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Las crónicas de los Forsyte

Las crónicas de los Forsyte

La ausencia de Soames Forsyte estrecha los vínculos de su hija Fleur con la aristocrática familia de su marido, Michael Mont. Gran Bretaña atraviesa una profunda crisis económica y los primos de los Mont, los Cherrell, sufren apuros para mantener sus posesiones rurales. Entre toda esta multitud de aristócratas, la mayoría venidos a menos, sobresale Dinny Cherrell, prima de Michael y de Fleur, que deberá enfrentarse a tres grandes retos impuestos por un honor trasnochado que estrangula la rancia moral británica: una polémica contra su hermano, que ha matado a un mulero en defensa propia durante una expedición; el escándalo provocado por su prometido Wilfrid, al abrazar el Islam a punta de pistola, y el divorcio de su hermana pequeña, Clare, que se niega a regresar a Oriente con su marido. Entre tanto escándalo, la sombra de la guerra avanza silenciosa por Europa.

Zenda publica el siguiente artículo escrito por el editor de esta importante saga, cuyo autor se alzó con el Premio Nobel de Literatura en 1932.

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La atracción de John Galsworthy (1867-1933) por los Forsyte le acompañó hasta los últimos momentos de su vida, incluso después de que en 1932 la concesión del Premio Nobel le aupara al escaño de los grandes escritores de la literatura universal.

Su interés por esta familia británica comenzó en 1900, con el relato «La salvación de un Forsyte», recopilado en el volumen En compañía de los Forsyte, publicado en 2019 en esta misma editorial junto al resto de cuentos sobre este clan. La relación entre el autor y sus personajes se hizo más estrecha a partir de 1922, tras la aparición de El propietario, novela que da inicio a la primera trilogía de las tres que componen «Las crónicas de los Forsyte», convertida enseguida en un éxito de público y de crítica que decantó definitivamente a Galsworthy por abandonar el Derecho en favor de la Literatura, algo que le había aconsejado su amigo Joseph Conrad.

"La primera trilogía se cierra prácticamente con la muerte de la reina Victoria, en 1901, aunque la acción se prolonga hasta el final de la Primera Guerra Mundial"

Tal fue la popularidad alcanzada con La Saga de los Forsyte que los novelistas más jóvenes, ansiosos por abrirse camino en el complejo mundo de las letras, no perdieron oportunidad de vapulear a Galsworthy en favor de un minuto de gloria. Antohny Powell lo ridiculiza como personaje de su tetralogía Una danza para la música del tiempo y los autores del grupo de Bloomsbury, empeñados en la experimentación y en la ruptura con la tradición, lo consideraron un escritor pasado de moda.

El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio y mientras los experimentalismos generalmente han ido perdiendo vigor, la literatura del creador de los Forsyte se sigue publicando en todo el mundo y las películas y series televisivas sobre esta saga familiar son ya clásicos indiscutibles.

A El propietario le seguirían En los tribunales (1920) y Se alquila (1921) que, junto a dos interludios o novelas cortas que sirven de puente entre un libro y otro, completan La Saga de los Forsyte, primera trilogía de «Las Crónicas de los Forsyte», que entraron en el catálogo de Reino de Cordelia en 2014 traducidas al español por Susana Carral, quien se ha encargado de trasladar a nuestro idioma todo el canon fortsyano, hazaña por la que ha llegado a ser finalista del Premio Nacional de Traducción, clara muestra del empeño que ha puesto en su cometido y la calidad de su trabajo.

"Soames, por cierto, atesora un cuadro de Goya en su preciada pinacoteca, porque la presencia de España es una constante en esta serie de novelas y, en general, en toda la obra de Galsworthy"

La primera trilogía se cierra prácticamente con la muerte de la reina Victoria, en 1901, aunque la acción se prolonga hasta el final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Justo después de este conflicto, que desmoralizó a gran parte de Europa, comienza la segunda trilogía de los Forsyte, Una comedia moderna. Arranca con El mono blanco (1924) y continúa con La cuchara de plata (1926) y El canto del cisne (1928). Junto a sus correspondientes interludios, se despide en sus páginas el patriarca de la familia, Soames Forsyte, padre de la malcriada Fleur Forsyte y austero y antipático personaje que Galsworthy logra convertir en un ser entrañable para sus lectores mediante una extraña magia literaria donde el autor nunca juzga a sus personajes, no los maltrata, aunque no sean ajenos a los golpes que propina la literatura, que siempre es una metáfora de la vida.

Soames, por cierto, atesora un cuadro de Goya en su preciada pinacoteca, porque la presencia de España es una constante en esta serie de novelas y, en general, en toda la obra de Galsworthy. Frente a la costumbre británica de pasar una temporada en Italia al acabar los estudios universitarios, los personajes de este autor se desplazan a España. España es también lugar opcional de vacaciones de Irene, la exmujer de Soames, el gran amor de su vida. Y en España han sido diplomáticos algunos de los personajes que deambulan por la última trilogía.

"Soames ya no está, pero permanece su hija Fleur, casada con el amable y utópico aristócrata Michael Mont, miembro del Parlamento empeñado en solucionar, aunque sea con teorías descabelladas, los problemas de las clases más desfavorecidas"

Porque, cuando parecía que la pluma de los Forsyte se había secado, en 1931 apareció en las librerías Esperanzas juveniles, primera entrega de la tercera trilogía de «Las crónicas de los Forsyte», titulada Fin de capítulo. Seguirían Un desierto en flor (1932) y Al otro lado del río (1933), novela ya póstuma, por lo que Galsworthy no pudo escribir los dos interludios que acostumbraba añadir a la edición en su solo volumen de sus trilogías.

Si las primeras entregas de la saga daban cuenta de la aparición de una burguesía acomodada, integrada por profesionales del Derecho y los negocios, que desplazaba del primer plano a la aristocracia británica, esta última, Fin de capítulo, vuelve la mirada hacia ese linaje que intenta sobrevivir en un mundo de profundos cambios.

Soames ya no está, pero permanece su hija Fleur, casada con el amable y utópico aristócrata Michael Mont, miembro del Parlamento empeñado en solucionar, aunque sea con teorías descabelladas, los problemas de las clases más desfavorecidas. Junto a los Mont están sus primos los Cherrell, que se esfuerzan por prolongar el pasado manteniendo en pie unas posesiones rurales deficitarias que cada año dan un nuevo zarpazo al patrimonio familiar.

Muchos de los personajes de la tercera trilogía ya eran conocidos por los lectores de las dos anteriores, como el reverendo Hilary Charwell, pero ahora se convierten en protagonistas. Y de entre todos ellos sobresale Dinny Cherrell, prima de Michael Mont y, por tanto, aunque por la vía política, de Fleur Forsyte.

"Y aunque la religión le importa más bien poco y el cristianismo hace tiempo que dejó de interesarle, la sombra de la cobardía amenaza con manchar su historial de caballero, algo capaz de destrozar la vida futura de cualquier gentleman británico que se precie de ello"

Inmersa en una realidad que se extingue, en la que los caballos aún se sobresaltan al ver llegar un automóvil, no solo deberá asumir la precariedad económica de las posesiones paternas, tendrá que luchar contra el peso de un rancio sentido del honor contra el que combatirá en cada una de las novelas de Fin de capítulo. En la primera, su tesón, presencia de ánimo y amabilidad la llevarán a salvar a su hermano Hubert, militar que durante una expedición a América del Sur ha matado en defensa propia a un mulero indígena, hosco y malencarado, que además maltrataba a los animales. Los militares superiores en rango a Hubert no ven con buenos ojos estos percances que degeneran en polémicas que salpican el inmaculado blasón de sus batallones.

Dinny, como Hércules, deberá enfrentarse a otras dos grandes pruebas: su prometido, Wilfrid, bien conocido de Fleur —y por tanto de los lectores de la segunda trilogía—, ha abrazado el Islam a punta de pistola. Y aunque la religión le importa más bien poco y el cristianismo hace tiempo que dejó de interesarle, la sombra de la cobardía amenaza con manchar su historial de caballero, algo capaz de destrozar la vida futura de cualquier gentleman británico que se precie de ello.

Ya malherida tras esas arduas batallas, para colmo, Dinny habrá de ser el apoyo de su díscola hermana Clare, que ha decidido separarse de su marido, al que abandona en Oriente. La impetuosa Clare regresa a Gran Bretaña dispuesta a un divorcio capaz de hacer tartamudear al Big Ben y a los cuervos de la Torre de Londres, si es que los relojes y los pájaros sufren alguna vez ese tipo de disfunciones del habla.

"Tampoco se le escapa ahora la aparición de una nueva moral, menos hipócrita, más acorde con la penuria económica de los tiempos y la modernidad tecnológica, que se consolidaría tras la Segunda Guerra Mundial"

Jospeh Conrad ya había empleado la misma técnica que ahora ensaya Galsworthy en la última trilogía sobre los Forsyte: se trata de llevar a los personajes hasta una situación límite y describir cómo reaccionan para sortear la crisis. ¿Hay mejor manera de indagar en el factor humano?

Si Galsworthy fue capaz de advertir el gran cambio social que generaba la nueva y poderosa burguesía a finales del siglo XIX y comienzos del XX, tampoco se le escapa ahora la aparición de una nueva moral, menos hipócrita, más acorde con la penuria económica de los tiempos y la modernidad tecnológica, que se consolidaría tras la Segunda Guerra Mundial. Todo parece sufrir un proceso de cambio, excepto la calidad y amenidad de las novelas que completan «Las crónicas de los Forsyte».

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Autor: John Galsworthy. Título: Fin de capítulo (incluye las novelas Esperanzas Juveniles, Un Desierto en Flor y Al Otro Lado del Río). Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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