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La locura son los otros

La locura son los otros

Leonora Carrington nació aristócrata en Reino Unido y murió pintora en México. Entre esas dos fechas, la arrolló, literalmente, lo más atroz del siglo XX.

En las escasas ochenta páginas de este librito, Leonora cuenta los meses que pasó en España, en 1940. Es decir: en la España de 1940. La España que ni había empezado la posguerra, pero ya juzgaba a cualquiera diferente.

"Todas las reacciones de Leonora al dolor eran físicas, totales, absolutas. Integrales. Su cuerpo se negaba a andar, por ejemplo, agarrotado"

Leonora llegaba de Francia, de vivir con Max Ernst, de verle arrestado por ser… judío. Arrancado de su taller, de su huerto, de su vida, de un día para otro. Por nada.

Su primera reacción fue el ayuno. Como si limpiando su estómago de comida lo limpiara de suciedad y de injusticia. Hasta que su amiga Catherine la empujó a huir de Francia. Hacia el sur, hacia un país sin guerra.

Todas las reacciones de Leonora al dolor eran físicas, totales, absolutas. Integrales. Su cuerpo se negaba a andar, por ejemplo, agarrotado. Y en Madrid empezó, además, a ver el mundo a su manera. De una manera tan atípica que los empleados de su padre la acabaron encerrando en un manicomio.

Durante unos meses Leonora se convirtió en el experimento de un tétrico Doctor Morales.

“…yo pensaba muy poco en el efecto que mis experimentos podían tener en los seres humanos que me rodeaban, y al final ganaron ellos…”

Cuando consiguió contarlo, tres años más tarde, en francés, es porque ya se había dado cuenta: 

“Debo continuar con mi historia a fin de salir de mi angustia. Mis mayores, afectados y malévolos, tratan de asustarme”.

"El arte no está en sus manos o en su cerebro, sino en la punta de sus dedos, en sus sueños, en sus delirios, en sus dolores, en su sexo, en sus deseos, en sus risas, en sus sufrimientos"

De asustarla, de domesticarla y, cuando les podía la impotencia, de atarla. Sin más. Pero el talento encuentra el talento y, entre los locos, Leonora vio la luz en algún otro excéntrico, algún otro diferente:

“Sabía que cerrando los ojos podía evitar la llegada del más insoportable de los sufrimientos: la mirada de los demás”. 

Porque… ¿quién define la locura? Los otros. Los otros que no son mejores, ni brujos, sino como ella dice, a veces simples sinvergüenzas.

El relato de Leonora nos deja una lección doble. Primero, entender que el artista es entero. El arte no está en sus manos o en su cerebro, sino en la punta de sus dedos, en sus sueños, en sus delirios, en sus dolores, en su sexo, en sus deseos, en sus risas, en sus sufrimientos. Segundo, que no hemos cambiado, que seguimos igual: intentando embridar a cualquiera que sea de otra manera, que nos molesta el diferente, el que se atreve a ser él mismo, a ver sus propias visiones y soñar sus propios sueños, a sentir —íntegros— sus propios duelos.

Quizá paremos cuando nos quedemos sin artistas.

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Autora: Leonora Carrington. Título: Memorias de abajo. Prólogo: Elena Poniatowska. Editorial: Alpha Decay. Venta: Amazon y Fnac

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