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Jo Nesbø, más allá de Harry Hole

Jo Nesbø, más allá de Harry Hole

Soy fan de la negra. Lectora empedernida de historias con cadáver incorporado protagonizadas por detectives, policías, guardias civiles, periodistas u otro tipo de sabuesos. Un género que me cautiva porque refleja la sempiterna lucha entre el bien y el mal, expone sin miramientos el lado oscuro de la naturaleza humana, y plantea la búsqueda de la verdad, desvelar lo que realmente ha ocurrido entre capas de mentiras, suposiciones y medias verdades. Soy adicta a la negra y sigo siéndolo, pese a la deriva hipertrófica de un género que ha poblado de psicópatas hasta el último rincón de la España vaciada. En virtud de las últimas oleadas negras cada vez más municipios españoles pueden ufanarse de contar con su propio caso criminal de ficción, investigado la mayoría de las veces por una inspectora de mediana edad, en plena forma que arrastra algún trauma de su pasado. Es lo que podría llamarse el Síndrome de Plinio. García Pavón alucinaría: toda España es Tomelloso, un hervidero de asesinos y víctimas ultimadas de forma más o menos truculenta. No lo critico, cuantos más libros e historias, mejor, pero mosquea que en ocasiones las editoriales mezclen churras con merinas por eso de aumentar las ventas.

De mi adolescencia recuerdo las entrañables crónicas rurales de García Pavón o novelas como La casa torcida, la que más me impresionó de Agatha Christie, porque la asesina —cuidado que va spoiler— es una chica de trece años, la misma edad que yo tenía cuando la leí. Fue el principio de una larga amistad con lo noir que me ha ayudado a escapar de lo gris. De haber sido una mente monotemática, debido a mi actividad como periodista cultural, podría haberme convertido en una autoridad en la materia, pero prefiero el caos creativo. En el Vip de Fuencarral de Madrid, en los quioscos de las Ramblas de Barcelona y en distintas librerías, como París-Valencia de la Gran Vía Marqués del Turia fui acopiando a lo largo de los años una voluminosa biblioteca negra de la que tuve que desprenderme con pesar por falta de espacio. Los libros volaron pero los autores siguen ahí.

"Nunca he practicado la idolatría literaria, pero en el caso de Nesbø es inevitable quitarse el sombrero ante él"

Manuel Vázquez Montalbán, Alicia Giménez Bartlett, Lorenzo Silva, Fred Vargas, John Conolly, Dennis Lehane, Donna Leon, Benjamin Black, Pierre Lemaitre… Son sólo una mínima muestra de mis preferidos, entre los que debo incluir en lugar de honor al noruego Jo Nesbø. Por eso me alegra que venga esta semana a la capital del Turia como invitado estrella del Festival VLC Negra que se celebra del 11 al 20 de mayo, donde recibirá el Premio González Ledesma, aunque no pienso ir a hacer cola para que me firme un libro. He conocido a suficientes escritores para saber que la distancia entre la persona que imaginas que es quien te ha seducido con sus palabras y la persona que realmente es el autor, a veces resulta tan abismal e infranqueable que puedes sufrir tremendos chascos.  Hay que felicitar a los organizadores del evento —Jordi Llobregat, Santiago Álvarez y Bernardo Carrión— por superarse a sí mismos en cada edición. No sólo han seducido al gigante escandinavo y un par de foráneos de peso —Bernard Minier y Oliver Pötzch— y reunido a la flor y nata del noir nacional. Ofrecen un atractivo programa que incluye todas las tonalidades del negro, del carbón o betún al azabache.

Nunca he practicado la idolatría literaria, pero en el caso de Nesbø es inevitable quitarse el sombrero ante un hombre que nació un 29 de marzo, en temporada alta de hadas madrinas derrochadoras de dones. Porque, además de ser un as del balompié en su juventud —una lesión truncó su brillante trayectoria para beneficio de sus lectores—, es músico de la banda Di Derre que ha lanzado cinco discos, practica la escalada y su obra —gran parte de ella publicada en España por la colección Rojo y Negro de Penguin Random House— lo delata como una mente muy bien amueblada, y no precisamente con productos de Ikea.

¿Por qué me gusta Jo Nesbø? Muchos factores entran en juego. En primer lugar, porque ofrece garantía total de calidad. Incluso los novelistas más excelsos tienen altibajos pero con Nesbø no se corre ese riesgo. Mantiene un listón alto, a un nivel homogéneo y, aunque sus historias te pueden gustar más o menos, nunca defraudan. Su secreto es armar tramas perfectas y mantener un ritmo vibrante, in cresccendo con un dominio que quizá procede de sus conocimientos musicales. Un maestro del claroscuro con el que te adentras por pasajes del horror en los que la oscuridad boca de lobo o noche sin luna se ilumina de pronto con destellos de luz.

"Un aliciente más de sus historias es la ambientación de parajes exóticos como Australia, África o Hong Kong, donde Hole pasa una de sus crisis más profundas"

Siempre se aprende algo en sus libros, ya sean términos científicos como el giro fusiforme, circunvalación del cerebro que procesa la información visual que permite reconocer caras, objetos y textos, a sofisticados artefactos letales, como la manzana erizada de púas que usa uno de sus asesinos, o la forma de escapar de un alud de nieve. Un aliciente más de sus historias es la ambientación de parajes exóticos como Australia, África o Hong Kong, donde Hole pasa una de sus crisis más profundas.

Y por encima de todo, naturalmente, su potente personaje, el policía Harry Hole, encarnación de la fragilidad del héroe, una roca del desierto que se resquebraja una y otra vez bajo los cambios anímicos y el influjo de sus adicciones, pero que, a base de voluntad y resiliencia acaba recomponiéndose.

Su obra va más allá de Hole y con algunos títulos lo supera. Además de los trece protagonizados por él, desde Murciélago a Eclipse, todos ellos cortos y contundentes salvo La estrella del diablo y El muñeco de nieve, este último uno de sus más conocidos por haber sido llevado al cine, ha publicado cuatro novelas juveniles, la serie de «Doctor Proctor», dos de la serie «Olav Johansen» y siete de temática variada, tres de ellos editados en España que lo acreditan como un gran narrador al margen de los géneros: El heredero, Macbeth y El reino. Un total de 26 libros traducidos a 50 idiomas.

El heredero es Sonny Lofthus, un joven prometedor que cae en brazos del crimen organizado tras la muerte de su padre, un policía presuntamente corrupto, y se convierte en un chivo expiatorio carcelario, hasta que escapa para emprender un vertiginoso ciclo de venganzas desde los bajos fondos a las altas esferas.

"El Reino es sin duda su obra cumbre. Un drama con resonancias bíblicas que remite al mito de Caín y Abel y a la parábola del Hijo pródigo"

Con Macbeth Nesbø respondió brillantemente al desafío que plantearon varios escritores de replicar la gran obra de Shakespeare, y lo hizo fiel a su estilo creando una ciudad oscura, sórdida, impregnada de una atmósfera opresiva por la que deambulan seres ansiosos de drogas y poder conectados en una red de intrigas y traiciones.

El Reino es sin duda su obra cumbre. Un drama con resonancias bíblicas que remite al mito de Caín y Abel y a la parábola del Hijo pródigo con un sórdido episodio familiar de fondo y la dualidad amor/odio fraterno en primer plano. En un  páramo indómito se produce el reencuentro de dos hermanos, dos caras de la misma moneda: Roy, un hombre solitario que sabe de coches y observa a los pájaros y Carl, el más pequeño y extrovertido que regresa de Estados Unidos con su hermosa mujer tras quince años de ausencia. La reunión de los hermanos y la puesta en marcha de un proyecto que afecta a una comunidad aislada y suspicaz, despierta fantasmas del pasado que desencadenan el drama. En resumen, se podría decir que la obra de Nesbø es un sólido edificio de 26 plantas que ofrece magnífica vistas desde el primer al último piso, como si el lector oteara siempre el paisaje desde el ático.

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Susana Rudolf
Susana Rudolf
1 año hace

Quedé impactada con la lectura de este artículo. Podría haberlo escrito yo misma, en un ataque de sonambulismo (porque por cierto la autora domina mucho mejor el arte de la escritura). Suscribo cada línea y cada palabra, sobre los autores y autoras que nombra, sobre los sobreentendidos (porque quien está iniciado no necesita todos los detalles…) y casi todo sobre el grandioso Nesbo. Salvo lo que refiere a El Reino. Aclaro, por si fuera necesario, que recorrí las 26 plantas del edificio. Y El Reino me resultó difícil. Pero, Bel, me has tirado unas claves de lectura que me iluminan el camino para volver a tomarlo y confirmar que no es él, soy yo. Ya terminé el Eclipse, y si sucede lo que se cuenta por ahí, voy a extrañar a Harry…tanto como a Montalbano y a Pepe Carvalho.