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La extraña mamá, de Heena Baek: Arte de construir libros

La extraña mamá, de Heena Baek: Arte de construir libros

Heena Baek construye sus libros fotografiando la gran casa de muñecas construida previamente con sus manos. Pero antes de ello construye una historia, ella es una narradora. Lo escultórico y lo fotográfico están puestos al servicio del arte de contar historias.

Los encuadres de sus tomas llevan a menudo a pensar en el cine, pero esto es sólo una apariencia, un engaño. El arte de Baek tiene que ver poco con el cine, o con el nuevo auge del stop motion. Comparte con él los puntos de vista de la cámara y su sustancia narrativa, pero renuncia al movimiento, se construye como una “presentación del espacio”, un espacio que es habitado por los protagonistas de la historia. Es conocida la definición de que el gran cineasta ruso Andrei Tarkovski hacía de su arte: “esculpir en el tiempo”. Esto sería más bien lo contrario: “contar en el espacio”, convertirlo en habitación para las historias. Cierto que se presta a confusión, porque el proceso comparte muchos elementos comunes: los dioramas se construyen como decorados, con esmero de escenógrafo de cine, los personajes se visten y maquillan como actores, se cuida con esmero la luz. Pero mientras el cine persigue la ilusión de la vida, el engaño fluido de realidad, en estas casas de muñecas se busca el prodigio del artefacto, el misterio de una zona de indefinición (por obra del trampantojo y de la fotografía, que transforma las escalas) y con ello, un escenario para el recreo del ojo y la inmersión en un juego de fantasía.

"El espectador se siente concernido porque es invitado a entrar, a participar de una zona imaginaria y sugestiva. Esto mismo es lo que pretende la artista con la mente del niño"

De ahí que las historias de Baek consigan un extrañamiento, un lugar que la escultura contemporánea ha explorado como evocación de experiencias íntimas/maravillosas (Cristina Iglesias) o inaccesibles/ilusionistas (Juan Muñoz), apurando las lecciones del arte barroco, pero que ella dulcifica con la presencia infantil y el cruce de lo irreal y lo cotidiano. De ahí que este arte de dioramas fotográficos tenga más que ver con la condición narrativa de cierto tipo de “escultura teatral” que con el cine. O si se quiere, dado su carácter híbrido, también con la pintura de aquellos artistas que se servían de las maquetas para estructurar la “historia” de sus cuadros (Tintoretto), que situaban a sus modelos en un escenario invisible o entre bambalinas (Velázquez), o que relataban la Historia escenificando sus cuadros, componiendo con esmero imágenes grandes o reducidas de un momento concreto y definitivo (Rosales). En todos ellos, el espectador se siente concernido porque es invitado a “entrar”, a participar de una zona imaginaria y sugestiva. Esto mismo es lo que pretende la artista surcoreana Heena Baek con la mente del niño. De ahí que necesite elementos artificiosos que creen un efecto de realidad (el Seúl contemporáneo) y que permitan, a un tiempo, la irrupción del espacio de lo posible en la fantasía infantil. En este sentido, no parece casual su predilección por unir magia y comida (pan de nube, caramelos mágicos, helados de luna), lo material y lo inmaterial. También en La extraña mamá los alimentos cobran una condición sobrenatural: una sopa de huevos puede convertirse en vapor de nube y curar una enfermedad.

"El manejo artístico de la profundidad de campo, unido al contraste entre lo cotidiano y lo maravilloso, permiten una lograda convivencia de lo posible y lo imposible"

El argumento de este álbum, por lo demás, es sencillo: Yoyo es un niño que ha enfermado en el cole. Su profesora lo ha enviado a casa, pero la madre de Yoyo no puede dejar el trabajo y telefonea en busca de alguien que se haga cargo de él. Una extraña interferencia hace creer a la mamá de Yoyo que habla con la abuela del niño, pero en realidad no es así. Quien ha recibido por equivocación el encargo es un ser misterioso, una señora con rasgos tradicionales (cara pintada de blanco, ropas antiguas) que descenderá en una nube hasta el hogar del Yoyo para hacerse cargo de él durante la ausencia de su madre. Pronto comprenderemos que la extraña señora es una especie de divinidad de los cielos, generadora del sol y las nubes, que atenderá a Yoyo amorosamente, arropándolo con sus meteoros (cocinará un huevo frito que será un sol, con leche hervida creará nubes esponjosas). Flotando sobre una de estas, plácidamente dormido, encontrará la mamá de Yoyo a su hijo cuando cruce apresuradamente el Seúl lluvioso, deseando llegar a casa.

Las fotografías se toman desde diferentes ángulos, permitiendo un amplio registro de planos destinados a crear un efecto de inmersión, de vivencia interna de la historia. El manejo artístico de la profundidad de campo, unido al contraste entre lo cotidiano (detallismo extremo de los objetos de la casa) y lo maravilloso (las veladuras de la niebla, las diferentes temperaturas de la luz…), permiten una lograda convivencia de lo posible (situación actual) y lo imposible (cuento fantástico)

Estas escenas de conciliación del mundo antiguo y el mundo nuevo, de lo misterioso y lo cotidiano, encarnadas en una extraña figura maternal que irrumpe para salvar un desajuste del presente, tiene hondas raíces estéticas y también ha sido muy del gusto del cine (con el que sí comparte lo narrativo). En el caso del cine infantil, es paradigmática la figura de la niñera Mary Poppins. Pero acaso guarde un parentesco más sutil con escenarios que planteó el cine mudo, que sí se acerca más a este arte de construir casas de muñecas. Uno puede pensar, por ejemplo, en el encuentro mágico de la escena final de Los cuatro hijos, la película del joven John Ford donde una abuela de cuento llegada de la Europa de la Gran Guerra para reencontrarse con la nueva familia americana de su hijo, se perdía en la gran metrópoli de Nueva York, escapaba del purgatorio migratorio de la isla Ellis y acababa dando milagrosamente con el paradero su nieto desconocido, a quien, para desconcierto de sus angustiados padres, que llevaban toda la tarde buscándola por la ciudad, encontraban en su casa, dormida, con la criatura amorosamente recogida entre sus brazos.

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Autora: Heena Baek. Traducción: Seong Cholim y Eunhee Kwon. Título: La extraña mamá. Editorial: Kókinos. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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