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Vallcorba y Fumaroli. Foto: Asis G. Ayerbe

Muerto Michel Tournier, Marc Fumaroli es hoy posiblemente el gran patriarca de las letras francesas. A sus ochenta y tres años largos lo encontramos en los últimos meses activo como siempre, presidiendo los actos de la sociedad Amis du Louvre, disertando sobre la obra de la pintora del siglo XVIII Élisabeth Louise Vigée Le Brun –gran redescubrimiento de la temporada parisina–, formando parte del jurado del premio Chateaubriand o acompañando en su ingreso en la Academie Française al novelista Marc Lambron.

Marc Fumaroli, el gran estudioso de la cultura francesa

Fumaroli, marsellés, es un gran estudioso de la cultura francesa que ha escrito extensamente sobre Montaigne, el cardenal de Retz, Descartes o Perrault.  Pasó del universo académico al debate público con la publicación, en 1991, de El estado cultural, donde cuestionaba la pretensión socialista de que sea el gobierno quien arbitre el transcurrir creativo del país.  Para Fumaroli, la multiplicación del presupuesto no había evitado que la cultura francesa perdiera su relevancia internacional. Con el poder de la izquierda se había implantado la burocratización y desaparecido la crítica. El estado cultural, sostenía, aplastaba la capacidad francesa de responder con ingenio a los desafíos de la modernidad.

El estado cultural fue publicado entre nosotros (2007) por Jaume Vallcorba en su editorial Acantilado, donde le tradujo  también  Las abejas y las arañas (2008), París-Nueva York-París (2010), La diplomacia del ingenio (2011) y sus ediciones de Lord Chesterfield y Chateaubriand.

Vallcorba profesaba devoción –correspondida– a Fumaroli. Por su mediación  pude traerle para la sesión de apertura del ciclo de conferencias El libro como universo, que organicé por encargo de Gloria Pérez Salmerón, entonces directora de la Biblioteca Nacional de España, en el tercer centenario de la institución. Le pedí al historiador que hablara de una idea fascinante: la República de las Letras.

En distintos textos, Fumaroli había descrito cómo, a partir del siglo XV, una comunidad espiritual por encima de las divisiones políticas y religiosas pone los cimientos de la Europa moderna. Filósofos y hombres y mujeres de letras; artistas y amantes de las artes; científicos, bibliotecarios, libreros… construyen mediante el diálogo la tradición humanista de las artes de la paz, haciendo énfasis en la ética de la amistad, el derecho natural y el derecho de gentes.

La República de las Letras, la tradición humanista

Se erige así un “bien común literario europeo” en el que participan italianos, franceses, españoles, ingleses, flamencos, alemanes… Ciudadanos de una República de las Letras que trasciende las fronteras nacionales y apuesta por el civismo ilustrado.

La República de las LetrasEsta tradición humanista sirvió de contrapeso a la cultura de la guerra de tradición épica y feudal y frenó la virulencia de los nacionalismos del siglo XIX. No resistió, en cambio, a la pujanza de los totalitarismos fascista y comunista, y pareció naufragar definitivamente con la Segunda Guerra Mundial. Hoy día, sin embargo, todo apunta a que volvemos a necesitarla a modo de inspiración y guía.

A raíz de la conferencia de Fumaroli, pronunciada en Madrid el 8 de mayo del 2012, Jaume Vallcorba le sugirió que agrupara todos sus escritos dispersos sobre el tema en un volumen, cosa que el académico hizo. Y por esa razón la edición española de La República de las Letras (2013) es la primera que existió en el mercado, antecediendo en dos años a la francesa de Gallimard, que sin la propuesta del añorado editor catalán no hubiera llegado a existir.

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