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La biblioteca de Rafael Narbona

La biblioteca de Rafael Narbona

Hace unas semanas fui a un pueblo precioso a las afueras de Madrid a retratar a Rafael.

En su casa abundan los animales (serpientes, lagartos, pájaros y gatos), y sólo le hice las fotos con sus perros, quizás por mi simpatía hacia ellos: creo que los perros nos hacen en cierto modo a su imagen y semejanza.

Puedes ver alguna de estas fotografías y disfrutar de su reciente entrevista publicada en esta web.

Rafael Narbona: “Tintín era mejor persona que Hergé”

En este reportaje me centré más en su visión como autor y su amor por los libros, como objeto y como bálsamo para la vida.

Disfruté mucho de la visita en su casa. Hablamos sobre su trabajo y amigos en común, y me deleité con sus antigüedades y sus magníficas bibliotecas.

Para saber más sobre Rafael:

Nací en Madrid el 20 de octubre de 1963. Mi padre era el escritor Rafael Narbona Fernández de Cueto. Crecí entre libros y papeles. Siempre me fascinó la biblioteca que trepaba por las paredes del piso del barrio de Argüelles donde pasé mi infancia. Desde muy temprano, deseé ser escritor, pero tardé mucho en publicar mi primer texto. Perdí a mi padre con ocho años y, cuando llegué a los doce o trece, descubrí que ya no se hablaba de él ni se reeditaban sus obras, algo que me desanimó mucho y me hizo pensar que escribir tal vez era un gesto inútil. Estudié filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y decidí probar suerte en las aulas. Durante dos décadas fui profesor de filosofía en centros de enseñanza media. Casi siempre di clase en barrios obreros de la periferia de Madrid. Por problemas de salud, me jubilé antes de tiempo. A los cuarenta años publiqué mi primer artículo en El Cultural. Corría el año 2000. Desde entonces, no he dejado de escribir en sus páginas. Poco después, comencé a colaborar en Revista de Libros y aún sigo haciéndolo. Como crítico literario y columnista, he publicado alrededor de mil quinientos artículos.

En 2013, publiqué mi primer libro, Miedo de ser dos (Minobitia), un texto parcialmente autobiográfico. Dos años después, también en Minobitia, publiqué El sueño de Ares, un conjunto de relatos ambientados en escenarios conflictivos, como guerras, cárceles o barrios deprimidos. Ambos tuvieron buenas críticas. En 2020, apareció Peregrinos del absoluto: La experiencia mística (Taugenit), un ensayo sobre doce místicos. Entiendo por mística la experiencia del absoluto y, esa categoría, incluyo la nada, la noche o el desamparo. En 2021, publiqué dos obras: El coleccionista de asombros (Negra Ediciones), una colección de estudios breves sobre literatura y cómic, y Retrato del reportero adolescente: Un paseo por el siglo XX (PPC), un ensayo novelado sobre Tintín. De joven, fantaseé con ser Tintín, pero creo que me parezco más Silvestre Tornasol, pero sin su talento y, ocasionalmente, puedo ser tan botarate como Hernández y Fernández.

Mi rutina es muy sencilla y felizmente reiterativa: leo, escribo, paseo. Soy sedentario. Viajo poco. Paso la mayor parte del tiempo en un pueblo de las afueras de Madrid. Me considero afortunado, quizás porque he sobrevivido a furiosas tempestades y he visto de cerca muchos abismos.

Actualmente, estoy embarcado en dos proyectos. Un ensayo que se titulará La invención del optimismo: Un viaje por la historia de la filosofía (Penguin-DeBolsillo) y La Tercera España: Una lección de convivencia para el siglo XXI (La Esfera). Se trata de dos obras que intentarán reflejar mi beligerancia a favor de la alegría, la esperanza, la moderación, la paz y la convivencia.

Nos recomienda a los lectores de Zenda:

El último espartano, de Jacques Martin (Netcom2)

Alix es un joven galo-romano creado por Jacques Martin, un historietista belga que trabajó en la revista Tintín. Siempre acompañado por su amigo Enak, Alix protagoniza aventuras que le llevan hasta Egipto, China, Persia y otras civilizaciones legendarias. Es un joven idealista, valiente, honesto e inteligente. En ese sentido, se parece a Tintín. Desde mi punto de vista, El último espartano es la obra maestra de la serie. Narra el intento de restablecer la hegemonía de Esparta desde una fortaleza escondida. Alix y Enak se convertirán en prisioneros de la reina Andrea y sus espartanos, pero —lejos de resignarse— conspirarán para frustrar sus ambiciones. Emotiva, intensa y llena de matices, la trama aborda cuestiones como la amistad, la lealtad, la traición, el valor, el respeto al adversario y el estoicismo frente a la adversidad. Es particularmente conmovedora la amistad entre Alix y la reina Andrea. El final encoge el corazón y constituye un alegato contra la guerra y la violencia.

Soy un gran admirador del tebeo. Prefiero esta expresión a cómic o novela gráfica. Tebeo suena a infancia, misterio, aventura. Los escritores casi nunca salen del todo de la niñez, tiemblan ante lo inexplicable y no cesan de inventar peripecias. Por eso he elegido un tebeo como recomendación y no una novela, un ensayo o un poemario. La serie de Alix pertenece a la fecunda tradición del cómic franco-belga y sus dibujos se inscriben en lo que se ha llamado línea clara, un estilo elegante y luminoso. Durante años, Alix fue inaccesible en el mercado español. La Editorial Netcom2 resolvió este problema. Aunque Jacques Martin murió en 2010, otros guionistas y dibujantes han continuado con la serie con resultados aceptables.

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