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La mujer más famosa de Argentina

La mujer más famosa de Argentina

A la hora de elegir un destino al que viajar durante las vacaciones de verano solo me impongo una condición: que no sea invierno. Esa regla la incumplí el mes de julio de 2009. Puse rumbo a Buenos Aires animada por quienes me prometían que la temperatura allí nada tiene que ver con la que sufrimos en Madrid durante los meses de enero o febrero. Durante mi estancia en la ciudad, unos buenos amigos argentinos se preocuparon por enseñarme lo más típico y turístico del lugar: la Casa Rosada, el teatro Colón, la plaza de San Telmo, el barrio de Boca…

En uno de los muchos y largos paseos de los que disfrutamos juntos se pararon ante un edificio gris y de dudoso gusto estético. “Es la sede de la CGT”, dijo uno de ellos. “¿Ves las ventanas de la segunda planta?”. Dirigí mi mirada hacia el lugar que me señalaba con la mano. “Ahí permaneció el cadáver de Evita durante mucho tiempo y, tras esas paredes, le hicieron cosas que no te puedes imaginar”, añadió.

"Esa noche apenas pude dormir. Imaginé el cuerpo sin vida de quien había sido la mujer más poderosa de Argentina y reproduje en mi cabeza algunas de las escenas que podrían haber sucedido en aquel lugar"

Pedí un titular más, una mínima frase que me ayudara a entender un poco mejor qué pasó al otro lado de aquellos muros. Pero con una sola palabra fue suficiente: necrofilia. Esa noche apenas pude dormir. Imaginé el cuerpo sin vida de quien había sido la mujer más poderosa de Argentina y reproduje en mi cabeza algunas de las escenas que podrían haber sucedido en aquel lugar. Nada más regresar a casa, dos semanas después, me senté ante el ordenador y comencé a leer todo lo que encontré sobre Eva Perón intentando confirmar algunas de las cosas que me contaron. Una página me llevaba a otra y esa otra a la siguiente. Con el paso de las semanas descubrí episodios increíbles sobre su muerte y sentí una curiosidad incontrolable por conocer cómo había sido la vida de aquella mujer que tantas pasiones había levantado.

Todo aquello que había leído, visto y escuchado lo guardé para mí hasta que, años después, en una distendida reunión en la sede de La Esfera de los Libros, mi editora, Berenice Galaz, me preguntó si había algún tema o personaje sobre el que me apetecía escribir. “Evita”. Su nombre salió de mi boca casi sin darme cuenta, como si llevara años esperando ese momento para ser pronunciado. Me resultaba difícil de entender que un personaje de tanta trascendencia histórica, que escribió algunas de las páginas más relevantes de su vida y de su muerte en España, fuera casi una desconocida en nuestro país. Su existencia debía ser contada y recordada, y con ese objetivo me puse manos a la obra.

"Descubrí a una mujer fascinante, con un carácter arrollador y un carisma envidiable que levantaba pasiones allá por donde pasaba"

Descubrí a una mujer fascinante, con un carácter arrollador y un carisma envidiable que levantaba pasiones allá por donde pasaba. Se la odiaba o se la amaba. No cabían medias tintas. Se puede estar o no de acuerdo con su forma de actuar, sus políticas o su comportamiento. Pero es innegable que rompió moldes y barreras en una época en la que la mujer poco o nada pintaba en la escena pública. Luchó por conseguir un puesto en el gobierno de su marido, Juan Domingo Perón. No lo consiguió, pero eso no fue obstáculo para que ejerciera una enorme influencia en las decisiones que afectaban a Argentina. Incluso, en la visita que realizó a España en 1947, llegó a decir a Franco que retiraría la ayuda brindada por su país si no libraba de la muerte a una mujer que iba a ser fusilada.

Pero hay una incógnita que no encuentra respuesta por mucho que se investigue su figura. ¿Qué tenía Evita para ser capaz de arrastrar hasta la locura a algunos de los que se cruzaron en su camino? ¿Cómo un cadáver pudo convertirse en una de las más importantes cuestiones de estado durante casi dos décadas? ¿Cómo es posible que, pasadas casi siete décadas desde su muerte, en 1952, su figura siga tan presente en la sociedad argentina? Pocos días antes de que se publicara Los dos viajes de Evita volví a visitar Buenos Aires. La capital argentina tiene un imán especial y nunca hay que desaprovechar la ocasión de perderse por sus calles. Pregunté al recepcionista del hotel cómo podía llegar desde allí hasta la Plaza de Mayo. Muy educadamente me desaconsejó visitar esa mañana la zona porque estaba tomada por una manifestación. Al contarle que había escrito un libro sobre la mujer más famosa de Argentina, me contestó: “Si es así tenés que ir a la plaza a escuchar a los que protestan. Esa mujer sigue muy viva acá”.

El 7 de mayo se cumplió el centenario de su nacimiento. Su vida fue corta. Murió con 33 años, el 26 de julio de 1952. A pesar de su breve existencia su legado es innegable. Su particular forma de expresarse creó escuela y su imagen adorna algunas de las fachadas más emblemáticas de la ciudad. Miles de personas visitan cada año el lugar en el que por fin pudo descansar su cuerpo, tras deambular por los lugares más insospechados.

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Autora: Ángeles Blanco. Título: Los dos viajes de Evita. Editorial: La Esfera de los Libros. Venta: Fnac y Amazon

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