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Ikiru, poemas de Carolina Sarmiento

Ikiru, poemas de Carolina Sarmiento

Mientras escribía Ikiru fui sin duda más feliz. Tenía el foco atento a la vida. Anotaba lo que me rondaba al escuchar las gaviotas, al verme reflejada en un lago, al sentirme yo misma. No pasaban desapercibidas para mí las incertidumbres, las intuiciones. Un día, por ejemplo, me encontraba en la cafetería de la Laboral, sentada frente a los enormes ventanales. Estaba sola, y lo normal es que en ese momento hubiera sacado el móvil. Me lo prohibí y me dije: “Mira enfrente, mira esos jardines, fíjate en el agua y al fondo esas montañas”. Tuve un momento de paz y de pausa. Luego, indagué en ello.

Zenda reproduce varios poemas de Ikiru, poemas de Carolina Sarmiento.

 

Vivo en otra,
no soy yo
los días que no piso tierra,
que no escucho
de las ramas,
de las olas
su rumor.

Días que vivo en off,
días que no río,
que no leo
ni abrazo
ni bailo.

Días que cumplo días
sin ser yo

 

Desnuda e inmersa bajo el agua,
con la respiración contenida,
desaparecida e ingrávida.
Bajo la ola.
Tan viva.

 

Al fin he encontrado mi hogar,
humilde y acogedor,
cuando descalza piso
la arena cálida de la playa.

No olvides que la noche llegará,
me recuerda la luna.

Y parece inocente y bella,
en su amenaza de insomnio,
también de día.

 

Intento llenar tu memoria de saltos de olas,
sombras de robles, fresas silvestres,
para que si algún día te pierdes
—que lo harás—
encuentres el camino de vuelta a la tierra.

Los caracoles, la luna de día,
rodar juntos sobre tréboles,
por si algún día te pierdes
—y sucederá—
que las moras en la zarza te guíen.

 

Esa mirada callada.
Ojos silenciosos a distancia.
No perviertan las palabras
lo que intuyo que me cuentas.

 

¿Habrá respuesta más difícil
que a qué tal todo?
¿Qué abarca todo
en un instante?

 

Ante el temor
me concentro y respiro.
Dudo si con cada aliento
doy vida o me la quito.

 

Detenerse ante el lago
y buscar en él la respuesta
de quién es ese reflejo que tiembla
y bajo una nube desaparece.

Es alguien sin género,
aún más desdibujado que yo,
aún más inseguro,
y sin embargo bello en su enigma,
en su huida tras un pato,
en su dispersión con el viento.

Fiel es este espejo
de agua, ramas, gotas de lluvia,
que explota con una pedrada,
y silencioso
vuelve solo
poco a poco
en sí.

 

Se empeña en convencerme
de que existe la belleza.
Con descaro florece tras una noche de disparos
y también su nombre, hibiscus,
tal vez tan bello como su pétalo de terciopelo.
Me arrodillo y lo acaricio.
Venero la vida.

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Autor: Carolina Sarmiento. Título: Ikiru. Editorial: Gravitaciones. Venta: en la web de la editorial