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La sinrazón de la guerra

Esta novela tiene una sugerente portada en la que un apicultor, en un paisaje nevado, tiene por rostro una llama con humo negro, como metáfora de la destrucción humana durante un conflicto bélico. Serguéi Sergueich y Pashka Jmelenko son los dos únicos habitantes de Malaia Starogradovka, un pequeño pueblo en la frontera ucraniana del Donetsk, del que huyeron el resto de habitantes cuando comenzó la guerra. Ambos rondan los 50 y son “rivales” desde la infancia. Serguéi cuida de sus abejas desde que con 42 años lo jubilaran por silicosis (fue inspector de seguridad minera), y ambos aprenden a convivir con escasas palabras y medias verdades para mantener una aparente relación de cordialidad. El silencio ha inundado sus vidas, y vivir con la costumbre de los bombardeos les hace más fuertes ante la soledad y la cotidiana penuria en la que se cuentan los días porque las horas no tienen importancia.

La guerra solo trae dolor, catástrofe humana, rencor y más dolor. Vivir entre dos bandos, vivir en la zona gris que no ataca a nadie, porque allí no pasa nada, mientras ven pasar los proyectiles de un lado a otro, les da una perspectiva de lo absurdo de las guerras, obligándoles a ocupar las eternas horas en quehaceres cotidianos como beber, hablar, comer, repartir las cartas que llegan un día de tregua…

"Personas ajenas a las realidades territoriales, políticas o personales, decidiendo sobre las vidas de otros"

Serguéi es abandonado por su mujer, Vitalina, quien se fue con la hija de ambos, Angelica, y se pregunta si cuando se trata de la familia, alguien “sabría decir qué es más importante, si quererse o tolerarse. En la pantalla, tres hombres con corbata estaban sentados alrededor de una mesa», lo que representa la mejor escena de los pactos de paz o declaraciones de guerra. Personas ajenas a las realidades territoriales, políticas o personales, decidiendo sobre las vidas de otros.

El autor, Andréi Kurkov, traza una novela donde los sentimientos, los gestos, las palabras y su entonación son los pequeños matices en los que cobra vida la rutina de sus dos personajes, que tachan los días en el calendario para dar sentido al sinsentido, a la desidia y a la sinrazón de la guerra. Utilizando flashbacks llena un presente de hastío y silencio, solo interrumpido por los misiles que sobrevuelan sus cabezas.

Los soldados Petro y Vladen representan en esta novela a ambos bandos, dos veinteañeros que solo quieren volver a sus hogares.

"Abejas grises es un libro sobre cómo las guerras hacen indefenso al ser humano porque solo impera la fuerza de las armas y no de la razón"

Un día cualquiera, Serguéi decide emprender una huida hacia adelante para que sus abejas puedan producir la miel; llega a Vesciloye, donde convive un breve tiempo con Galia, una tendera amable que desea la misma compañía de la que él carece desde que su esposa se fue. “Dejaba atrás una guerra en la que no había tomado parte, en la que sencillamente había acabado residiendo por casualidad». 

Después, en Crimea no encuentra a Ajtem, el apicultor con quien había compartido, hace muchos años, habitación en una convención, y entabla amistad con su familia compartiendo sus preocupaciones. Aquí sufre la impotencia que siembra el poder que emana de un Estado dictatorial como el ruso, donde cualquier funcionario o militar armado tiene la decisión sobre que vivas o mueras, quedando tu vida al albur y capricho de su estado de ánimo. Abejas grises es un libro sobre cómo las guerras hacen indefenso al ser humano porque solo impera la fuerza de las armas y no de la razón.

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Autor: Andréi Kurkov. Título: Abejas grises. Traducción: Esther Cruz Santaella. Editorial: Alfaguara. Venta. Todostuslibros.

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