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La eterna e incansable devoción de los hijos

La eterna e incansable devoción de los hijos

La familia y sus consecuencias son los temas centrales de Los astronautas. Existen miles de novelas dedicadas a la familia. Tal vez sean pocas, porque no hay otro tema. La familia nos ama y nos devora al mismo tiempo, determina nuestro carácter y nuestras decisiones, pasadas, presentes y futuras. La familia funcional, en literatura, no existe. A lo largo de la historia de las letras se han sucedido las familias disfuncionales, y la familia que nos muestra Laura Ferrero no es, ni mucho menos, de las peores. Ferrero no necesita un alarde de maltrato para levantar su novela, no precisa esa espectacularidad, ni siquiera la obviedad del trauma. No lo necesita y, sin embargo, pese a la falta de violencia explícita, consigue la empatía del lector desde la primera página. Lo hace porque combina con acierto las acciones y las reflexiones, y porque muestra al mismo tiempo la vulnerabilidad de la narradora y su fuerza, materializada en su propósito, que se mantienen inalterables durante toda la novela. No olvidemos que la narrativa es, sobre todo, un personaje con un propósito.

"La enorme empatía de la narradora, incluso ante quienes han descuidado sus deberes básicos, la sitúa en un lugar de dominio. De hecho, esa empatía es el motivo primordial de su salvación"

El punto de partida es una fotografía, hallada durante el comienzo de la madurez, que muestra una familia borrada por el paso del tiempo y la ruptura. Es la familia original de la narradora, disuelta por uno de los primeros divorcios que hubo tras la aprobación de la ley, cuando tan pocas parejas se atrevían al paso y debían afrontar el estigma, tanto dentro como fuera del ámbito familiar. No existían los referentes, omnipresentes ahora en todas las familias y todos los grupos de amigos. No había una hoja de ruta. Desde esa fotografía, la narradora viaja entre el pasado y el presente y se pregunta algo tan natural como cuál es la causa de ese divorcio, quién es en realidad ella, quién es su familia, cómo pueden combinarse versiones tan distintas como son la de su padre y la de su madre. Su investigación no consigue demasiado apoyo por parte de unos padres que se niegan a afrontar el pasado y descubre, finalmente, que la realidad es tan compleja como inasible. Los lectores somos conscientes de la dificultad de la situación y de los choques entre los distintos derechos y deberes. Todos los personajes tienen razón y no la tiene ninguno, como ocurre en la vida por la que transitamos a diario. La enorme empatía de la narradora, incluso ante quienes han descuidado sus deberes básicos, la sitúa en un lugar de dominio. De hecho, esa empatía es el motivo primordial de su salvación: “Siempre se ha dicho que el ser humano es un incansable buscador de sentido, pero suele pasarse por alto un pequeño detalle: que solo va en busca del sentido que encaja en su relato”. Destaca —por su presencia y también por su originalidad— la madre, tan negada para comunicar cualquier afecto, para suministrarle a su hija el sostén que precisa y, a la vez, tan amada por esta en una prueba de lo mamífero de nuestra condición, de lo incondicional que es la devoción de los hijos hacia los padres. La insistencia de la narradora en lograr que verbalice y exprese sus sentimientos es conmovedora.

"Antes mencionaba el trauma, que aparece de una manera poco frecuente: la protagonista no tiene conductas límite, o tales situaciones no tienen la relevancia que acostumbran"

Ferrero tiene capacidad literaria de sobra para emplazarse cerca de Delphine de Vigan o de Fleur Jaeggy, pero no es ese el lugar que quiere y, con premeditación, envuelve unas reflexiones de una lucidez y crudeza poco frecuentes con entornos y objetos de una estética próxima a lo pop. Así rebaja la crudeza de lo narrado y aproxima la novela a un público masivo. ¿Habría mejorado Los astronautas si Ferrero hubiera sido más cruda, más próxima al nihilismo de tantas autoras? Posiblemente no, porque se habría aproximado a un cliché. Además, el escape hacia las hazañas de la carrera espacial —que incluye el desastre del Challenger— permite que la escritura se aproxime a lo novelístico y se despegue de la crónica.

Antes mencionaba el trauma, que aparece de una manera poco frecuente: la protagonista no tiene conductas límite, o tales situaciones no tienen la relevancia que acostumbran. No hay sobredosis, ni autolesiones, ni intentos de suicidio. La propia narradora menciona el TOC traumático, una dolencia más sorda aunque también obstaculice la creación de vínculos sanos. Su mezcla de miedo y de deseo, de proximidad y lejanía, que tan dolorosa resulta tanto para la narradora como para quienes se acercan hasta ella está narrada con una brillantez insólita, que se aproxima a la auténtica compasión: aquella que regala alivio al lector ante sus propias carencias, descubiertas como comunes gracias a la literatura.

Laura Ferrero se confirma en Los astronautas como una de las autoras más inteligentes de nuestra narrativa, de las más capaces de conseguir la empatía del lector sin un despliegue de fuegos artificiales y llevarle, después, de la mano por donde quiere. Un éxito más que merecido.

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Autora: Laura Ferrero. Título: Los astronautas. Editorial: Alfaguara. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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