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La derrota, de Pierre Minet

La derrota, de Pierre Minet

La derrota (Confesiones), libro de Pierre Minet (Reims, 1909 – París, 1975) publicado por Pepitas de Calabaza, es la narración de unas experiencias extraordinarias que tuvieron lugar en un tiempo y en un lugar irrebatibles. Así, Minet relata la huida de la casa familiar, el paso fugaz por los ambientes reaccionarios de la Action Française, su pertenencia al grupo poético El Gran Juego, los últimos destellos de la bohemia simbolista, los años dorados de Montparnasse, sus incursiones en el mundo de la prostitución masculina, el vislumbre de la aristocracia surrealista… y por sus páginas aparecen poetas como René Daumal, Roger Gilbert-Lecomte y Philippe Soupault; escritores como René Crevel, Roger Vailland y André Gide, figuras históricas como Léon Daudet y todo tipo de personajes estrafalarios y olvidados de Montmartre, Les Halles y Montparnasse. Zenda publica un fragmento de la obra.

 

Un día como todos los demás. Al levantarme esta mañana: «¡Vaya, sigues ahí!»… Y he bostezado al volverme a encontrar. Otra vez la misma historia; el mismo aburrimiento. También la misma esperanza que me exaspera. La conozco demasiado bien, y eso es lo más humillante. Cuando aparece comienzo a sonreír; sé que es una idiotez pero no puedo evitarlo. Me pongo alegre, muy alegre. Me da la sensación de que tiene razón y de que la vida, en efecto… Justo después me pregunto cómo he podido creerme otra vez sus mentiras. Y vuelvo a chapotear en mi agua sucia. Sin encontrar ya ningún placer, por supuesto. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer? Tengo un peso en el corazón. Es una excelente expresión y me la apropio. Me gustaría quizá añadir que no puedo más, pero no es cierto que no pueda más. Seguiré mucho tiempo así; hasta el final. Siempre con esta bella jeta de hombre, que tanto odio. La jeta y todo lo demás. Es posible que esté enfermo. De la cabeza. ¿Los que me rodean también se desgarran así? ¿Se preocupan de sus olores? Lo cierto es que al menos parecen limpios. Me pregunto cómo harán para no vomitar, pues está claro que no vomitan. Tienen un corazón a toda prueba. Un gran estómago que lo digiere todo. Son fuertes y yo soy débil. Mi debilidad es la única cosa de la que estoy orgulloso. Sin ella se me podría tirar a la basura tranquilamente. Naturalmente he reflexionado mucho sobre todo esto. Yo reflexiono terriblemente sobre mí mismo. Los ojos como platos, las manos tendidas hacia adelante, a tientas. «¿Dónde estás? ¿Dónde estás? ¿Eres tú?…». Siempre acabo por atrapar a uno. Le llevo a una
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esquina y lo hablamos. Invariablemente la cosa termina mal; me voy de vacío y él también. ¡Hasta la vista! ¡Siguiente! Pero no puede ser tan grave. ¿Estoy exagerando? No lo bastante. Si mi vergüenza se pudiera multiplicar por diez lo llevaría mejor. Tendría alguna oportunidad. Todo esto no es lo suficientemente negro. ¡Ah! ¡Si me pusiera trágico! Pero para eso primero haría falta que me tomase a mí mismo en serio. Y no me encuentro nunca más grotesco que cuando lo intento. Es curioso, lo serio me agrada en los demás, y con frecuencia me impresiona. Admiro el esfuerzo, no veo la superchería. Cuando se trata de mí, me parto de la risa. O me pongo furioso. El mal gusto me horroriza. Los remedios no faltan. Lo sé, me lo han repetido muchas veces. ¡Dios me libre de curarme! La salud moral, ¡no la quiero ni regalada! Yo amo mi enfermedad. Solo que me parece que no sufro lo suficiente, hasta el punto de que a veces me pregunto si será real. Aunque no me ame, con frecuencia estoy bien conmigo. Excelentes relaciones, familiaridad, confianza; un principio de simpatía en definitiva. Tiempo perdido. Tengo treinta y seis años. Treinta y seis o cincuenta, ahora… Dentro de catorce años, si sigo con vida, bostezaré igual que hoy. Incluso si tengo pinta de estar contento, si me vuelvo alguien importante como quien dice, o incluso fornicando, si es que todavía fornico, bostezaré. Es inevitable. Siempre me pasará igual. Evidentemente no escribo todo esto por el simple placer de escribir. No, valgo más que eso. No voy a confesarme más que porque le encuentro una utilidad. Tengo una gran necesidad. Por otra parte, no está probado que no ayude a nadie. Pretendo interesar. No siempre he sido esto que soy ahora. También creo que mi experiencia es bastante significativa. No me ha faltado el valor: aquello de lo que los otros hablan yo lo he conocido, probado. Realmente tengo muchas cosas que contar. Y es importante que las cuente.

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Autor: Pierre Minet. Título: La derrota. Editorial: Pepitas de Calabaza. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro