Esta novela es la historia de una niña que fue secuestrada. Tan pronto como nació, el demonio de Txerren se apoderó de ella y la dotó del alma de una escritora; luego le quitó su nombre y, con él, su propia esencia.
En este making of Antxiñe Mendizabal Aranburu cuenta cómo escribió Katona (Consonni).
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Hasta ayer yo escribía según los cánones de la literatura realista. Pero cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que desde mi última publicación, Vínculos (consonni, 2022), me ha cambiado la mirada: la visión de cerca se me ha acortado y la de lejos se me ha amplificado; la vida ya no me cabe en lo que engañosamente llamamos realidad.
Así pues, ya tenía la voz, pero me faltaba el relato. Fue entonces cuando otra frase me conmovió profundamente: “Tenemos que transformar nuestras vidas en mitos si queremos comprender la metáfora que siempre guarda dentro de sí la realidad”. Tuve la sensación de que la escritora May Sarton me estaba interpelando. Me decidí a contar mi propia historia; convertiría mi biografía inacabada en un cuento, una historia que me representase. Y es que Katona es un cuento escondido en una novela. Cuando lo comprendí deseché todo lo escrito hasta entonces y escribí la primera frase del texto: “Había una vez…”.
Como en los cuentos de hadas, había encontrado la puerta para acceder a una realidad que hasta entonces no había sabido nombrar. Tuve esa seguridad al recordar una de tantas creencias que alberga la memoria de los vascos: “Todo lo que tiene nombre es”. Mientras duró el proceso de escritura, cada día, dejé de barrer mi cocina antes de acostarme. A esas alturas, ya no cuestionaba lo que un antiguo dicho me estaba recordando: la cocina bien barrida atrae cada noche al ángel de la guarda, de lo contrario son las brujas las que se aparecen. Así pues, cada noche disfruté de un gran akelarre sin salir de casa, que me inspiraba a seguir escribiendo a la mañana siguiente.
El resto del making of lo encontraréis en la novela misma: “Aintziñe empezó a escribir el borrador de su historia de amor, garabateando en su cuaderno de piel. Del mismo modo en el que se ofrecen misas por las almas de los muertos, ella quería ofrecer su corazón a un cuento. Un manto negro cubrió la casa. Encendió dos velas en el despacho: una por los vivos, otra por los muertos… Mientras tanto, las brujas empezaron a pasárselo bien. No había exorcismo que les pudiese hacer sentar la cabeza. Animaron entre todas a una vieja de dedos deformados por la artrosis a que contase el primer cuento de la noche…”. Los cuentos, las canciones, los poemas, las baladas y refranes de mis madrinas me indicaron el camino a seguir.
“Como una médium entre dos mundos, donde las cosas existen, pero todavía no son, Aintziñe empezó a poner en marcha un teatro de sombras a la luz de las velas. Dejó de escuchar para poder prestar atención; cuando se hizo el silencio, se le abrieron los oídos. La escritura es un espacio de escucha. Sin darse cuenta, se había ido alejando por sus borradores, poquito a poco, en busca de la distancia adecuada para ver la totalidad, sin perderse en los detalles. Había dejado la zona de control y buscaba el centro gravitacional, el mirador perfecto desde el que observar los cambios, los desvíos y las sorpresas de la vida. La inspiración no llega, sino que se libera cuando el conocimiento y el alma se unen. «Yo no soy quien escribe, sino alguien que me habita»”.
Por fin, para finalizar el relato, elegí entre las distintas fórmulas de los cuentos tradicionales. La elección fue trascendental. Cuando escribí “y si no fue así, que así sea”, me di cuenta de que había hecho el conjuro, había invocado el objeto de deseo de la protagonista: había escrito una historia de amor.
Así fue como todo sucedió, como en un cuento de hadas.
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Autora: Antxiñe Mendizabal Aranburu. Título: Katona. Traducción: María Ramos Salgado. Editorial: Consonni. Venta: Todos tus libros.


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