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La vida y los cuidados

Está claro que Robert MacFarlane (Halam, Inglaterra, 1976) sabe a quién llorar. Su proyecto literario está vinculado a la naturaleza, que es donde uno encuentra vida en estado más puro. Nuestras vidas son los ríos, el río como metáfora de la vida. En obras anteriores lo fueron las montañas, los retazos de naturaleza virgen y hasta el subsuelo. Ahora vuelve al río, al lugar donde podríamos bautizarnos. La pregunta que da título a la obra, ¿Están vivos los ríos?, es significativa: si acabamos con ellos, acabamos con algo más que un curso de agua. Los ríos son todo lo que llevan dentro y todo lo que sobrevive a su alrededor. No son solo cauces llenos de líquido. Conviene preguntarse, antes de entrar a responder, qué es esto a lo que llamamos río. Para ello MacFarlane programa tres viajes: el primero a la selva nubosa de Ecuador, el segundo a los alrededores de Chennai, en la India, y el tercero a un lugar alejado de Canadá. Cada viaje con diferentes compañeros y con diferente espíritu.

"Acompañado por un joven biólogo que padeció maltrato infantil, conoce este trozo de mundo que padece ecocidio y el reto de salvar algo, lo que se pueda, aunque sea durante unos pocos segundos"

A la hora de trasladar su experiencia, de reflejarla en negro sobre blanco, MacFarlane elige una estrategia más próxima al libro de viajes que en sus obras anteriores. Aquí las reflexiones las pondrá el lector, mientras el autor va desvelando sus pasos, que son pasos que nos van encaminando hacia el conocimiento, hacia el respeto. Lo que uno tiene la impresión todo el rato es de estar participando, junto a él y a sus amigos, de una lucha contra una larga derrota. Que estemos perdiendo esta lucha se ve, sobre todo, en el segundo de los viajes, donde los ríos que entran en la ciudad de Chennai y en las de sus alrededores, han muerto: demasiada polución, demasiada manipulación. Cabe, eso sí, alejarse un poco y dirigirse hacia zonas costeras próximas a las desembocaduras, donde desovan tortugas oliváceas, que se convierten, un poco, en el animal fetiche de este relato. Acompañado por un joven biólogo que padeció maltrato infantil, conoce este trozo de mundo que padece ecocidio y el reto de salvar algo, lo que se pueda, aunque sea durante unos pocos segundos. Y va aprendiendo algo así como una teología de la naturaleza.

"El viaje a pie, el viaje vertical y el viaje deportivo, tres modalidades de desplazamiento que MacFarlane pone en marcha, compatibles con una espiritualidad bastante corriente, sin alardes, humana, habitual"

Antes hemos paseado junto a él y a unos compañeros muy peculiares, por la selva de Ecuador, donde el ser fetiche no es un animal, sino una seta. El riesgo en que está esta región no es por desarrollo urbanístico, sino por extracciones mineras. Pero Ecuador ha sido el primer país en recoger en una constitución los derechos de la naturaleza, algo sobre lo que se habla de vez en cuando: si los ríos están vivos, deberían estar protegidos jurídicamente. El camino que emprende en esta región boscosa estará lleno de naturaleza, de un tipo de naturaleza que es tan sugestiva y rica como poco amable. Más amable resultará la que conoce en Canadá, donde las amenazas son las presas. Allí acude acompañado de un buen amigo, un genio excéntrico, y junto a un extraño grupo emprenderá un aventurado viaje en kayak por ríos y lagos. Antes, ha podido conocer algo de la magia indígena, de las atribuciones de significado que una cultura moribunda proyecta en los ríos.

El viaje a pie, el viaje vertical y el viaje deportivo, tres modalidades de desplazamiento que MacFarlane pone en marcha, compatibles con una espiritualidad bastante corriente, sin alardes, humana, habitual. MacFarlane jamás habla sobre la hipótesis de Gaia, pero en algún punto de la obra se ve que tanto él como sus compañeros dan por supuesto que es cierta. A lo que se dedican es, por encima de todo, a rescatar lo que merece la pena, que es vida natural, los regalos de la naturaleza. Hay que enamorarse del mundo para poder cuidarlo en condiciones. Hay que ser consciente de que por mucho que sepamos, nos queda mucho por conocer, y desear que ese conocimiento siga llegando. Ese es el punto fuerte de este extraordinario libro de viajes.

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Autor: Robert MacFarlane. Título: ¿Están vivos los ríos? Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera. Editorial: Random House. Venta: Todos tus libros.

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