Inicio > Libros > Narrativa > La búsqueda de la felicidad

La búsqueda de la felicidad

La búsqueda de la felicidad

El comienzo de Liberty Bar es cinematográfico, semeja los planos de una película. El comisario Maigret acaba de bajar del tren en plena Costa Azul y Simenon escribe: “El sol que bañaba la mitad de la estación de Antibes era tan deslumbrante que solo era posible ver a la gente como sombras en movimiento. Eran sombras con sombrero de paja, pantalón blanco y raqueta de tenis. Había un zumbido en el aire, palmeras y cactus bordeando el andén, y un jirón de mar azul más allá de la lamparería”.

"Una vez más, el comisario se identifica con el protagonista de una de sus novelas"

El comisario ha acudido a Antibes para investigar el asesinato de William Brown, magnate que abandonó a su familia en Australia hace años y vivía en una villa con una mujer francesa y la madre de esta. Al comienzo de cada mes entregaba a ambas dos mil francos para los gastos domésticos y desaparecía durante una semana.

¿A dónde se dirigía Brown? La respuesta la encontrará Maigret en la vecina Cannes, pero no entre los oropeles de la jet set, sino en un antiguo club de alterne en crisis, regentado por dos mujeres indolentes, una vieja y otra joven, que luchan por pagar la luz a fin de mes. El antro se llama “Liberty Bar”; paradójicamente: el bar de la libertad, establecimiento donde aparte de bebidas alcohólicas sirven infusión de genciana, planta medicinal caracterizada por su sabor amargo, que permite a los borrachos recuperar el sentido del gusto.

Una vez más, el comisario se identifica con el protagonista de una de sus novelas. En concreto, al contemplar el retrato del difunto Brown “Maigret se sintió turbado, porque tuvo la impresión de conocer al personaje, como si hubiese sido amigo suyo (…). En la actitud, en la expresión, había algo que recordaba al propio Maigret (…). Un tipo a quien el comisario tenía ganas de conocer mejor y que lo intrigaba”.

"Las contradicciones, la ambigüedad moral de los personajes del relato, contribuyen a darle profundidad"

Simenon describe la Costa Azul creando una sensación de irrealidad y de paradoja: “Un mundo pegajoso de sol, de fragancias de mimosa y flores dulzonas, de moscas ebrias, de coches deslizándose sobre el asfalto blando”. A la villa de Brown donde viven las dos mujeres la compara con “una madriguera donde los animales viven dentro de su olor en medio de restos de comida y de excrementos, aunque también tenía algo de casa burguesa, con sus ínfulas y sus pretensiones”. Conforme avanza en la investigación del caso, Maigret experimenta sensaciones ambivalentes: “le dan ganas de reír y al mismo tiempo de maldecir”; es “presa sucesivamente de impresiones vagas, unas desagradables y otras cómicas (…). Su humor es peculiar, a la vez alegre y macabro”.

Las contradicciones, la ambigüedad moral de los personajes del relato, contribuyen a dar profundidad a este. Adivinará el lector que todas las alusiones de los párrafos anteriores cobran un sentido metafórico. Poco importa —una vez más en Simenon— quién haya apuñalado por la espalda a Brown, porque la novela es en realidad un estudio sobre la infelicidad: ese estado al que se llega cuando uno busca denodadamente la felicidad pero yerra en el intento. Y la felicidad se convierte en un paraíso artificial, en una representación teatral de lo que quizá exista, aunque solo pueda imaginarse en medio de la realidad más sórdida.

—————————————

Autor: Georges Simenon. Título: Liberty Bar. Editorial: Acantilado. Traducción: Nuria Petit. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro