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La familia Wilde

A pesar de que casi nadie lo conoce hoy, William Robert Wilde (1815–1876), además de padre de Oscar Wilde, fue oftalmólogo y otorrinolaringólogo, el mejor. Fundó y dirigió el Hospital Oftalmológico de San Marcos, en Dublín, y fue el óptico particular de la reina Victoria. También fue un gran analista, arqueólogo, naturalista y uno de los mayores especialistas de su época en cultura celta.

Jane Francesca Agnes Elgee fue uno de los baluartes del nacionalismo irlandés, poeta, traductora, amiga de los prerrafaelitas, y defensora a ultranza de las acusaciones que se vertieron contra su marido en uno de los juicios más mediáticos del momento, eclipsado años más tarde por el que se siguió contra su hijo Oscar. Su influencia sobre él es digna de estudiarse en Psiquiatría.

Sus vidas privadas fueron de lo más interesantes, ya verán, y ayudan a entender mejor el carácter y la vida de su famoso hijo. Fueron dos personalidades tan excéntricas, inteligentes y soberbias que merece la pena analizarlas, aunque sea brevemente.

Infancia y educación de William. Vida profesional

Nació en Kilkeevin, Irlanda, donde su padre, Thomas Wills Wilde, era el médico local. De pequeño le acompañaba en las visitas a los enfermos de los pueblos del condado de Roscommon, y ahí nacieron su pasión por la medicina y por el folclore irlandés que inundaba la zona. Cuando terminó su educación en la Escuela Diocesana de Elphin, ingresó en el Royal College de Cirujanos de Irlanda, donde se licenció en 1837.

Aprendió con los mejores cirujanos y, al terminar la carrera, gracias a la recomendación de éstos, consiguió su primer trabajo como asistente médico del millonario Robert William Meiklam. Éste, inválido y enfermo de tuberculosis, partía hacia Tierra Santa en su yate, el Crusader. Durante nueve meses surcaron el Mediterráneo en busca de las condiciones climáticas óptimas para el tratamiento de las afecciones pulmonares. En cada uno de los puertos donde amarraban, además del clima, Wilde estudiaba sus costumbres, sus restos históricos, sus prácticas medicinales y la influencia celta sobre todo ello.

"Todos estos estudios y publicaciones, sumados a su exquisita habilidad con la cirugía ocular, lo llevaron a ser nombrado caballero en 1864"

En 1840, ya de regreso en Dublín, publicó el tratado The Narrative of a Voyage to Madeira, Teneriffe, and Along the Shores of the Mediterranean, en dos volúmenes en los que recopilaba sus impresiones. Tuvo tal éxito de ventas que fue aceptado en la Real Academia Irlandesa, el Trinity College, la Royal Dublin Society, y los Royal Colleges of Physicians and Surgeons. Con los ingresos obtenidos viajó a Austria, país pionero en la investigación de enfermedades oculares, ya convertido en una eminencia.

En 1841 fue nombrado miembro adjunto del Censo de Irlanda, y durante años estudió y realizó sus propias estadísticas acerca de los datos médicos y las enfermedades oftalmológicas en su país.

En 1845 fundó el Hospital de San Marcos para Enfermedades de la Vista y del Oído; se convirtió en editor del Dublin Journal of Medical Science, y en 1853 fue nombrado oculista particular de la reina Victoria. Un tipo de incisión auricular determinada, que realizaba con especial maestría, dio lugar a la técnica que hoy sigue siendo conocida como la “incisión de Wilde”. Su único fracaso, notorio, fue la operación de estrabismo a la que sometió al padre de George Bernard Shaw, quien quedó con el rostro ligeramente desfigurado.

Todos estos estudios y publicaciones, sumados a su exquisita habilidad con la cirugía ocular, lo llevaron a ser nombrado caballero en 1864. Dos años antes, en 1862, el rey Carlos XV de Suecia lo había nombrado caballero de la Orden de la Estrella del Norte, por su contribución a la ciencia.

Una carrera profesional impresionante, sin duda.

Algo más de Sir William Wilde. Lady Wilde y el affair Mary Travers

William Wilde tuvo tres hijos ilegítimos. El primero, Henry Wilson, nacido en 1838 cuando su padre tenía solo 23 años, fue reconocido desde el principio y siguió los pasos profesionales de su progenitor, colaborando con él tanto en la consulta como en las publicaciones médicas. De la madre no hay noticias, y tampoco sabemos a ciencia cierta si fue también madre de las otras dos hijas de William, Emily y Mary, nacidas en 1847 y 1849, respectivamente. Estas dos niñas fueron acogidas por el reverendo Ralph Wilde, hermano mayor de William, en calidad de pupilas, para que pudieran llevar el apellido Wilde. Su destino fue impresionante y trágico: en 1871, mientras se probaban sus vestidos de fiesta, una de ellas se acercó demasiado al fuego y el vestido ardió; la otra fue a rescatarla y murieron juntas sin que nadie consiguiera apagar las llamas.

"Gran intelectual, socialmente muy aspiracional, trató de educar a sus hijos en sus mismas excentricidades"

En 1851, Wilde contrae matrimonio con Jane Francesca Agnes Elgee, poeta irlandesa que publicaba sus obras bajo el seudónimo de “Speranza”. Con más de 1,80 metros de estatura, de fuertes convicciones políticas, nacionalista perdida, escribió para el movimiento Young Ireland en la revista The Nation, hasta que las autoridades cerraron la publicación. Dominaba el latín, griego, alemán, ruso e italiano. Tradujo Sidonia la hechicera, de Meinhold. Gran intelectual, socialmente muy aspiracional, trató de educar a sus hijos en sus mismas excentricidades: vistió a Oscar de niña hasta la primera adolescencia, lo bautizó dos veces en dos religiones diferentes… Conocía la vida pasada de su marido, pero los hijos ilegítimos eran algo habitual en la época, y estaba claro que William Wilde prometía un gran futuro tanto desde el punto de vista económico como social. Era una apuesta segura.

Tuvieron tres hijos, William, Oscar y la menor, Isola Francesca, que murió de niña.

Una mañana, Mary Travers, una joven de 19 años, visitó la consulta de William Wilde acompañada de su madre. Tenía problemas de audición, pero lo que parecía una simple consulta terminó en un escándalo del tipo Atracción fatal. El padre de Mary consintió que su hija trabajara corrigiendo manuscritos de Wilde y la familia la acogió con cariño. Un día, sin venir a cuento, Mary le envió una fotografía suya a su mentor y provocó el enfado de Jane Wilde. Para evitar males mayores, William le pagó un billete hacia Australia. Pero, al constatar que la intención era deshacerse de ella, Mary no llegó a embarcar. Trató de suicidarse tomando una sobredosis de láudano, publicó noticias sobre su propia muerte (falsas), y también un folleto escrito bajo el seudónimo de Speranza, el que utilizaba Jane. Lo tituló Florence Boyle Price, o una advertencia, y en un capítulo determinado narra lo que parece un intento de violación por parte del protagonista, un médico, a una paciente que se encontraba bajo los efectos del cloroformo.

Imprimió mil ejemplares, los envió a los pacientes de Wilde, y publicó también extractos de la correspondencia que tenía con él, en un intento de sugerir una relación de gran intimidad. Los perseguía allá donde fueran, repartiendo panfletos difamatorios a los oyentes de las conferencias de Wilde, a sus vecinos y a sus colegas.

"El escritor creció bajo las faldas de su madre, la activista política, mujer de una arrogancia superlativa"

Jane Wilde tomó cartas en el asunto y escribió al padre de Mary para que éste hiciera que su hija cesara en sus insinuaciones de que había tenido un romance con William (con violación incluida, por supuesto). Cuando se enteró de esto, en un giro de guion inesperado, fue la propia Mary quien demandó a Jane por difamación, e incluyó en la demanda a William. Éste no quiso declarar y fue Jane quien subió al estrado para defender el honor de su marido. Se desestimó el cargo de violación, por existir correspondencia posterior al supuesto hecho, pero el juez entendió que habían sido los Wilde quienes había difamado a Mary y por ello les hizo pagar las costas del proceso. Ascendieron a dos mil libras esterlinas de la época, cerca de trescientos mil euros de hoy. Los Wilde pagaron y continuaron con su vida como si nada hubiera ocurrido. La notoriedad siempre fue bienvenida en su casa, llegara como llegase.

Oscar vivió en ese ambiente, con los hijos ilegítimos de su padre entrando, saliendo, viviendo y muriendo, con su hermana pequeña, a la que adoraba, falleciendo también de niña y con una madre que recitaba a los clásicos en latín y griego mientras escribía artículos contra la monarquía británica. Además, siempre estuvo a la sombra de su hermano mayor: William hijo, al principio, fue el “popular” en el colegio y en casa, el guapo, el deportista e ingenioso. El escritor creció bajo las faldas de su madre, la activista política, mujer de una arrogancia superlativa, que proyectó en él todo su sentimiento de superioridad —decía ser descendiente del mismísimo Dante, afirmación que Oscar defendería más adelante—y su manera particular de entender la estética y la vida.

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