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La vecina sonámbula que miraba la luna

La vecina sonámbula que miraba la luna

El día de la presentación barcelonesa de su última novela, Miquel Molina le explicó a la escritora Llucia Ramis que cuando era joven vivió algún episodio de sonambulismo. Tal vez por ello este trastorno da título a la novela que acaba de publicar, y con la que se adentra en un terreno poco frecuentado en nuestra literatura.

Una narradora en crisis existencial, Marta, bailarina, que ha pedido una baja laboral por ansiedad “para no tener que tomar decisiones” y se ha sumido en una existencia cocoon, viendo películas antiguas donde no aparecen pantallas ni teléfonos móviles, y observando el firmamento con un telescopio. Un accidente doméstico en el piso de abajo. Un vecino, Fidel, cuya existencia no conocía. Dos amigos, Alfredo y Pau, amantes o ex amantes de la protagonista, con los que mantiene esporádicas relaciones, según la filosofía de “estar con dos personas o con ninguna” (“fue en la adolescencia cuando descubrí que las ex parejas no acaban nunca de esfumarse del todo”). Una curiosa y sofisticada muñeca…

"Con un guiño, desde la misma cubierta del libro, a la hitchcockiana Ventana indiscreta. Y con ella a las relaciones de edificio, tan propicias a generar sorpresas."

El resultado es un cuento moral. La sonámbula (editorial Destino) propone una reflexión melancólica sobre las relaciones humanas en nuestra sociedad urbana, y documenta también cuestiones como la astronomía, la fisiología, los venenos (como la sustancia digitalis que habría impulsado a Van Gogh a pintar en tonos amarillos) o la sexualidad industrial (el lector deberá acudir a las páginas de la novela para descubrir a qué me refiero exactamente).

Con un guiño, desde la misma cubierta del libro, a la hitchcockiana Ventana indiscreta. Y con ella a las relaciones de edificio, tan propicias a generar sorpresas: “Bastante tenemos con investigar a la gente que hemos escogido como para hacerlo también con los vecinos”, señala el autor.

Miquel Molina, periodista de largo recorrido, actualmente director adjunto de La Vanguardia, publicó en 2014 su primera novela, Una flor del mal. La trama lindaba con el periodismo cultural: Molina había dado con un cuadro de Gustave Courbet, Dama española, cuya desconocida modelo planteaba varias incógnitas apetitosas: ¿fue la figura que inspiró a Gustave Flaubert su Madame Bovary? ¿Qué le vinculaba a Lyon, donde el cuadro fue pintado? ¿Cuál era su relación con Barcelona?

"En La sonámbula, Molina repite un reto de la novela anterior, dar voz a un personaje femenino."

En algún punto de su trabajo la no-ficción dio paso a la novela, y el retrato de la dama se entremezcló con historias de adolescencia del propio autor y con la figura de un profesor fantasioso que sabía inculcar el amor a la cultura a sus alumnos… El resultado, un misterio artístico tan intrincadamente trabado como absorbente.

En La sonámbula, Molina repite un reto de la novela anterior, dar voz a un personaje femenino. Con diferencias de enfoque: “En Una flor del mal se trataba de una mujer del siglo pasado, en el momento en que despertaba a la vida. Ahora es una figura contemporánea, y en el momento en que las ilusiones se están perdiendo.”, apunta. Y añade: “Soy de la primera generación que llegó al Instituto con clases mixtas, y mi relación con las mujeres siempre fue muy natural, no he tenido que hacer un esfuerzo especial para adoptar su voz. La buena recepción que tuvo el diario de la primera novela me animó a seguir esta línea en la segunda”. Con las palabras de una protagonista que, en su sonambulismo, está dispuesta a visitar los astros más lejanos mientras los demás duermen.

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Autor: Miquel Molina. Título: La sonámbula. Editorial: . Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

El próximo 13 de febrero, Miquel Molina y Laura Freixas conversarán sobre “La Sonámbula” en el CaixaForum de Madrid. A las 19.30

Foto del autor: Xavier Cervera