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Fracturas que dejan cicatrices imborrables

Fracturas que dejan cicatrices imborrables

Hay una frase en las primeras páginas de esta novela que define con bastante exactitud los elementos narrativos sobre los que se sustenta: “Un terremoto fractura el presente, quiebra la perspectiva, remueve las placas de la memoria”, se lee en la página 19. La historia que cuenta este libro surge cuando el terremoto que agitó las costas de Japón produjo el tsunami que agrietó la central nuclear de Fukushima. Aquella fractura zarandeó la vida tranquila que llevaba Yoshie Watanabe en Tokio y removió los recuerdos de su pasado itinerante por el mundo.

La novela está dividida en once capítulos. En ellos se va alternando el relato en tercera persona de la vida de este ejecutivo japonés con los monólogos de las cuatro mujeres con las que coincidió en algún momento de su existencia: Violet en París, Lorrie en Nueva York, Mariela en Buenos Aires y Carmen en Madrid.

"En los capítulos impares se cuenta cómo vivió él esos sucesos, que abarcan desde la bomba de Hiroshima hasta el tsunami que rompió la central nuclear de Fukushima"

El carácter viajero de la vida del señor Watanabe y su estancia en lugares emblemáticos de la historia contemporánea permiten que la novela se convierta en un repaso de algunos acontecimientos claves que han marcado el último siglo: la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, las dictaduras latinoamericanas, el terrorismo, el 11-S, la Transición española, la crisis global. En los capítulos impares se cuenta cómo vivió él esos sucesos, que abarcan desde la bomba de Hiroshima hasta el tsunami que rompió la central nuclear de Fukushima. En los pares se evoca su historia más íntima: las relaciones amorosas que tuvo en Francia, en Estados Unidos, en Argentina y en España. En los primeros se describe el dolor, el miedo y el sufrimiento social que provocaron esos desastres. En los segundos se habla del gozo personal de los protagonistas. Aunque también este acabe en todos los casos en una inevitable ruptura: “El desgaste de las parejas es algo misterioso. No sabemos cuándo llega ni por qué. Lo único que sabemos es que las encuentra indefensas. Como una de esas catástrofes naturales que empeoran por causas naturales” (pág. 219).

El título de la novela se convierte entonces en una metáfora que se puede aplicar a la vertiente histórica, al aspecto social y también a la esfera íntima: la vida está hecha de fracturas que nos hieren, nos producen dolor y nos dejan cicatrices imborrables.

Andrés Neuman ha escrito una novela exigente y personal, con características que estaban ya en sus obras anteriores, sobre todo en El viajero del siglo y en Hablar solos. Como en ellas, también aquí emplea varios narradores y saltos temporales que se ensamblan con facilidad en el relato. Esa historia, contada desde perspectivas diferentes, utiliza distintos registros de lenguaje: desde la tercera persona más poética al habla bonaerense de Mariela o el madrileñismo de Carmen. Hay en todo el libro un tono contenido en la expresión de los sentimientos y de las desgracias. La sintaxis es escueta. Los diálogos se incorporan al texto sin signos ortográficos; son breves, sugerentes y en los capítulos finales muestran con eficacia el desamparo de las personas afectadas por la radiación.

"Hay varios momentos de la novela especialmente destacados. El inicio lo es, cuando el señor Watanabe vive en el metro de Tokio el terremoto que romperá la central nuclear de Fukushima"

La tensión narrativa se difumina en algunas páginas que tienen una función informativa acerca de los sucesos históricos que se cuentan o que suponen digresiones sobre ellos. Esas páginas hacen de Fractura una novela de ideas, frente a la tendencia al tópico y a la banalidad de cierta narrativa contemporánea. Andrés Neuman articula un relato que pretende provocar una mirada reflexiva sobre determinados aspectos de la sociedad actual y para ello inserta deliberaciones sobre la ciencia, la técnica, el progreso y la capacidad destructiva del ser humano.

Hay varios momentos de la novela especialmente destacados. El inicio lo es, cuando el señor Watanabe vive en el metro de Tokio el terremoto que romperá la central nuclear de Fukushima. El capítulo en el que se cuenta su estancia en Argentina, por boca de Mariela, es un ejemplo de buen tono literario, de agilidad narrativa, de registro del lenguaje local, de indagación en los sentimientos de los personajes y descripción de una sociedad en tiempos de dictadura. Los capítulos finales, en los que Watanabe visita las prefecturas de Iwate, Miyagi y Fukushima, las más devastadas por el tsunami y las más afectadas por la radiación, son los más impresionantes del libro. Describen un viaje entre escombros, casas derruidas, objetos abandonados y soledad. En ese paisaje desolado, el protagonista observa el resplandor venenoso de la adelfa, que es la flor oficial de Hiroshima, la primera que floreció en medio del desastre, después de que estallara la bomba atómica.

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Autor: Andrés Neuman. Título: Fractura. Editorial: Alfaguara. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro