Inicio > Actualidad > Entrevistas > Julieta Venegas: “Escribir un libro ha sido un ejercicio para sacarme el pudor”

Julieta Venegas: “Escribir un libro ha sido un ejercicio para sacarme el pudor”

Julieta Venegas: “Escribir un libro ha sido un ejercicio para sacarme el pudor”

La palabra soledad aparece trece veces en el primer libro de Julieta Venegas, Norteña: Memorias del comienzo, y es el título de uno de los capítulos. Julieta la ha buscado, disfrutado y también temido a lo largo de su vida. “Cuando eres joven hay una serie de cosas que te remarcan que debes evitar, y una de ellas es querer estar sola”, afirma la cantante mexicana, que reivindica “el derecho a tener un espacio al margen de los demás para poder expandirme”. Este ha sido un tema conflictivo a lo largo de su vida, que ha revisado y superado. Y ahí está seguramente el origen de estas memorias, un viaje que la ha llevado a verbalizar todo lo vivido en esa intimidad, compartirlo con sus seguidores, su familia y cualquier lector que quiera disfrutar de un hermoso libro de aprendizaje, un debut literario con mucho poso y un sofisticado toque de nostalgia.

Antes tenía una relación ambivalente con la soledad. Siempre estuvo enredada con mi espacio creativo. Necesitaba la soledad para encontrar las cosas que quería decir, pero, al mismo tiempo, al quedarme demasiado tiempo encerrada, me atacaba un agobio, una sensación de bloqueo y de no saber volver a los demás.” (Página 121)

Proyectos de escala humana

Norteña es una propuesta dual en formato de disco —que devuelve a Julieta Venegas a sus raíces— y de libro —que funciona como una bitácora del álbum homónimo—. Música y prosa componen una introspección contada y cantada que, a buen seguro, marcará un punto crucial en su carrera artística. Este artefacto literario de Julieta Venegas tiene una concepción artesanal. La artista no ha vendido su texto al mejor postor, no ha escrito una obra para añadir un producto más al merchandising; aquí Julieta se ha desnudado, y para sentirse segura en ese proceso ha querido confiar sus pensamientos más privados a cinco editoriales independientes —Almadía (México), Blatt & Ríos (Argentina), La Pollera Ediciones (Chile), Laguna Libros (Colombia) y Las Afueras (España)—. “Creo en los proyectos de escala humana, que trabajan localmente y en red, y que son las que representan lo más interesante de la literatura emergente contemporánea”, asegura Venegas. Este primer libro de la trovadora mexicana es una reconstrucción de una infancia y de una adolescencia atravesadas por un deseo, triunfar en la música. Los fragmentos del pasado encajan en este puzle de la memoria con un propósito: dar sentido a su forma de entender el mundo; con una guitarra en las manos y un micrófono en el escenario. En ese sentido, Julieta Venegas afirma: “Ha sido un trabajo en paralelo: componía las canciones y a la vez estaba escribiendo esta memoria”.

Escribo una memoria, que quiero que acompañe estas canciones. Quiero transmitir el espíritu que me dio una relación con la música, la traduzco en sonidos, en historias, la siento como paisajes que me han criado: ese espíritu que me heredó mi familia, el mismo que nos sigue uniendo. La música es alegría, es ganas de vivir y de compartir.” (Página 169)

El poder de la frontera y de la familia

La frontera no es esa línea nítida que aparece en los mapas; en la vida real es un trazo difuso que serpentea, se quiebra y desaparece sin que nos demos cuenta de que un día estuvo allí. De la frontera se ha escrito mucho; Pedro Páramo habitó una y Karina Sainz Borgo llevó allí a los personajes de su novela El tercer país. Hay muchas más referencias librescas, y Julieta Venegas también ha escrito la suya: “Esa mezcolanza me hizo ser como soy. No imagino mi vida sin esos elementos de tensión. En Tijuana sentía la presencia de Estados Unidos, sobre todo de esas personas que venían a la fiesta, y esto chocaba con una población que quería ser un lugar tranquilo. Recuerdo que había como una imposición cultural del cine y de la música de los Estados Unidos. Nosotros ni siquiera teníamos acceso a la televisión mexicana; llegaban sólo tres canales mal sintonizados. Crecí con el inglés. Y eso es criarse en una frontera, hacerlo en un lugar donde se mezclan todos estos elementos. Una de las personas que mejor representa todo esto es el escritor Luis Humberto Crosthwaite“.

Un viaje al pasado implica ajustar cuentas de alguna forma con los padres: “A los padres mexicanos les viene muy bien que escribamos nuestras memorias sobre ellos. La figura del padre ha sido siempre muy imponente en la sociedad latinoamericana, y es importante poder revisar esos conceptos. Tengo la suerte de que mi relación con mi papá cambió mucho, de cuando era chica a ahora que soy adulta, y también él cambió mucho; se ha deconstruido muchas veces. Es una relación que se ha podido revisar”, comenta Julieta.

El concepto de memoria articula las páginas de Norteña. Julieta encuentra la oportunidad de hacer una reflexión y se ayuda de la prosa: “Llegué a un momento en el cual pude sacarme muchas trabas que tenía con respecto a la escritura. Siempre había escrito diarios, pero ocultándome mucho en todas esas cosas que escribía. Las canciones te permiten contar algo autobiográfico, pero están muy abiertas a la interpretación. Llegar al texto me parecía mucho más difícil porque suponía exponerme mucho más. Entonces llegué a un punto en el que quise destrabar todo eso, no sólo por el hecho de intentar escribir, sino por poder contar todas esas cosas que me aterraba hacerlo. Escribir ha sido un ejercicio para sacarme el pudor. Ha supuesto una aceptación”, afirma la cantante mexicana.

La importancia de la palabra

Para escribir hay que leer. En un mundo en el que este axioma ha perdido todo su valor, resulta reconfortante escuchar a una autora que declara su amor por la palabra: “A la lectura le dedico mucho tiempo porque me encanta. Leo más libros que escucho música. La palabra siempre me ha inspirado; en mi trabajo y en mi vida. Al trabajar el disco y el libro como dos líneas, el proceso de trabajo fue de cocción lenta y eso me gustó. La escritura tiene que tener su ritmo; nadie la puede apurar, necesita su tiempo”. Este ejercicio memorístico llega hasta su primer disco, y, aunque exista esa línea fragmentaria, el tono fragmentario de las reflexiones nos permite aventurar nuevas entregas: “Aunque haya idas y vueltas, a pesar de que aparezcan momentos posteriores, me parecía importante ajustar la narración a ese relato cronológico hasta mi primer álbum”. Norteña finaliza con un capítulo de nombre “Presente”, en el que nos cuenta cómo descubrió que las notas y las frases que había pergeñado al inicio, y que acabaron convertidas en un disco y un libro, surgieron con un objetivo: encontrar un camino de regreso. Por ese motivo se rodeó de músicos del norte para su disco, por esa razón el libro arranca en Tijuana: porque Norteña es un viaje a lo que Julieta Venegas fue y a lo que sigue siendo.

No se trata solamente de tocar algo o saber cantar, sino de vivir la música. Y en ese sentido me enseñaron a hacerla desde chica, antes de haber sonado la primera nota. Esta relación entrelazada me reclama.” (Página 169)

—————————————

Autor: Julieta Venegas. Título: Norteña: Memorias del comienzo. Editorial: las afueras. Venta: Todostuslibros.

4.8/5 (5 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios