikon o del principio racional. Su aproximación no solo requería una labor cognitiva, sino que demandaba un compromiso con la prudencia y, por tanto, implicaba el adiestramiento del comportamiento. Aquí comienza la segunda columna vertebral estoica: el ethos.

El ethos conllevaba el mantenimiento de la imperturbabilidad delante de los reveses de la existencia. La ataraxia resume ese estado. Esta imperturbabilidad no es sinónimo de desentenderse de la realidad o de una frialdad emocional siberiana. Séneca avisaba que sería poco estoico no llorar la muerte de un padre; ahora bien, el error sería extender eternamente el duelo. El ethos alza una lucha sin paliativos contra las pasiones. Ellas convierten a la persona en un sujeto pasivo y, por tanto, roban la autonomía, esto es, la ley del yo racional. Esta pérdida convierte al individuo en un animal, al extraviar aquello que lo distinguía como humano.

La physis abarcaría el estudio de la naturaleza y lo que hoy entenderíamos como ontología e incluso metafísica. El estudio de la physis servía para evitar la hybris, es decir, caer en los dos excesos humanos: despeñarse a la animalidad o ensoberbecerse como un Dios.

Aunque existe un espíritu común, esta filosofía muta a lo largo de los siglos y sus autores mantienen focos de interés diversos. La dimensión ético-moral de Musonio Rufo (1995) contrasta con la lógica de Crisipo (2006) o con la tendencia a la visión cósmica de Marco Aurelio (2004).

Entre las líneas comunes, se repite la condición gladiatoria y gimnástica de la existencia. El estoico era consciente de las complejas vicisitudes de la vida y su fatalismo le permitía entender que algunas podrían ser cambiadas, aunque otras, como la muerte, era imposible trocarlas. Siendo así, era preciso aprender a encajar los golpes como los gladiadores en el circo o en el anfiteatro. Esto era un arte que ellos entrenaban con ejercicios específicos. La praemeditatio malorum, la prosoché, la akroasis, la diakrisis, la enkrateia, la gymnastiké, la visión cósmica o la lógica fortalecían la musculatura filosófica para prepararse ante los fracasos y contratiempos de cada nueva jornada. La Filosofía Experiencial estoica actualizará estos ejercicios con personas en riesgo de exclusión social. Inspirado en este espíritu, nació el proyecto BOECIO.

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BOECIO: Filosofía Experiencial en prisión

Historia del proyecto

Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio fue un filósofo nacido en el año 480 en Roma. Sus enseñanzas median entre los últimos estertores del pensamiento romano y los inicios del medieval. Sus escritos manifiestan un profundo espíritu estoico, sobre todo, aquel que le hizo más famoso: La consolación de la filosofía. Boecio escribe esta obra en prisión en el año 524, justo un año antes de ser ejecutado. Allí, asistimos a un diálogo entre el autor y la Filosofía. Ella intenta explicarle por qué los malvados consiguen éxito en esta vida y los justos pueden acabar condenados. Serán las prebendas interiores y no las recompensas exteriores, arguye la sabia compañera, las importantes de la existencia. Esta breve semblanza ofrecía suficientes referencias cuando comenzó a gestarse nuestro proyecto para honrar con su nombre nuestra actividad.

La inspiración de BOECIO es doble: el grupo ETOR (Educación, Tratamiento y Orientación Racional) y las actividades iniciadas en 2007 por uno de sus miembros, Eduardo Vergara.

El grupo ETOR fue uno de los grupos de trabajo de la Asociación de Estudios Humanísticos y Filosofía Práctica X-XI. La institución fue iniciada en 1999 por el profesor de universidad José Ordóñez García, por algunos de sus compañeros de estudios como Francisco Macera y Alberto Barea, y por estudiantes como Diego Ruiz Curiel. El objetivo de este grupo consistía en diseñar un método filosófico original para el trabajo en consultas de orientación filosófica (u OrFi). Esa herramienta fomentaría el análisis crítico de la realidad del consultante y el desvelamiento de la ideología del sistema. La conciencia de estas imposiciones sociales ocultas serviría para una liberación y emancipación concordante con las pretensiones teóricas que autores como Karl Mannheim o Karl Marx habían expuesto en sus escritos.

Las diversas generaciones etorianas animan al grupo a completar su actividad en consultas con talleres grupales. Uno de esos nuevos miembros fue Eduardo Vergara, quien se propone la implementación de sesiones en prisiones españolas. Su actividad, dificultada al principio por las propias limitaciones de las instituciones penitenciarias, fue, posteriormente, creciendo en número de prisiones implicadas. Su encomiable labor se introdujo en todos los grados penitenciarios, en el Plan de Prevención de Suicidios y en módulos de máxima seguridad. Asimismo, en 2004, inició una tesis doctoral sobre su labor que esperamos poder leer finalizada pronto.

José Barrientos Rastrojo se inició en el campo de la consulta filosófica a comienzos del año 2000 de la mano de ETOR y sus principales promotores: José Ordóñez y Francisco Macera. Por ello, sus primeros años trabaja en el método ETOR y en consultas que comparte con el resto del equipo. Barrientos Rastrojo une su investigación doctoral sobre orientación filosófica, que defiende en 2009 (Barrientos, 2010), a labores en talleres filosóficos, por ejemplo, colaborando con Francisco Barrera en su vino filosófico desde el año 2006.

La conciencia de que la mayor parte de los asuntos de las consultas tenían su germen en la carencia de habilidades filosóficas lleva a su deslizamiento a trabajos grupales. Además, al ganar una plaza de profesor en la Universidad de Sevilla, se apercibió de la necesidad de realización de estudios de investigación con base empírica que cumplieran unos estándares mínimos de calidad. De esta forma, en 2015, diseña el primer proyecto piloto de talleres filosóficos con sedes en Noruega, Croacia, México y España, que financia la John Templeton Foundation a través de la Universidad de Chicago. Finalizada esta iniciativa y movido por los resultados, se embarca en un proyecto más ambicioso en prisiones latinoamericanas. Después de su presentación en dos convocatorias, se logra que el proyecto BOECIO sea financiado, por una parte, por medio de la concesión de un proyecto FEDER, que cuenta con fondos europeos, y, por otra, gracias a una ayuda para proyectos de cooperación de la Oficina de Cooperación de la Universidad de Sevilla.

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Autor: Varios autores. Edición: José Barrientos Rastrojo. Título: Filosofar entre rejas. Editorial: Plaza y Valdés. Venta: Todostuslibros

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Ana Maria del
17 ddís hace

Excelente!