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Fisiología del funcionario, de Honoré de Balzac

Fisiología del funcionario, de Honoré de Balzac

En Fisiología del funcionario, publicado por la editorial Mármara, en traducción de Hugo Savino, Honoré de Balzac (Tours, 1799-París, 1850) describe con precisión de cirujano el mundo de la administración parisina del siglo XIX y muestra su gusto por las clasificaciones y taxonomías, que son uno de los elementos fundamentales de su gran obra La comedia humana. «Un texto de una asombrosa actualidad”, según Pierre Bazantay.

Definición

¿Qué es un funcionario? ¿En qué categoría empieza o termina el funcionario?

Si fuese necesario adoptar las ideas políticas de 1830, la clase de los funcionarios estaría integrada por el conserje de un ministerio y no se detendría en el ministro. El Señor de Cormenin, ¡que la lista civil lo bendiga!, parece afirmar que el rey de los franceses es un funcionario que percibe un salario de doce millones, al que el pueblo puede destituir por la vía de los adoquines en la calle, y por la vía de los votos en la Cámara.

Toda la maquinaria política se situaría así entre los trescientos francos de sueldo de los peones camineros o de los guardas forestales y los doscientos francos del juez de paz; entre los mil doscientos francos del conserje y los doce millones de la lista civil. En esta escala de cifras se agruparían los poderes y los deberes, los malos y los buenos sueldos, como resumen de todas las consideraciones.

 

Este es el bello ideal de una sociedad que ya solo cree en el dinero y que existe únicamente a través de las leyes fiscales y penales.

Pero la exigente moralidad de los principios políticos de esta fisiología no permite admitir semejante doctrina. El señor de Cormenin es un hombre de buen corazón e inteligente; pero un político pésimo, y esta fisiología solo le perdona sus panfletos por el inmenso bien que han hecho: ¿no han probado acaso que nada es más incivil que una lista civil? A partir de ahora los reyes de Francia y de Navarra no tendrán que pedir nada para ellos mismos a sus súbditos, decididamente hay que darles tierras y no un salario.

La mejor definición del funcionario entonces sería esta:

Un hombre que para vivir tiene necesidad de su sueldo y que no es libre de abandonar su puesto, ¡ya que solo sabe del papeleo!

¿Queda ahora despejada la pregunta? Esta definición explica las combinaciones más dudosas entre un hombre y un puesto. Evidentemente al rey de los franceses no se lo puede emplear como lo pretende implícitamente el ilustre Sr. de Cormenin: puede dejar el trono y prescindir de la lista civil. La declaración pública del Sr. Mariscal Soult es bastante inquietante para el estado político de los mariscales de Francia: pero la escasa destreza en la tribuna de este gran general, no permite insistir sobre este punto.

Evidentemente una vez más, un soldado no es un funcionario: desea verdaderamente abandonar su puesto, no se siente un funcionario, trabaja mucho y casi no cobra en metálico, el único metal que toca es el del cañón de su fusil.

Según esta funcionario. Así el aduanero es, en el sistema burocrático, un ser neutro. Está a medio camino entre el soldado y el funcionario; está en los confines de los escritorios y de las armas, como en las fronteras: ni totalmente soldado, ni totalmente funcionario.

¿Dónde termina el funcionario? ¡Pregunta muy importante!

¿Un prefecto es un funcionario? Esta fisiología cree que no.

•1er Axioma Donde termina el funcionario, empieza el hombre de Estado.

Sin embargo hay pocos hombres de Estado entre los prefectos. De estas sutiles distinciones sacamos la conclusión de que el prefecto es un neutro del orden superior. Está entre el hombre de Estado y el funcionario, así como el aduanero se encuentra entre lo civil y lo militar.

Continuemos desenredando estas cuestiones tan complejas. ¿No puede esto formularse mediante un axioma?

•2º Axioma Por encima de los veinte mil francos de salario, ya no hay funcionario.

1er Corolario. El hombre de Estado se declara en la esfera de los sueldos superiores.

2º Corolario. Los directores generales pueden ser hombres de Estado.

Tal vez en este sentido más de un diputado se dice:

¡Ser director general es una posición muy buena!

Cuatro directores generales son el equivalente a la calderilla de un ministro.

De esta manera el funcionario termina implícitamente como jefe de división. Entonces ya tenemos la pregunta bien formulada, no existe ninguna certeza, el funcionario que podía parecer indefinible está definido.

Ser funcionario es servir al Gobierno. Ahora bien, 16 todos aquellos que se sirven del Gobierno, como el Sr. Thiers, por ejemplo, lo emplean en lugar de ser sus funcionarios. Estos hábiles mecánicos son hombres de Estado.

Por el interés de la lengua francesa y de la academia, haremos observar que si el jefe de oficina todavía es un funcionario, el jefe de división tiene que ser un burócrata. Los despachos apreciarán este matiz lleno de delicadeza.

Dado que un juez es inamovible y no tiene un sueldo en consonancia con su labor, no se le podría considerar como parte de la clase de los funcionarios.

¡Terminemos con las definiciones! Para parodiar la famosa frase de Luis XVIII, formulemos este axioma.

•3er Axioma Junto a la necesidad de definir, se encuentra el peligro de enredarnos.

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Autor: Honoré de Balzac. Título: Fisiología del funcionario. Editorial: Mármara. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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