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Juan de Castellanos, el olvido del Ercilla del Caribe

Juan de Castellanos, el olvido del Ercilla del Caribe

La monumental Elegías de varones ilustres Indias fue la principal obra de don Juan de Castellanos (Alanís, 1522 – Tunja, 1607), un tipo apasionante que vivió varias vidas como conquistador, aventurero, buscador de perlas, religioso y cronista de Indias.

Se acaban de cumplir en marzo los 500 años de su nacimiento en una pequeña localidad de Sierra Morena, efeméride que ha pasado desapercibida —esto es España, amigos— pese a ser el autor de uno de los mayores poemas jamás escritos en español (algunas fuentes apuntan a que es el más extenso), con sus más de 110.000 versos, la mayoría en octavas reales y endecasílabos.

"Castellanos se vio impelido a reescribir su texto en verso tras haberlo hecho previamente en prosa, un trabajo ingente que le llevó más de una década"

No sólo hablamos de cantidad sino de calidad, pues su obra no desmerece de La Araucana, de don Alonso de Ercilla, considerado el más sublime poema épico sobre la conquista de América. A la sombra de él y con probada admiración, Castellanos se vio impelido a reescribir su texto en verso tras haberlo hecho previamente en prosa, un trabajo ingente que le llevó más de una década. Así cuenta él como sus amigos le animaron a ello:

Enamorados, con justa razón, de la dulcedumbre del verso con que don Alonso de Ercilla celebró las guerras de Chile, quisieron que las del Mar del Norte también se cantasen con la misma ligadura, que es en octavas ligaduras, y ansí con ellas, por la mayor parte, he procedido en la fábrica deste ineaxusto edificio”.

De familia campesina y con escaso porvenir, Juan de Castellanos se embarcó muy joven a las Indias, como tantos otros, en busca de mejor fortuna, hazañas, aventuras y, en definitiva, de una vida mejor. Allí ejerció de soldado, participó en la industria perlífera y recorrió buena parte del Caribe, sus islas y costas. Así, estuvo en Puerto Rico, Cubagua, isla Margarita, Cabo de la Vela, Cartagena de Indias, Santa Marta, Santa Fe de Bogotá… y acabó sus días en Tunja, en el Nuevo Reino de Granada, como religioso.

"Era demasiado lo que había vivido para no contarlo"

Sus últimas décadas discurrieron en este lugar del Nuevo Reino de Granada, cumpliendo con sus obligaciones de párroco y beneficiario de la iglesia de esta localidad y recopilando sus recuerdos como testigo de vista de muchos sucesos anteriores, expediciones de exploración y conquista, soldados, capitanes y gobernadores que conoció, los lugares que sus pies pisaron, las aguas que navegó, las perlas, los temibles indios caribes, las continuas razias de piratas y corsarios… para, a la luz de una vela, plasmarlo por escrito, primero en prosa y luego haciéndolo en verso, algo al alcance de muy pocos entonces, siglo XVI, y también ahora.

Era demasiado lo que había vivido para no contarlo, así que recibía en su casa a antiguos compañeros de aventuras para refrescar y apuntalar su memoria y también a otros muchos que le narraban nuevas expediciones en las que él no había estado.

Dividida en cuatro partes, sólo la primera, que trata del descubrimiento de América y las primeras décadas de exploración del Nuevo Mundo, se publicó en vida, en 1589. La segunda y la tercera se publicaron a mediados del siglo XIX en la Biblioteca de Autores Castellanos (M. Ribadeneyra) y la última permaneció inédita hasta el siglo XX, así como el Discurso del capitán Francisco Drake incluido en la tercera y que fue censurado porque mostraba las negligencias en la defensa de Cartagena de Indias en 1586 ante el ataque del temible pirata inglés, quien ya había saqueado a sus anchas previamente Santo Domingo.

"Juan Castellanos merece ocupar un destacado lugar en nuestra Literatura, como lo tienen Garcilaso de la Vega o su admirado Alonso de Ercilla"

Por cierto, el censor de aquel discurso de Drake fue nada más y nada menos que Pedro Sarmiento de Gamboa, marino, aventurero, cosmógrafo y fundador de dos pequeños asentamientos de efímera vida en el Estrecho de Magallanes en 1584 y que tiene una biografía apasionante, repleta de gestas, pero también de infortunios y cautiverios.

Otro censor previo, el de su segunda parte de las Elegías, pone de manifiesto la estrecha ligazón entre Alonso de Ercilla y Juan de Castellanos, pues fue el insigne poeta madrileño el que ejercía entonces como acomodado censor o revisor de libros, y a sus manos llegó la citada segunda entrega del religioso de Tunja. Esto es lo que escribió Ercilla dando el visto bueno a su publicación, por considerarla ajustada a la verdad y novedosa:

Yo he visto este libro, y en él no hallo cosa mal sonante ni contra buenas costumbres; y en lo que toca a la historia, la tengo por verdadera, por ser fielmente escritas muchas cosas y particularidades que yo vi y entendí en aquella tierra, al tiempo que pasé y estuve en ella: por donde infiero que va el autor muy arrimado a la verdad y son guerras y acontecimientos que hasta ahora no las he visto escritas por otro autor, y que algunos holgarán de saberlas”.

Termino ya: en realidad este artículo sólo pretendía recordar la figura de otro soldado poeta de los que España ha dado al mundo, Juan de Castellanos, quien merece ocupar un destacado lugar en nuestra Literatura, como lo tienen Garcilaso de la Vega o su admirado Alonso de Ercilla, entre otros. La lectura de su obra fue un descubrimiento feliz y fundamental para la escritura de mi último libro.

Pero que sean sus versos los que animen a leer su monumental Elegías de varones ilustres de Indias:

“Así que no diré cuentos fingidos,

Ni me fatigará pensar ficiones

A vueltas de negocios sucedidos

En índicas provincias y regiones;

Y si para mis versos ser polidos

Faltaren las debidas proporciones,

Querría yo que semejante falta

Supliese la materia, pues es alta”.

 

“Mas aunque con palabras apacibles,

Razones sincerísimas y llanas,

Aquí se contarán casos terribles,

Reencuentros y proezas soberanas:

Muertes, riesgos, trabajos invencibles,

Más que pueden llevar fuerzas humanas,

Rabiosa sed y hambre perusina

Más grave, más pesada, más contina”.

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