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Rafa Pons: «La autoficción es un campo de minas que no me apetece volver a atravesar»

Rafa Pons: «La autoficción es un campo de minas que no me apetece volver a atravesar»

Siempre han existido los artistas multidisciplinares. Aute pintaba y componía, Leonor Watling ha cosechado aplausos tanto en su faceta de actriz como en la de cantante, y Hovik Keuchkerian pasó del boxeo a la poesía, y de ahí a interpretar monólogos cómicos para acabar en La casa de papel con un papel destacado. Woody Allen, Clint Eastwood o Bob Dylan… la lista es inmensa. A ellos hay que sumar por méritos propios a Rafa Pons, a quien la etiqueta de «cantautor» ya se le ha quedado corta. Tras notables éxitos con sus discos, obteniendo premios y el favor del público gracias a temas que mezclan humor, profundidad en las letras, rimas imposibles y ritmos con fuerte influencia del rock, ahora se lanza al ruedo literario con su primera novela, Las cabezas (Editorial Noviembre, 2020), con la que se desnuda en una autoficción que es una carta de amor a la música y una investigación emocional con tintes fantásticos. Como en sus canciones, deslumbra con sus toques irónicos, mirada lúcida y reflexiones agudas. En Zenda os traemos una charla que tuvimos con el autor, donde nos desvela alguna de las claves de su nueva obra.

—¿Por qué autoficción?

—Esta historia adquiría todo el sentido si nacía desde mi punto de vista. Me atrajo fantasear con algo que podría suceder perfectamente en un concierto mío, y por eso me animé a escribirla desde ahí.

—¿Dónde empieza el Rafa persona y dónde acaba el Rafa personaje?

"En la primera revisión de la novela eliminé como 70 páginas de biografía, y añadí unas 40 más de trama"

—Ha sido complicado encontrar el equilibrio. La trama es ficción, pero el cemento con el que se construye el personaje es mi vida real, una visión de ella quizás un poco sesgada para centrar el foco en lo que más me convenía contar, pero mi vida al fin y al cabo. Y eso ha sido muy delicado de manejar. En la primera revisión de la novela eliminé como 70 páginas de biografía, y añadí unas 40 más de trama. Balancear todos esos aspectos ha sido lo más complejo para mí.

—En Las cabezas cuentas cosas de tu familia, de tus amigos, de tu infancia, incluso pensamientos interiores que quizá sean recibidos con sorpresa. ¿No tienes miedo de exponerte tanto? Porque, aunque mucho sea ficción, habrá gente que lo tomará como real, al ser tú mismo el protagonista.

—Hacer canciones tiene mucho de desgarro emocional, pese a que parezca que estás mas camuflado al envolverte por la música o por la ironía, como es mi caso. Alguna gente que lo ha leído no diferencia mucho la parte personal de la que es ficción, y otros sin embargo la notan demasiado. Yo creo que la necesidad del protagonista de trascender su realidad mediante la ficción es en el fondo el principal argumento de la novela, y parte de la gracia de la historia es esa paradoja que se produce entre verdad e imaginación. Sea como sea, yo de este libro salgo convencido de seguir escribiendo ficción. Algo se ha destapado en mí como escritor y estoy seguro que voy a intercalar novelas con discos de ahora en adelante, pero también estoy seguro que no volveré a pisar el terreno, creo, de la autoficción, porque es un campo de minas complejo que no me apetece volver a atravesar.

—Entre tus temas aparecen muchas historias cantadas. Pienso en “La mosso”, “La turca” o “Los reyes del mundo”. Asimismo, en Las cabezas hay varias historias de otros tantos personajes. ¿Qué diferencias has encontrado a la hora de pasar de un formato a otro? De hecho, en la propia novela se intercalan pequeños relatos de algunos personajes.

"Si en un par de versos cuentas que era un delincuente, mejor que en cuatro"

—En una novela hay muchas ideas, en las canciones o en los cuentos no tantas. Más de dos me parece complicar la narración en exceso. En las canciones que son historias, como las que mencionas, es importante tener en cuenta la economía narrativa. El espacio que tienes adjudicado para explicar la historia es acotado, y mejor no perder mucho tiempo en adornos. Si en un par de versos cuentas que era un delincuente, mejor que en cuatro. En el caso de los relatos cortos es parecido. Además en este caso, en la novela, lo complejo es que estos relatos eran visiones sobre el público que tengo yo al cantar. Era importante ser claro y no marear mucho con el foco.

—En muchas de esas canciones también eres el protagonista, como en “Empecé la noche con Noriega” o “Rafita Perestroika”.

—Los cantautores vendemos un personaje que se parece muchísimo a nosotros, te diría que es casi idéntico, 99% de pureza, pero necesitamos ese 1% de disfraz para sobrevivir al ego y a la exposición pública. Al menos yo me digo eso para no volverme loco.

—Muchos autores han empezado a introducir listas de reproducción con la BSO de sus libros. Las cabezas también cuenta con una, con la salvedad de que la mayoría de las canciones están compuestas e interpretadas por ti. Se podría decir que son complementarias.

—La música sobrevuela toda la novela. No solo por ser yo el protagonista, sino porque aparecen amigos de mi ecosistema que también son cantautores, y la influencia de la música en los protagonistas está siempre patente. Que hubiera una lista de reproducción de la novela era algo muy apetecible, creo.

Las cabezas es autoficción, pero contiene elementos del género negro, humorísticos e incluso fantásticos. ¿Cómo fue hacer este cóctel?

"En el fondo la salud mental es un estado hacia el que tender y no tanto un requisito social"

—La novela cuenta la historia de cómo un tipo absolutamente racional y escéptico puede en una situación de presión emocional sentirse atraído por lo metafísico y por las experiencias trascendentes. Para ello se convierte en una especie de detective esotérico muy torpe, a la vez que asume con humor que en el fondo la salud mental es un estado hacia el que tender y no tanto un requisito social.

—Aunque sea tu primera novela, no es tu primera publicación. Hace unos años apareció A cuento de nada, un libro de relatos.

—Sí. Eran relatos cortos muy variados en cuanto a estilo y temática. Podíamos pasar de una sordidez máxima al romanticismo total y encontrar otro en clave negra. Me encantó escribirlo y gustó mucho, pero me apetecía regresar con algo diferente.

—Has llenado el Palau de la Música, has tocado en el programa de Buenafuente, has hecho giras por España y Argentina… ¿Por qué este cambio?

—Porque en el fondo mi vocación no es tanto la música como la hoja en blanco. Yo amo crear historias, y creo que en las letras de canciones es donde más he desarrollado un estilo propio y una voz, pero poder expresarme en otros formatos, como la novela, me completa y me hace muy feliz. Además, son procesos diferentes. Cuando terminé la primera versión de la novela empecé a escribir nuevas canciones. Es un lujo poder alternar procesos creativos.


—“Ellos son de Maradona y nosotros de Torrente”. Es un verso de tu canción “Follón quilombo”. ¿Cómo es tu relación con Argentina?

—Siempre me atrajo su cultura y su gente. Cuando aterricé ahí en 2010 para una gira con Marwan me sentí enseguida como en casa. Después me he casado con una argentina y mi hijo nació allí, con lo cual ya el vínculo es definitivo.

—Se te ha visto muy activo en este 2020, pese al coronavirus. Conciertos, un videoclip con Conchita, retransmisiones en YouTube… ¿Cómo te ha afectado el confinamiento?

"No existe persona que haya salido impune de esta pandemia. A todo el mundo le ha afectado emocionalmente atravesar esta experiencia"

—No existe persona que haya salido impune de esta pandemia. A todo el mundo le ha afectado emocionalmente atravesar esta experiencia. Yo tuve suerte porque mi familia ha estado sana y también porque me agarró en Argentina junto a mi mujer y mi hijo, recién llegado de mi gira por España, así que no me puedo quejar. Aproveché para finalizar las correcciones de la novela, para hacer conciertos online y para sacar un tema nuevo con Conchita, «El fin del rumbo», que es como yo definí esa etapa: todos los planes se fueron al carajo y hubo que aceptarlo.

—¿El futuro era mejor?

—Por supuesto. Ese es el título del pódcast que hacemos junto a Pau García Milà desde hace dos años en el que, como si fuera un bar, reflexionamos sobre si la tecnología ha hecho peor o mejor el mundo. Antes de tecnología te hablaban solo los expertos. Hoy en cualquier comida familiar con tus padres es casi el tema principal. Es muy entretenido debatir sobre estos temas, y nos escucha mucha gente. Somos felices haciéndolo.

—¿Qué estás leyendo ahora?

Subtitulado, el libro biográfico recién publicado por mi querido amigo Zambayonny, en la editorial Orsai. Zambayonny es un artista argentino al que admiro mucho y que siento como mi alma gemela musical. En 2021 publicaremos un disco conjunto que en breve grabaremos y que nos tiene muy ilusionados.

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