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Una antorcha que ilumina y calienta

Una antorcha que ilumina y calienta

Nada más saludable que seguir la máxima humanista de ir ad fontes, esto es, a las fuentes, y no porque de ellas mane algún tipo de esencia pura que el río del devenir haya desvirtuado, sino porque donde nacen los ríos hay cataratas llenas de caos y de energía. Por esta razón celebramos el creciente interés que la “Ilustración radical” viene despertando desde hace algunos años. Libros como La Ilustración radical (2001) de Jonathan Israel, Los ultras de las luces (2008) de Michel Onfray, Gente peligrosa (2010) de Philip Blom o, en otro orden de discurso, Nueva ilustración radical (2017), de Marina Garcés, han vuelto a poner en circulación ideas y actitudes olvidadas, cuando no domesticadas o reprimidas. Aprovechar esa corriente bien puede ayudarnos a pasar entre la Escila del nihilismo posmoderno y la Caribdis del fundamentalismo religioso o comunitarista.

A todo ello se le añade el hecho de que, en el ámbito peninsular e hispanoamericano, resulta un deber histórico frecuentar a los pocos erasmistas, libertinos, espinozianos e ilustrados radicales que lograron cruzar los Pirineos, ese cordón sanitario natural que a veces pienso que sería mejor destruir. Un buen ejemplo de esa tarea de aggiornamento filosófico y político mediante la lectura e incorporación de libros que en su momento no pudieron ejercer la influencia que les correspondía, es la obra de Jorge Luis Borges, quien, siguiendo el ejemplo de Alfonso Reyes, buscó aclimatar a nuestra lengua el escepticismo, el panteísmo y el hedonismo de los Ensayos de Montaigne, cuya “ausencia ubicua”, según la feliz paradoja de Adolfo Castañón, no sólo ha lastrado la literatura y la filosofía en lengua española, sino también nuestra propia tradición política.

"Si tendiese a la melancolía, diría que este catálogo es una historia de lo que podríamos haber sido"

Precisamente por ir a las fuentes del pensamiento ilustrado más libre y poderoso, y por poner en circulación la biblioteca de las ocasiones perdidas del pensamiento en lengua española, quiero destacar la colección “Los ilustrados”, de la Editorial Laetoli, dirigida por Serafín Senosiáin, que ha editado, entre otros, títulos como la Memoria contra la religión de Jean Meslier, El arte de gozar de Julien Offray de La Mettrie, Del espíritu de Helvétius, el Diccionario de ateos de Sylvain Maréchal, El paseo del escéptico de Diderot o El contagio sagrado de Holbach, del que vamos a ocuparnos en las siguientes líneas. Buena parte de estos títulos no habían sido nunca traducidos a nuestra lengua, o habían sido censurados y olvidados. Si tendiese a la melancolía, diría que este catálogo es una historia de lo que podríamos haber sido. Prefiero pensar que es un plan de lectura para revitalizar nuestro pensamiento filosófico y político.

Llego, por fin, al objeto de esta nota, que es celebrar la reciente publicación de El contagio sagrado (1768), la undécima obra del “divino Holbach” —por usar los términos de Onfray» que la editorial Laetoli acaba de publicar con una excelente traducción de José Javier Rodríguez y un epílogo de uno de los principales estudiosos del ateísmo ilustrado y de los manuscritos filosóficos clandestinos como es Alain Sandrier.

A pesar de que se lo suele conocer como “el barón” de Holbach, no se trata de un aristócrata calavera que echó mano de la nueva filosofía para librarse de sus escrúpulos morales, sino del sobrino de un comerciante recientemente ennoblecido, que gastó buena parte de su fortuna en financiar la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, para la que escribió más de 400 artículos; en reunir en su mansión de la calle Saint-Roch a las figuras más radicales del pensamiento ilustrado de la época; y en publicar, a sus expensas, de forma anónima, con pie de imprenta falso, y corriendo un gran peligro, algunas de las obras más poderosas y radicales de la Ilustración; obras en las que defendió un ateísmo y un materialismo sin concesiones, que merecieron los encendidos ataques de Voltaire, quien, a su lado, parece una monja asustada.

"El contagio sagrado (1768) pertenece a su primera etapa, aunque presenta una visión bastante completa y orgánica de toda la filosofía de Holbach"

La obra de Holbach suele dividirse en tres etapas. En la primera, que iría de 1751 a 1770, se incluyen los 400 artículos escritos para la Enciclopedia y una serie de libros publicados de forma anónima, en los que defiende el ateísmo, como El cristianismo al descubierto (1768), Teología de bolsillo (1768), El contagio sagrado (1768) y Ensayo sobre los prejuicios (1770), todos ellos publicados por Laetoli. La segunda etapa incluiría un único libro y su larga estela polémica. Se trata del Sistema de la naturaleza (1770), un extenso tratado que muestra una concepción radicalmente naturalista del mundo (en el que algunos han querido ver la participación de Diderot), y que no sólo mereció el ataque furibundo de los apologetas católicos, sino también el de Voltaire (véase el artículo “Dios”, de su Diccionario filosófico), y el del mismo Federico II de Prusia. En la tercera etapa, que iría de 1773 hasta su muerte, sucedida en 1789, meses antes de la Revolución Francesa, Holbach pasa a desarrollar los aspectos morales y políticos de su filosofía, defendiendo, en obras como Sistema social (1773), La política natural (1773-1774) y La moral universal (1776), una secularización radical de la moral, y un materialismo sin ambages.

El contagio sagrado (1768) pertenece, pues, a la primera etapa, si bien, como vamos a ver, presenta una visión bastante completa y orgánica de toda la filosofía de Holbach, lo cual convierte este opúsculo en una de las mejores puertas de entrada a su extensa obra. De forma general, el libro puede dividirse en dos partes. En la primera (capítulos 1 a 8), se presenta la religión como “la verdadera caja de Pandora de la que han salido todos los males —morales y políticos— que afligen al género humano”. Holbach no compra ninguno de los argumentos que los teólogos blanden en la subasta de los dioses: la religión no es garantía de orden ni apoyo de la moral ni consuelo de los desgraciados ni abrigo de los nihilistas. La religión es el pecado original o, por decirlo en términos filosóficos, el proton pseudon, el primer error, con el que no cabe ninguna componenda: “No debemos contemporizar con la mentira”. Por eso Holbach lamenta que muchos críticos y reformadores “no llevasen el hacha hasta la raíz de este árbol fatal” y se propone, en la primera parte de su libro, acabar con el “germen supersticioso” que, como “un fuego oculto bajo la ceniza”, está dispuesto a reaparecer una y otra vez. Para ello tomará, ampliará y catalizará, con una fuerza retórica verdaderamente contagiosa, un arsenal de argumentos críticos o ateos ensayados ya por autores como Erasmo, Montaigne, Spinoza (en cuya querida universidad de Leiden estudió Holbach), los miembros de la tétrada libertina (Guy Patin, La Mothe Le Vayer, Pierre Gassendi y Gabriel Naudé), los autores de las diferentes versiones del tratado De los tres impostores, Jean Meslier (ese “San Manuel Bueno Mártir” francés) o el autor anónimo del Teofrasto redivivo.

"El libro está lleno de hallazgos filosóficos y literarios. El contagio sagrado es una antorcha que ilumina y calienta"

En la segunda parte (capítulos 9 a 15), el autor se propone sustituir las quimeras de la religión por una moral natural y universal que descanse sobre tendencias y necesidades compartidas por todos los seres humanos (“La naturaleza nos dice que nos conservemos, que disfrutemos, que trabajemos en nuestra felicidad, que hagamos nuestra existencia agradable. La razón nos enseña que para compartir con los demás los sentimientos de amor que tenemos por nosotros mismos, para obtener su estima, su reconocimiento y su apoyo debemos hacerles el bien”) y por una política democrática (“Si los reyes reciben su poder de los hombres, sólo disfrutan de él con la condición de hacerlos felices; y si incumplen sus compromisos, los hombres no pueden ser forzados a cumplir los suyos”).

El libro está lleno de hallazgos filosóficos y literarios. Buena parte de los debates acerca del nihilismo, la educación, la política o la tolerancia que tendrán lugar en los siguientes siglos están planteados con una claridad y una frescura que el academicismo o la oscuridad de la filosofía actual nos han hecho olvidar. Quizás Holbach se exceda al afirmar que “la religión ha sido en todas las épocas una antorcha cuya luz engañosa sólo ha servido para extraviar a los mortales e incendiar sus casas”, pues el mal tiene muchas otras retículas, como, por ejemplo, el nacionalismo (con o sin estado), pero de lo que estoy seguro es que El contagio sagrado es una antorcha que ilumina y calienta.

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Autor: Holbach. Título: El contagio sagrado: Historia natural de la superstición. Editorial: Laetoli. Venta: Amazon

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