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La resistencia anónima del instante

La resistencia anónima del instante

Antes que una nueva entrega en una trayectoria ya consolidada, Ningún instante es más representa una depuración extrema de las líneas de fuerza que han venido articulando la poesía de Luis Ramos de la Torre durante la última década. Si en libros anteriores la atención recaía sobre la lentitud, la observación minuciosa o la búsqueda de claridad moral en medio de la incertidumbre contemporánea, aquí el poeta concentra toda su indagación en una sola categoría: el instante, esa fracción brevísima del tiempo que define la transición entre pasado y futuro y que, al contenerlos, se torna en la porción infinitesimal donde la temporalidad se cruza con lo eterno, la libertad con la contingencia, la experiencia concreta, con su dimensión ontológica. El instante no como simple punto medible cronológicamente, sino como momento constitutivo del ser, el acto de decisión existencial por el cual experimenta su libertad y se abraza a la incertidumbre: “Ningún instante es más, / sino distinto, / diverso en su fluir, crucial, / anónimo y tránsito, esencia. La afirmación parece sencilla, pero encierra una profunda revisión de nuestra relación con el tiempo. Frente a una cultura dominada por la aceleración, la productividad y la obsesión por lo extraordinario, Ramos propone una ética de la atención que devuelve densidad a lo inmediato.

La tirada de dados, el ahora dudoso donde cuaja el ser: “Ir hacia la verdad, ofrecerse y dudar, / siempre dudar”. El instante como potencialidad absoluta, la apertura a la vida que exige la entrega total del individuo al vértigo del azar. Quizás la verdad no sea otra que ese gesto necesario, el salto al vacío, el impulso apasionado que el hombre toma en el momento preciso que va a determinar su existencia. EI instante privilegiado es aquel que por su riqueza y profundidad marca su paso, aquel que cierra un periodo y abre otro, que contiene su antes y su después: “El instante que importa, / canda el tiempo, / alimenta lo intenso, aviva el aire. / Hábil verdugo del olvido / se alivia y torna albura. / Anónima sed, lluvia salvadora, / tensión de la voz que afirma / lo indispensable”.

"La escritura se sitúa así en una zona previa a la individuación, donde el lenguaje intenta captar el movimiento puro de la experiencia antes de que cristalice en identidad o relato"

Esta preocupación por la entraña del tiempo no surge de manera aislada. Quienes hayan seguido la evolución del poeta reconocerán aquí la prolongación natural de esa tendencia de su obra iniciada con El dilema del aire (Reino de Cordelia, 2020), premio Ciudad de Salamanca, y que continua en gradación esencializadora con Urgencia de lo minucioso (Lastura 2021) y, especialmente con La densidad de los números (Lastura, 2023), finalista del premio Loewe. Sin embargo, en Ningún instante es más ese camino hacia una poética de la esencialidad alcanza un grado de concentración y depuración máximo. A ello contribuye, sin duda, la ausencia absoluta de marcas gramaticales de persona, con una clara voluntad de que la experiencia lectora acontezca en una emocionada y anónima impersonalidad. De ahí el empleo reiterado del infinitivo y el predominio de la frase nominal, sin verbo, rasgos de estilo que no se dan aquí como cobertura, sino que nacen coherentemente del tratamiento del instante como materia poética.

Y es que esta poesía que alcanza la médula momentánea del tiempo solo puede decirse en infinitivo. El “pensar en infinitivo” de Deleuze es aquí “cantar en infinitivo”, una poesía pura, libre de ataduras y en constante devenir. A diferencia de los verbos conjugados, que limitan la acción a un sujeto, tiempo y lugar específicos, el infinitivo permite comprender el movimiento, la acción y el cambio en su estado más primitivo y universal, sin accidentes ni pronombres. El predominio del infinitivo constituye probablemente el rasgo formal más característico del libro. La acción no pertenece a nadie; acontece. La escritura se sitúa así en una zona previa a la individuación, donde el lenguaje intenta captar el movimiento puro de la experiencia antes de que cristalice en identidad o relato. Es el verbo del acontecimiento puro que aquí asoma de manera constante: “Demorar el instante, / la liturgia del misterio, / aguardar. / Evitar las fronteras y los nombres, / vivir urge apertura aunque se ignore. / Fluir, y no llegar nunca. / Ofrecerse, / no encerrarse sin más en la costumbre. / Quizá el azar un día”.

"Lo que finalmente distingue a Ningún instante es más no es solo su rigor esencial ni la consistencia de su entramado filosófico, sino la dimensión ética que sostiene ambos aspectos"

A conseguir el mismo fin se suma el uso reiterado de estructuras nominales sin verbo y enumeraciones que suspenden el desarrollo discursivo para favorecer una percepción fragmentaria y simultánea. El poema avanza por acumulación de núcleos significativos más que por acción o argumentación. La sintaxis se sincopa, se entrecorta, genera pausas y reanudaciones que reproducen el propio pulso del instante. No se trata de inmovilizar el tiempo, sino de hacer visible su oscilación permanente. En este sentido, resulta especialmente reveladora la distancia que separa a Ramos de la tradición celebratoria del instante propia de la modernidad. El hodiernismo de estos poemas no es un refugio sereno ni una suspensión armónica del devenir. Muy al contrario, está atravesado por tensiones, fluctuaciones y contradicciones. Las imágenes marinas que recorren el libro —olas, remolinos, reflujos, espuma— funcionan como metáfora privilegiada de esa condición dinámica. El instante no detiene el movimiento, lo señala e intensifica: “La epifanía de las olas / el vaivén que se aferra en cada entrega, /en cada oscilación. / Lo hospitalario alzándose, / como un arco de la vida, / un reflujo, / un distrito del alma. / En el hechizo sincero del agua / hay suficiencia y rompiente, / hay misterio. / Bien saben del mar los remolinos del canto”.

Lo que finalmente distingue a Ningún instante es más no es solo su rigor esencial ni la consistencia de su entramado filosófico, sino la dimensión ética que sostiene ambos aspectos. La poesía de Luis Ramos continúa proponiendo una forma de resistencia frente a las lógicas dominantes de nuestro tiempo. Una resistencia silenciosa que pasa por devolver valor a la contemplación, a la duda, a la atención y al asombro. En una época que reduce el presente a consumo inmediato, estos poemas reivindican la experiencia anónima del instante como espacio de libertad. Pocas veces una poética de la incertidumbre se ha mostrado tan hospitalaria. Pocas veces la conciencia de la fugacidad ha desembocado en una celebración tan serena y tan exigente de la vida.

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Autor: Luis Ramos de la Torre. Título: Ningún instante es más. Editorial: Baile de Sol. Venta: Todos tus libros.

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