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La sonrisa de Verónica Forqué, la tortura de Sísifo

La sonrisa de Verónica Forqué, la tortura de Sísifo

Seguro que los aquí presentes conocen de sobra el célebre ensayito de Albert Camus, titulado a la sazón El mito de Sísifo. El autor argelino basa su texto en aquella escena mitológica: Sísifo es condenado a perder la vista y arrastrar una roca por una montaña hasta que, alcanzada la cima, el peñasco cae, obligando a Sísifo a repetir una y otra y otra vez su tarea. Camus impone un paralelismo legendario: la vida, como la tarea de Sísifo, es absurda. Y en esa absurdez, el maestro se hace una pregunta: ¿cabe otra solución que no sea el suicidio? El matiz en este existencialismo camusiano es su afán por acumular un buen número de experiencias, frente al clásico nihilismo de moda en el siglo XIX. Basado en el pequeño momento de libertad que Sísifo experimenta cuando suelta la roca en la cima, Camus intenta salvar del suicidio al hombre absurdo en ese pequeño instante de felicidad.

"La pregunta que ronda por el ensayo de Camus (recordemos: ¿hay alguna alternativa al absurdo que no sea el suicidio?) es formulada cada madrugada por miles de mentes atormentadas"

El lunes, según apuntan las informaciones de varios medios, Verónica Forqué se suicidó en su casa de Madrid. Ahora se habla de programas de televisión, de comentarios en redes, de no sé qué. Seguramente algo de eso haya, pero el asunto es más profundo, me temo. La maravillosa sonrisa que lució siempre escondía debajo la sensación oscura de lo absurdo que resulta empujar el peñasco cada día hasta la cumbre. Cabe pensar que no fueron suficientes para ella esos instantes de felicidad diarios a los que se refería Camus cuando Sísifo soltaba la roca. Y lo peor es que no es un caso aislado, ni mucho menos. La pregunta que ronda por el ensayo de Camus (recordemos: ¿hay alguna alternativa al absurdo que no sea el suicidio?) es formulada cada madrugada por miles de mentes atormentadas que sienten la necesidad de responder: «No, no hay alternativa».

"Yo pienso en la necesidad de que estos dramas se visibilicen, se glosen con las palabras certeras que identifiquen este drama."

En España se quitan la vida más de diez personas al día. Las tentativas de suicidio se multiplican por cuatro. En el tiempo que usted, lector, ha invertido en ojear Zenda y leer un par de sus artículos, en este país se ha producido una de esas tentativas. En 2020, entre los jóvenes aumentaron un 250% los intentos de quitarse la vida. En esta franja, entre quince y veintinueve años, es ya la primera causa de muerte no natural, desbancando a los accidentes de tráfico, hasta hace poco inalcanzables. Sé lo que estará pensando usted, lector: esto son cifras, meros dígitos en un contexto donde cada vida cuenta. Quizás también usted haya pensado, al encontrarse con el suicidio de Verónica Forqué en este mismo texto, que el autor del mismo tiene muy mal gusto. Sin embargo, yo pienso en la necesidad de que estos dramas se visibilicen, se glosen con las palabras certeras que identifiquen este drama. Que se nombren. Porque sólo detectando el problema podremos solucionarlo. Por las vidas y las mentes que hay debajo de esas cifras. Por la sonrisa maravillosa de Verónica Forqué. Y por la frase de Píndaro con la que da comienzo el ensayo de Camus que abre este texto: «No te afanes por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible».

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Enrique
Enrique
9 meses hace

falta señalar en las estad´isticas que hay una gran mayoría de suicidios cometidos por hombres. ¿no es un problema de género? Porque si fuera al revés…¡La que se hubiera montado ya! Y por supuesto ya tendríamos culpables.