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Henar Álvarez: “Hay cosas de las que prefiero reírme para no vivir en una frustración constante”

Henar Álvarez: “Hay cosas de las que prefiero reírme para no vivir en una frustración constante”

Cuenta la humorista Henar Álvarez (Madrid, 1984) que, a los pocos meses de nacer su hijo, su “razón colapsó”: “Además de que mi cuerpo era una rave que fabricaba leche, mi cabeza luchaba contra la idea de convertirme en la mamá de”. La maternidad le proporcionó dos miedos: por un lado, temió perder espacio en su carrera profesional; por otro, que fuera olvidada “como ser deseante”. De ahí que sitúe la acción de su novela gráfica y autobiográfica La mala leche (Planeta, 2020), ilustrada por Ana Müshell, a los pocos meses de nacer el hijo de la protagonista, que es ella o, si lo prefiere el lector, su álter ego Nani, y de ahí esa reivindicación humorística, voraz, cáustica y, a la vez, llena de ternura del deseo femenino, que “sigue siendo una mancha que te marca como un sujeto peligroso”. Sobre todo ello, y sobre el futuro de la monogamia, y sobre los referentes culturales femeninos en la educación, y hasta sobre Maradona y Paula Dapena, entre otros temas, conversamos:

—Henar, ¿en qué se parecen Dios y Bertín Osborne?

—No sé si existe Dios. Teniendo en cuenta lo puñetera que es la naturaleza con las mujeres, esto de que somos nosotras las que tenemos que parir, que si la regla, que si los ovarios poliquísticos, en fin, todas estas cosas que nos vienen por biología, pensaba: “Si Dios existiera, tendría que ser un señoro de cojones y, además, con un nivel de misoginia bastante alto”. Entonces, a la hora de decidir quién podría ser, me pregunté: “¿Por qué poner a un señor con barba blanca que me recuerda a Dumbledore y es una buena persona?”. Por alguna razón, me vino Bertín Osborne.

—¿El deseo femenino tiene algo de marca de Caín? ¿Arrastra algún tipo de sospecha?

"Todas las mujeres que conozco han recibido su primer “puta” entre los trece y los quince años"

—Tiene más de prohibido que de sospechoso. Es decir, puedes sentirlo si quieres, pero no lo cuentes, porque como que te roba el honor, ¿no? Y es verdad que en otras culturas se muestra todavía de una manera mucho más clara, pero en la nuestra creo que sigue existiendo. Todas las mujeres que conozco han recibido su primer “puta” entre los trece y los quince años. Y, muchas veces, por cosas que ni siquiera son sexuales. Pero es una manera de calificarte que ya te va indicando el camino que tienes que vivir, o de qué manera tienes que vivir, para que la gente te respete. Entonces, claro, uff, es bastante fuerte. Vivimos en una sociedad en la que la mujer más venerada fue madre siendo virgen. Imagínate todos los bulos que hay que derribar.

—Sobre eso, escribe en el epílogo de La mala leche: “Me enseñaron que la mujer más venerada en el lado del mundo que me tocó nacer concibió virgen. Y, al principio, esto tampoco me sorprendió”. ¿Cuándo dejó de sorprenderle?

—No hace mucho, en realidad. Recuerdo que, cuando era pequeña, mi abuelo siempre me decía, y tampoco sé por qué, algo haría para que me lo dijera: “La mujer del César no sólo tiene que ser decente, sino parecerlo”. Creo que en ningún momento me ha dejado de sorprender. Sí hubo un momento en que me empezó a dar igual. Puede que haya habido dos razones: una, que me he hecho mayor, que tengo una familia, mis amigos de siempre y hay cosas que dices: “Me la suda”, que digan lo que quieran; dos, cuando empecé a escribir comedia, creo que el humor te ayuda a quitarle hierro a todas las cosas. Cuando cuentas algo con tres chistes, parece menos grave. Entonces, mi manera de ver la vida desde que escribo comedia, desde hace casi diez años ya, ha cambiado sustancialmente. Hay cosas de las que prefiero reírme para no vivir en una frustración constante.

—La mala leche es un libro humorístico, pero a usted le ofrecieron escribir un ensayo feminista.

"Que editoriales me hayan llamado para escribir un ensayo feminista me ha pasado tropecientas millones de veces. Y no me apetece"

—Que editoriales me hayan llamado para escribir un ensayo feminista me ha pasado tropecientas millones de veces. Y no me apetece. Yo soy guionista, cómica. Lo que hago es comedia. No quiero escribir un ensayo. Hay un montón de mujeres maravillosas que están en las universidades y demás y que seguro que pueden escribir unos ensayos maravillosos. Creo que no tengo nada que aportar en ese sentido. Al final, conseguí que una editorial me dijera que no pasaba nada, que hacíamos una novela, empecé a escribir y me pidieron el primer capítulo. El tono era muy parecido al de La mala leche, que es el mío, y ufff… Habíamos tenido casi todas las conversaciones por teléfono y ese día me dijeron: “¿Puedes venir?” (risas). De manera delicada, me dijeron que las mujeres no hablan así, que eso no iba a gustar ni a vender. Me acordé de Fóllame, de Virginie Despentes. ¿Cómo que no vende? ¡Que sí, que sí que vende!

—Le dijeron que “las mujeres no hablan así”… Me pregunto cómo creen que hablan las mujeres.

—¡Claro! Yo creo que los estereotipos están demasiado arraigados. Y es un problema para todo, para vender todo. Este es mi primer libro, pero yo me dedico a la televisión y a la radio, y a veces sientes que tienes que estar peleando contra unos monstruos que son antiquísimos. Las series nos han hecho un favor bastante grande. Al triunfar series como Transparent o Fleabag en el extranjero, la gente ha empezado a ver que hay otro tipo de perfiles, que las mujeres no somos un único estereotipo que tiene que ser agradable, dulce y tal, y que se pueden hacer otras cosas y que hay un público que lo está buscando. A mí me pone muy nerviosa porque, ahora menos, pero al principio, sobre todo, me decían que parecía un hombre haciendo comedia. Y yo: “¿Perdón, por qué me lo dices?”. “Porque hablas mucho de sexo”. ¡Es mentira! Lo que pasa es que llama muchísimo la atención que una mujer hable de sexo, aunque sea una de cada diez veces. También me decían que a veces era muy bruta. ¿Qué pasa? ¿Que hacer comedia o comportarte como un hombre, qué significa? ¿Comportarte de manera libre? Entonces, OK. Claro que me comporto como un hombre. Pero yo tengo que poder hacer las cosas que me dé la gana.

—Leyendo su libro, me acordé de algo que me dijo Fernando Savater hace unos meses. Le pregunté si un hombre podía ser leal y, a la vez, infiel. Me respondió que “el sexo es como la gastronomía”: “Te comes la paella, disfrutas, le das las gracias y punto. El amor no es eso. Ahora, la lealtad, sí. O sea, la persona a la que amas sí puede exigirte que siempre estés cuando se encuentre frente al abismo”. ¿Lo comparte?

"Yo llevo siete años con mi pareja. Si me entero algún día de que mi pareja se ha acostado con alguien, me da igual"

—Leí esa entrevista, sí. Si tienes a una persona a la que quieres y se encuentra mal o frente al abismo, tú tienes que estar. Lo veo completamente. Pienso que se ha sacralizado, no sé cómo decirlo, el sexo demasiado. A mí, una infidelidad me da un poco igual. Yo llevo siete años con mi pareja. Si me entero algún día de que mi pareja se ha acostado con alguien, me da igual. Si tú me quieres, estamos juntos y tenemos una vida en común, ¿voy a tirar todo eso por la borda por un polvo de un día? ¡Estamos locos! No voy a tirar todo eso ni de coña. Luego, como hay tantas teorías, como el poliamor este del que se habla… Toda la gente que me ha hablado de sus experiencias, salvo excepciones, me han contado cosas un poco macabras. Las cojo con pinzas, me falta leer sobre el tema. Al final, todas las amigas que se han encontrado en una relación de estas me han contado que ellos hacen lo mismo que hacían antes, solo que abiertamente, en plan: “Vivo en tu casa, intento follarme a tus amigas, solo que ahora lo hago en tu cara y, si te enfadas, digo que eres una antigua”. Y es como, hostias…

—¿La monogamia tiene futuro?

—¡No, ninguno! ¡No lo ha tenido nunca! La teoría está superbien, pero nosotros vemos las películas, los libros de toda la Historia de la Humanidad, desde que se escribe, y bueno, el sistema estaba hecho para que sólo lo pudiera tener la mitad de la población. Los hombres siempre han tenido sus amantes y sus casas con sus queridas. Bueno, y la prostitución está a la orden del día.

—En el epílogo, escribe: “Después de toda una vida encadenando parejas mayores que yo, reparé en que la inmensa mayoría eran tipos a los que admiraba intelectualmente. Una proyección de lo que yo quería ser; más que de lo que me quería follar”. Cuénteme más sobre esto.

—Eso tiene que ver con cosas que nos han enseñado, con construcciones sociales. No es que haya tenido la sensación, es que era así: la sociedad te enviaba el mensaje de que yo, como mujer, valgo por lo joven y lo guapa que sea, y un hombre vale por el prestigio y el poder que tenga. De ahí vienen muchas cosas, desde que nosotras no queremos decir nuestra edad, nos teñimos el pelo constantemente, intentando aparentar ser más jóvenes de lo que somos, mientras que ellos… Se han hecho muchos chistes: señores gordísimos, con pelos en las orejas, diciendo que las tías que no se depilan son unas guarras. ¿Por qué? Porque da igual, porque su valor reside en otro sitio. Hemos ido encontrando parejas o buscando parejas que respondían a estos patrones. En realidad, las mujeres poderosas han cambiado eso, les sale solo. He querido reflexionar sobre si podría ser feliz con un chico que fuera como guapo y divertido, o tampoco muy divertido, que para eso estoy yo (risas), y que no me aportara nada más. Tengo amigos que tienen novias muchísimo más jóvenes, guapísimas, algunas listas, otras no, y son felices. Y, en mi círculo cercano, al revés no lo he visto. Es más, lo he vivido: yo he sido parte de ese tipo de parejas. Pero, al contrario, no lo he visto. Lo he visto en Madonna o en Cher, pero no a mi alrededor. Tuve una pareja que me llevaba seis años. Parece poco, pero ostras, es muchísimo.

—Se pregunta “dónde estaban las mujeres con prestigio cuando era niña”. ¿Se sigue educando en el machismo?

"Cuando leí por primera vez a Emilia Pardo Bazán, dije: ¿Pero cómo es posible que a esta señora yo no la haya estudiado en el instituto?"

—Absolutamente. Me da mucha rabia, sobre todo, las cosas que pasan en los colegios. Tengo un niño de cuatro años y hay que empezar a modernizar cosas. Les siguen diciendo que a las fiestas de disfraces ellos van de caballeros y ellas de princesas. Ostras, no puede ser eso. No puede ser que yo esté educando a mi hijo en igualdad y quitarle de encima todos estos estereotipos en casa, y que luego en el colegio me los estén tirando por tierra. Y eso, desde que son superpequeños. Pero es que pienso incluso en el instituto, y joder… Es que, además, los conocimientos son tremendos. Yo me di cuenta, pasados los treinta años, de que no había leído a mujeres. Y tío, yo he leído mucho. Me he puesto a investigar y es una bola que nunca acaba y de la que estoy aprendiendo y disfrutando mucho. Cuando leí por primera vez a Emilia Pardo Bazán, dije: “¿Pero cómo es posible que a esta señora yo no la haya estudiado en el instituto?”. Porque, además, ya no es que los libros sean la hostia: es que te pones a investigar su vida y dices: “¡Pero si esta señora era Dulceida del momento!”.

—¿Y cómo cree que podría revertirse esta situación?

—Es dificilísimo. Lo primero, con medidas políticas, por supuesto. Y con leyes. No sé cómo va… No debería ser una cosa sólo del Ministerio de Igualdad: hay un Ministerio de Educación también. Tendría que tener en cuenta que los programas que se estudian en los colegios sean no paritarios, sino acordes a la realidad. Ahora, por ejemplo, con las series y las pelis de Netflix y tal, hay mucha polémica, hay gente en las redes quejándose: “Buah, tío, siempre están como para meter a una mujer o a un personaje LGTBI con calzador”. No, macho: con calzador era no meternos. Las mujeres, los maricas, la gente trans, los negros y las negras somos parte del mundo. Claro, al final, creo que las obras culturales son lo más importante para la educación de la gente. Muchísimo más que lo que te puedan enseñar en el colegio o en tu casa. Y si no nos muestran, es como si no existiéramos. Y esa visión del mundo sería completamente irreal.

—Afirma que, cuando fue madre, su “razón colapsó”.

"Hay nueve meses para gestar al niño, pero hay otros nueve meses hasta que tu cuerpo empieza a estar bien"

—Nuestro cuerpo es un sindiós. Cuando estás embarazada, todos los órganos se suben, porque tienes que hacer hueco para tener al bebé. Luego, eso se vuelve a colocar. Tu cuerpo, durante ese tiempo, no está bien. Hay nueve meses para gestar al niño, pero hay otros nueve meses hasta que tu cuerpo empieza a estar bien. Luego, está el tema de las depresiones postparto, que son superhabituales. En mi caso, en particular, lo pasé mal porque, primero, tenía miedo a perder terreno en mi carrera profesional, y segundo, porque cuando tuve a mi hijo, los hombres no tenían el mismo permiso paternidad que yo. Mi novio tuvo un mes sólo, y yo tenía cuatro meses. Una vez que él hace su mes y se va a trabajar, yo siento que a mí, por ley, me están obligando a convertirme en un ama de casa de los cincuenta. Cosa que no he sido en mi vida: yo no sé poner una lavadora. No cocino. Lo siento mucho, pero no soy ese tipo de persona. Entonces, me encuentro con que tengo que estar completamente sola, con un bebé de un mes y encargada de una casa. Lo pasé fatal. Acabé renunciando al último mes de baja de maternidad: si no, iba a tener una depresión que me iba a morir. Y me fui a trabajar.

—¿Existe una brecha de género en los humoristas?

—Totalmente. Bueno, no: no existe una brecha de género en los humoristas. Existe una brecha de género en los programas mainstream cuando tienen que contratar humoristas. Humoristas chicas hay un montón. En los dos últimos años, casi todos los nombres que han salido nuevos y petándolo son todo tías. Se están haciendo podcasts bastante interesantes y, si te das una vuelta, cosas de tías hay muchísimas y muy buenas. Lo que falta es que se nos dé oportunidad en medios de comunicación gordos. No me puedo quejar, porque trabajo en La Ser, he estado en La 1 y tal, pero soy una excepción.

—Para terminar: usted fue futbolista y árbitro. ¿Está al tanto del acoso sufrido por la futbolista Paula Dapena por sentarse y dar la espalda en un homenaje a Maradona?

—Me parece estupendo lo que hizo esta chica. Creo que fue Concepción Arenal la que dijo algo así como “si es un canalla, pero sus canalladas sólo las hace contra las mujeres, seguirá pasando por caballero”. Durante mucho tiempo se han tenido iconos bajo este debate absurdo de separar la obra del autor. Con esta coña, hemos tenido unos iconos terribles, a los que se les ha permitido en vida hacer unas cosas terribles para con las mujeres, pero como entonces no teníamos la voz ni los micrófonos… En esto, han ayudado mucho las redes sociales. Si una persona es un maltratador, un pederasta y un desgraciado, vamos a estar ahí para decir “tu ídolo es una mierda de persona”, y no hay marcha atrás.

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