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La musa del poeta

"Octavio Paz decía que que la lluvia no la mojaba porque era llama de agua derramada sobre sus párpados"

El pasado jueves 26 de julio se apagó la llama que durante 34 años encendió la vida y la poesía de Octavio Paz: Marie José Tramini, Mari-Jo, la mujer que hacía collages y pequeñas cajas-objeto donde metía el universo con un arte sutil y exquisito. Paz decía que ella navegaba por su frente en una hoja de higuera, que la lluvia no la mojaba porque era “llama de agua” derramada sobre sus párpados, “gota diáfana de fuego”. De lo mucho que ahora se ha dicho de ella en México tras su muerte, una muerte en soledad en medio de un gran entramado de “amigos”, se citan sus poemas, publicados bajo seudónimo; se recuerda que conoció a Octavio Paz discutiendo sobre Balzac en Nueva Delhi, cuando el poeta se enamoró perdidamente de su franqueza, de sus labios y de su melena rubia y se vio impelido a cumplir con el destino separándose de la que entonces era su esposa, la escritora mexicana Elena Garro; se han recordado sus exposiciones en París y Madrid y la tenacidad para continuar promoviendo la publicación de la obra completa del poeta tras su muerte. Pero lo que más ha llamado la atención es la cita de Elena Poniatowska, quien contó cierta vez la emoción que le causó leer lo que Richard Berengarten escribió sobre la artista francesa: “En alguno de sus múltiples viajes con Paz, al llenar el formulario que reparten las azafatas antes del aterrizaje, Marie Jo preguntó a Octavio: «¿Qué pongo?», en el renglón que se refiere al trabajo: «Pon musa», le dijo Octavio. Tenía razón. Marie Jo sigue siendo la más leal, la más solitaria, la más atribulada de las musas”. Descanse en paz la musa del poeta.

MAL PASO EDITORIAL

Los libreros mexicanos ni siquiera se llevaron las manos a la cabeza cuando leyeron la noticia y en las cantinas todos asentían, frente a sus botanas, comentando que se trataba de la crónica de un suceso anunciado: Bernardo Domínguez Cereceres, amo y señor de la editorial Malpaso, había dado un fuerte traspié y el juez de la Audiencia Nacional española, José de la Mata, lo investigaba por los presuntos delitos de blanqueo de capitales, falsedad documental y ocultación de bienes por haber confeccionado, según la justicia, contratos de préstamo ficticios por un valor de 28,5 millones de euros con el objeto de ocultar parte de la fortuna familiar de la familia del expresidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, y mantenerla fuera del alcance de la Justicia española. Domínguez, dueño de un súper holding empresarial mexicano forjado a punta de ladrillo y cemento, había logrado cierta notoriedad en el mundillo editorial tras la implantación en 2013 de la editorial Malpaso, la cual sorprendió desde su arranque por sus sonadas adquisiciones editoriales —250 mil euros por los derechos en español de la obra de Bob Dylan o 120 mil por las de Elton John— y sus pachangones en la Feria de Fráncfort con tequila y mariachis, un gasto, dicen las crónicas, que ninguna editorial de su tamaño se atrevería nunca a realizar. Sin embargo, la mala gestión y el dispendio fraguaron, como era de esperar, pérdidas, y poco a poco la andadura comenzó a dar trompicones, se acumularon deudas y los pagos se retrasaron hasta llegar a los tribunales en forma de demandas por impagos. Y la soberbia que dicen los que le conocen lucía don Bernardo cuando se pavoneaba por las oficinas de la editorial en Barcelona y en México como si fuera el último vaso de agua del desierto se ha tornado bochorno o, cuanto menos, le debe de haber bajado los humos. Yo creo que nadie le susurró el famoso dicho español: “Te crees que la poli es tonta”.

DE POLÍTICA Y CULTURA

Tras las elecciones del pasado 1 de julio las nuevas autoridades de la Ciudad de México han anunciado quién dirigirá los destinos culturales de la capital mexicana. Y no es un creador, sino un político de hueso colorado. Era de esperar, por aquello de zapatero a tus zapatos, pero también lo es que el nuevo responsable apunte claramente en su agenda que no debe apartar a quienes lo han aupado con su trabajo en las plazas y en los debates, y menos a quienes lo acercarán y mantendrán vinculado al gremio artístico, todos esos creadores que conocen desde dentro, porque las han padecido, las penurias, los dislates y el olvido que le han prodigado los políticos de las administraciones gubernamentales anteriores legislatura tras legislatura. Nada de promesas. Los que hacen la cultura en México exigen medidas concretas y trabajo codo con codo. Son su soporte, pero también su conciencia crítica.

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