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La risa final o el humor como instrumento de resistencia

La risa final o el humor como instrumento de resistencia

“Una novela que podría definirse como de aventuras sobre el telón de fondo de la historia de España en esos momentos contradictorios, emocionantes y terribles de la invasión francesa”

El 6 de noviembre de 1808 Napoleón Bonaparte entra en España por Bayona. Al constatar que su Grande Armée está teniendo dificultades para controlar el territorio español decide tomar el mando de sus tropas y venir a poner orden.

El emperador cruza el Bidasoa, toma el camino real y se dirige hacia Madrid. Los guerrilleros andan echados al monte y las juntas locales capean como pueden la ausencia de un poder legítimo que articule la defensa del país. Los colaboracionistas por otro lado les bailan el agua a los franceses. Son la nobleza, el alto clero y los ilustrados más pujantes seducidos por las ideas de progreso y libertad que llegan sopladas desde Francia desde los tiempos de la revolución. Ahí están los Goyas, los Jovellanos, los Moratines y todo un plantel de artistas y pensadores que arden en la tarea irresoluble de conciliar el sentimiento patriótico con la razón de la invasión. La monarquía borbónica está putrefacta, pero la alternativa de dejarse gobernar por un hermano del emperador tampoco es una opción digerible que justifique traer el progreso a España. Contradicción, violencia y paroxismo. El pueblo reacciona como puede ante la arrogancia del invasor, unos con las armas y la dignidad, otros con la inteligencia y con la astucia.

"Años más tarde, en su destierro en Santa Elena, escribiría escarmentado que la española fue una campaña que nunca debió haber emprendido."

En su viaje hacia Madrid, Napoleón se detiene en Burgos, donde el 10 de noviembre el mariscal Soult acaba de derrotar al conde de Belvederes en Gamonal. El 22 de noviembre prosigue su camino. Los madrileños, enterados de lo que se les viene encima, planean plantar cara a los franceses como ya hicieran el 2 de mayo, meses atrás. Se envía al paso de Somosierra un ejército mandado por el general San Juan, pero a los cuatro cañonazos que les pegan salen todos despavoridos, así que Napoleón llega a Madrid sin mayor resistencia y se instala en el palacio de la princesa Salm Salm, en Chamartín. Desmoralización, vergüenza, rabia. Al día siguiente, el 3 de diciembre de 1808, el Alcalde D. Tomás de Morla rinde la plaza y le entrega al emperador las llaves de la ciudad.

Napoleón se acuartela en Chamartín y apenas sale un par de veces para visitar de incógnito el Palacio Real. El 22 de diciembre, súbitamente, como tirado de los pelos, abandona Madrid y en una retirada relámpago regresa a Francia. Nadie entiende la razón de ese regreso repentino. La versión oficial sostuvo que partió en persecución de las tropas inglesas del general Moore que andaban incordiando por el Bierzo, pero lo cierto es que el 6 de enero estaba ya en Benavente y al poco de vuelta en París. Nunca más volvió a pisar suelo español.

Años más tarde, en su destierro en Santa Elena, escribiría escarmentado que la española fue una campaña que nunca debió haber emprendido. ¿Qué le sucedió a Napoleón en Madrid para hacerle regresar a Francia de inmediato? ¿Qué le llevó a salir por piernas para nunca más volver?

"Pero La risa final no solo es una novela de aventuras que pretende encandilar y entretener, sino también una reflexión literaria sobre la construcción de la identidad nacional y sobre el origen de esas dos Españas."

Esta y otras preguntas aún más inusitadas son las que se plantean en La risa final, una novela que podría definirse como de aventuras sobre el telón de fondo de la historia de España en esos momentos contradictorios, emocionantes y terribles de la invasión francesa. La narración de aquellos hechos se presenta sobre un entramado de recovecos y mistificaciones que pretenden hacer de su lectura un intrigante viaje por la época. Para ello se utilizan personajes construidos sobre trasuntos alegóricos de la razón, la pasión, la venganza o la supervivencia. Las ansias de libertad de la protagonista del relato, una muchacha de rara belleza llegada a la península desde las islas Filipinas, presiden la trama de la novela. En la extraña búsqueda que debe llevar a cabo pretende encontrar algún sentido a los desastres que la guerra le muestra alrededor.

Pero La risa final no solo es una novela de aventuras que pretende encandilar y entretener, sino también una reflexión literaria sobre la construcción de la identidad nacional y sobre el origen de esas dos Españas que desde aquel instante estaban emplazadas a enfrentarse.

Benito Pérez Galdós sostenía que el pueblo español, de todos los de la Tierra, era el más inclinado a hacer burla y chacota de los asuntos serios. Es posible que tuviera razón y que sea preciso reivindicar la propensión a la mofa como rasgo representativo del carácter español. Por mi parte me gustaría que esta novela contribuyese a plantear la idea de que la risa puede también llegar a ser un arma de resistencia en toda lucha desigual.

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Autor: Fernando Royuela. Título: La risa final. Editorial: HarperCollins. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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