La última novela de Sara Barquinero, según ha señalado su autora en numerosas entrevistas, encuentra su origen primigenio en la indignación. Y escribo indignación, y no furia o arrebato, porque no se trata de un acceso violento, sino de una reacción articulada en forma de obra a las ruinas del edificio universitario. La chica más lista que conozco, publicada por Lumen en marzo de este año, narra la historia de Alicia, una joven de provincias que se traslada a la capital para estudiar Filosofía y acaba enfrentándose a un profundo desengaño académico, amoroso y vital. La historia, que hubiera podido convertirse un ejercicio de crítica al estamento universitario, ha logrado, sin embargo, subvertir las reglas de su género literario.
Sara Barquinero retoma estos elementos fundamentales del género, pero aporta novedades de gran valor: la novela está protagonizada por una mujer, lo cual es excepcional en nuestra tradición, y la vertiente de educación sentimental se transita a través de una compleja relación alumna-profesor. Tales factores permiten que la autora desarrolle una crítica al sistema universitario que escapa de la queja habitual para configurarse como un diagnóstico elaborado sobre las condiciones que perturban la producción y difusión del saber. Los elementos que más espacio ocupan en la novela son la desigualdad de poder entre quienes entablan relaciones en el ámbito universitario, el machismo institucionalizado y la ineficacia de los mecanismos públicos para prevenir situaciones de abuso.
La disociación entre el discurso público y la vida privada constituye otro de los ejes centrales de la novela, al dotar a los personajes de una complejidad verosímil y asumible para el lector, lejos de cualquier caricaturización extrema. Asistimos con claridad al contraste entre el ideario que se defiende en el espacio público (feminismo, protección de la mujer, denuncia de las estructuras patriarcales) y unas prácticas privadas que no se rigen por esos mismos principios. Se trata de postulados con un alcance ético que, sin embargo, no logra permear en quienes los sostienen, ya sea por interés profesional o personal, vaciándolos de su fundamento. Este desplazamiento abre una reflexión más amplia sobre la defensa de las ideas políticas en los espacios progresistas y sobre la necesidad de que estas trasciendan su dimensión retórica o instrumental como capital político, económico o cultural para adquirir una eficacia real en la protección de las mujeres, tanto en estos como en otros ámbitos. En este sentido, debe reconocerse la valentía del planteamiento de Sara Barquinero, que no elude las condiciones en que se articula la protesta colectiva (manifestaciones, escraches) y permite asomarse a la complejidad vital de los sujetos implicados.
De este modo, la novela revela que incluso los espacios que deberían funcionar como ámbitos de prevención y protección acaban convirtiéndose en lugares tensionados y, en última instancia, amenazantes. Me refiero tanto a los dispositivos institucionales (las Unidades de Igualdad) como a los espacios de articulación colectiva, entre ellos la agrupación feminista universitaria que aparece en la novela. La explicación de este fenómeno ha de buscarse en la propia estructura universitaria, cuyas dinámicas perversas terminan por infiltrarse en aquellos lugares destinados precisamente a contenerlas. Así, lo que podrían ser espacios de protección común y de respuesta colectiva se transforman en reproducciones de las lógicas académicas: luchas departamentales, tensiones entre la protesta y el silencio en función de las expectativas de promoción, o relaciones marcadas por una acusada verticalidad.
Para que estas dinámicas se sostengan, entra en juego uno de los mecanismos más analizados por la novela: la exclusión. Esta se configura como eje vertebrador de las relaciones humanas, sustentadas en el goce mezquino de una superioridad que se afirma mediante la ausencia o el rechazo del otro. Son numerosos los personajes que persiguen esa posición con insistencia, en una huida constante de una mediocridad que quedaría al descubierto si las ideas se confrontaran libremente en el espacio público, un espacio vertebrado, a su vez, por la desigualdad. Para evitar esa revelación, y con ella la pérdida de un liderazgo que no siempre se corresponde con las capacidades intelectuales reales, se activan mecanismos de sometimiento y rechazo. Esta forma de arrogancia hunde sus raíces en una tradición histórica, antropológica y literaria que podría vincularse a la heroización del sabio. La universidad aparece así como la cúspide de esa casta, cuyos miembros legitiman el poder que detentan en virtud de su supuesta sabiduría. Sin embargo, cuando esta se ve cuestionada colectivamente, el sabio pierde el lugar que ocupa en el orden simbólico: se desmorona, con ello, el fundamento mismo de su autoridad.
La fragilidad de esta autoridad permite introducir un aspecto clave de la novela de costumbres universitarias: el humor. Este se infiltra en la construcción de todos los personajes, aunque incide de manera particular en aquellos que ostentan posiciones de poder, convertidos en víctimas de un doble ridículo, personal y profesional. El humor aplicado a su decadencia no solo expone su desgaste individual, sino que permite entrever la quiebra de un sistema sostenido sobre un conocimiento vacuo, impostado y escenificado mediante un uso retórico del saber que abandona las grandes preguntas para replegarse en lo literal, lo anecdótico o el latinajo complaciente. De este modo, se despliega una de las reflexiones más sagaces de la obra: el conocimiento no constituye necesariamente un camino hacia el bien, y quienes parecen ostentarlo no son sino enmascarados.
Esta desarticulación del saber y de quienes lo encarnan se proyecta también en la estructura misma de la novela, dispuesta en torno a los ciclos escolares, como es habitual en las novelas de costumbres universitarias. Parte de las novelas del género cuenta con una vertiente de catecismo doctrinal que incluye paratextos didácticos y notas explicativas. Sara Barquinero convierte el formato doctrinal en uno probatorio a través de un sistema de hipótesis, observaciones y demostraciones que amplían las reflexiones de la autora. Estas se acompañan de una bibliografía enriquecida, que sitúa la obra en la frontera de los géneros didácticos.
Con esta novela, Sara Barquinero no solo reactiva un género poco transitado en el panorama contemporáneo, sino que lo somete a una serie de tensiones que le devuelven toda su vitalidad. Así, la novela se convierte en un dispositivo crítico de primer orden, capaz de interrogar las relaciones entre saber, poder y experiencia en el presente. El sistema universitario es algo más que el fondo de la trama, propagando una lectura más extensa de nuestro tiempo, en la que el saber pierde su promesa de redención y, en su versión más artificiosa y superficial, se revela como una forma más de poder.
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Autora: Sara Barquinero. Título: La chica más lista que conozco. Editorial: Lumen. Venta: Todos tus libros.


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