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Gavilanes que gritan sobre los precipicios

Gavilanes que gritan sobre los precipicios

En muy pocas personas se cumple tan cabalmente el ideal renacentista, expresado con absoluta claridad en el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés —acusado por ello, y por otras muchas circunstancias, de erasmista—, de escribir del mismo modo como se habla, como en este escritor, profesor e investigador dedicado durante más de medio siglo a desentrañar los secretos de la historia del Derecho en las aulas universitarias y en sus artículos de carácter científico. Un libro de este calado sólo podía llevarlo a feliz término un experto en la materia jurídica que, a su vez, tuviera la particularidad de ser un consumado lector, un conocedor de la literatura española desde los tiempos de Alfonso el Sabio hasta, al menos, el siglo XVIII, la época en la que ese curioso paisano suyo —salmantino para más señas—, don Diego de Torres y Villarroel, fue sacado a hombros por los estudiantes tras obtener, si uno no mal recuerda, la cátedra de Matemáticas.

Enrique Gacto, el autor de las páginas de la obra que aquí se reseña, apuesta decididamente por la literatura como fuente del conocimiento del Derecho, hasta el punto de llegar a afirmar, en uno de estos brillantes artículos que conforman el libro, que El proceso, la conocida obra de Franz Kafka, “debería ser de inexcusable lectura para todo aprendiz de Jurisprudencia”. El libro está compuesto por una breve introducción y un total de nueve ensayos de mediana extensión, producto, como el propio Gacto explica, de una meditada selección de trabajos que, como historiador del derecho, ha ido publicando en torno a la literatura española como fuente de conocimiento “que nos ayuda a matizar la información proporcionada por la ley, la costumbre, la doctrina y la documentación notarial y judicial sobre los ordenamientos jurídicos de cada momento histórico”.

"A falta de textos jurídicos, una obra como el Poema del Cid, escrita por alguien que, se supone, no tenía inquietudes de tipo jurídico, nos permite constatar aspectos del Derecho medieval castellano"

La cita que va al frente del primero de estos ensayos, que versa sobre el Derecho y la justicia en las fuentes literarias, extraída del libro Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis, nos proporciona una clara idea de su contenido: “Los gavilanes que gritan sobre los precipicios y giran buscando su presa son la única imagen que se me ocurre para evocar a los hombres que juzgan… Malditos sean”. A falta de textos jurídicos, una obra como el Poema del Cid, escrita por alguien que, se supone, no tenía inquietudes de tipo jurídico, nos permite constatar aspectos del Derecho medieval castellano que, de no haber sido por el conocido texto, nunca hubiéramos podido conocer a fondo. Se refiere Enrique Gacto a la situación de los nobles que, como don Rodrigo Díaz de Vivar, incurren en la ira regia, el destierro como pena, el funcionamiento del tribunal del rey o la tramitación del llamado juicio de Dios. En este primer capítulo de la obra ya asoma el nombre, ineludible en estos casos, de don Francisco de Quevedo, quien, en más de una ocasión, reprochó a los jueces su codicia, la tentación más peligrosa del oficio. En los Sueños o en su poesía satírica, hay continuas numerosas alusiones a los abusos judiciales. Esta corrupción fue tan generalizada que, como asegura Enrique Gacto, llegó a instalarse en la sociedad española hasta conseguir visos de normalidad sobre un pueblo “que terminó por aceptarla con resignado fatalismo”.

Su siguiente ensayo, “Imbecilitas sexus”, es, acaso, el más llamativo de cuantos se recogen en este volumen. Por estas páginas planea un tema de plena actualidad, largamente debatido. El autor de estas páginas se remonta a la doctrina europea desde la baja Edad Media para dejar patente la tradicional superioridad del hombre sobre la mujer. En obras como el Guzmán de Alfarache, el propio Quijote o en las letrillas que expresaban con todo desparpajo los cómicos de la legua se deja bien patente esta circunstancia: “Si recibes ofensas / de tu enemigo, / cásale. No le busques / mayor castigo”. Así pues, la misoginia encuentra acomodo en el ámbito normativo. Don Quijote mismo, tan comedido siempre en ciertos aspectos, tan defensor de las mujeres, manifiesta que “las armas de los togados son las mesmas que las de mujer, que son la lengua”. El maltrato, la obediencia y el sometimiento de la mujer al marido, así como los castigos físicos, son aspectos que salpican nuestra literatura. Y lo que es aún mucho peor: “relatados con una naturalidad que denota el carácter cotidiano de tales escenas”.

"Derecho y Literatura es el libro escrito, flamantemente, con asombrosa claridad y elegancia, por un erudito, por un hombre que sabe de Derecho pero que ama profundamente la literatura"

Tras un entretenido paseo, en los ensayos siguientes, por la “picaresca mercantil” de Guzmán de Alfarache, por la vituperada abogacía, con deliciosas estampas jurídico-literarias y por la honra y la temida Inquisición, en uno de los últimos capítulos de la obra asistimos a un pormenorizado repaso de la censura literaria durante el Siglo de Oro, con dos grandes protagonistas: Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo. Aquí se nos recuerda que los libros eran, por aquel entonces, el vehículo doctrinal del pensamiento y la ideología. Gacto se centra en la censura represiva, llevada a cabo por la Inquisición. El problema, sin embargo, radica en la inexistencia de unos criterios claros y firmes de la censura, por lo que esta se convierte en caprichosa y movediza. Así, mientras que ningún texto de la obra cervantina sería censurado en España por motivos de deshonestidad, en Portugal, sin embargo, fueron suprimidos siete fragmentos de la primera parte del Quijote: tres por atentatorios a la honestidad y cuatro por inconveniente e irrespetuosa alusión a determinadas devociones y actos de piedad.

Derecho y Literatura es el libro escrito, flamantemente, con asombrosa claridad y elegancia, por un erudito, por un hombre que sabe de Derecho pero que ama profundamente la literatura, que conoce sus secretos y sabe extraer de la misma, con la precisión de un cirujano, aquello que más le conviene para sustentar su teoría. Y es, asimismo, un aventajado escritor capaz de convertir en fecunda y entretenida, a base de un lenguaje pulido y bien perfilado, la materia más árida e insípida. Reflexionar sobre el pasado —así se deja escrito en alguna de estas páginas— constituye un ejercicio siempre provechoso para el presente. Y explorar en la literatura —se añade poco después— resulta una labor extraordinariamente sugestiva para aproximarnos al conocimiento del Derecho en aquellos períodos en los que estas últimas fuentes son escasas.

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Autor: Enrique Gacto Fernández. Título: Derecho y Literatura: Apuntes históricos. Editorial: Real Academia Alfonso X el Sabio.

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