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Las razones del monstruo

Casi podría decirse que cada crimen es hijo de su época y que cada sociedad vive, muere e incluso mata de una manera particular. Al leer Un plan sangriento, el falso true crime que Graeme Macrae Burnet sitúa en la Escocia del siglo XIX, resulta natural plantearse la íntima relación que puede llegar a existir entre un criminal, el ambiente que le rodea, los vínculos personales que establece y su propia percepción del mundo que habita. Y cabe preguntarse, además, si al asesino confeso de la novela, un muchacho de diecisiete años llamado Roddy Macrae, hijo de un humilde aparcero y supuesto antepasado del propio autor, le queda otra salida que conducirse tal y como lo hace, tras conocerse la historia de su vida, el equipaje emocional que acarrea desde su infancia miserable, la carrera hacia la nada que emprende el mismo día de su nacimiento.

"El de Roderick es un universo claustrofóbico, sumido en la intransigencia religiosa y que concibe la fe como temor que condiciona la propia existencia"

Y es que, aunque como se ha dicho más arriba Macrae Burnet opte por dar una vuelta de tuerca al género y jugar con las fronteras de la autoficción, reconstruyendo la biografía de un presunto familiar a quien corresponde el dudoso honor de haber asesinado a tres de sus vecinos en las Tierras Altas, el entramado novelesco adquiere la consistencia necesaria para envolver al lector, como si realmente todo hubiera ocurrido tal cual se relata. Sirviéndose del tópico del manuscrito encontrado, el autor brinda a Roderick, ya recluido en prisión a la espera de que se celebre el juicio en el que muy probablemente se le condenará a la horca, la posibilidad de narrar en primera persona, a instancias de su abogado, el señor Sinclair, diferentes episodios significativos de su niñez y adolescencia, así como lo acaecido la mañana del triple asesinato, del que no duda en declararse culpable inmediatamente. No hay misterio, por lo tanto no debemos devanarnos los sesos intentando adivinar quién es el responsable del triple crimen. Y sin embargo, qué fascinante resulta ir averiguando —y comprendiendo— las razones que condujeron a Roddy, un muchacho inteligente, en apariencia tímido e inofensivo, a cometerlo. Razones relacionadas con ese espacio natural hostil que siembra la desesperanza en los hombres y mujeres que intentan día a día salir adelante y con vivencias difíciles de entender y asimilar por un muchacho, como el maltrato continuado que sufre a manos de su padre o el dolor que le causa la muerte de su madre. A todo ello se suma la pérdida de la inocencia con el descubrimiento del rosario de secretos inconfesables que guardan los adultos y la conciencia de que, a pesar de su inteligencia y de la ayuda que intenta prestarle el maestro de la aldea, jamás podrá escapar de la miseria a la que su familia se ha ido resignando generación tras generación.

"Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura y vamos conociendo los testimonios de diversos personajes, un caleidoscopio de versiones que matizan la de Roderick, llegaremos también a dudar de él"

Quizás es cierto que Roderick Macrae nunca existió y por lo tanto no se ensañó con el hombre que ostentaba un poder tiránico para doblegar a sus iguales, pero no cuesta imaginar que en ese lugar donde la esperanza brilla por su ausencia pudiera haber vivido un muchacho parecido a él, hostigado por un alguacil cruel hasta el punto de perder la razón una mañana cualquiera. El lienzo que Macrae, el escritor, pinta de ese universo cerrado en su novela es el de una naturaleza nada protectora que parece condicionar de forma inexorable el carácter arisco de los vecinos de la aldea de Culdui y abocarlos, como única válvula de escape, a la satisfacción de sus instintos más primarios: la violencia y el sexo. No se educa a los niños, se los deja crecer a su suerte como a animales de carga necesarios que solo reciben una ración de alimento y a los que se cobija bajo un techo hasta que cumplen la edad de asumir su parte del arduo trabajo en la casa y el campo. El de Roderick es un universo claustrofóbico, sumido en la intransigencia religiosa y que concibe la fe como temor que condiciona la propia existencia. Un locus terribilis dominado por la falta de compasión de los responsables directos de administrar los recursos económicos y la justicia, por el dogmatismo de una ciencia médica basada aún en una colección de supercherías tan peligrosas como la fisiognómica o la influencia letal del medio sobre el individuo, así como por las tretas de un incipiente periodismo que abusa a sabiendas de la distorsión de la realidad con fines meramente comerciales. Todos esos factores conducen al abismo a un joven que hoy, sin duda, habría sido considerado víctima y no verdugo, a un menor de edad sometido al acoso implacable de un adulto en superioridad de condiciones y merecedor de protección legal. Pero el Roderick de Un plan sangriento nace cuando nace, vive como vive y asesina a pedradas, contagiado por la bestialidad de su entorno, porque comprende que ni su inteligencia ni su sensibilidad le servirán de nada y que el asesinato es la única medida que ofrece una compensación al agravio permanente que sufren los Macrae ante la arbitrariedad del brutal Mackenzie. Roddy siente que debe asumir el papel de vengador y actúa guiado por una lealtad perruna hacia su padre, a quien debe resarcir usando la misma violencia, la misma crueldad injustificada y el mismo ensañamiento que otros les han infligido a ellos.

Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura y vamos conociendo los testimonios de diversos personajes, un caleidoscopio de versiones que matizan la de Roderick, llegaremos también a dudar de él. Su confesión, tan conmovedora y en apariencia sincera, nos hace reflexionar acerca del concepto mismo de verdad. Quizás conviene recordar que quien narra su propia historia, aquel que se acoge al sagrado de la primera persona para reforzar que lo que cuenta es cierto porque lo vivió, es, casi siempre, un autor que atraviesa límites, que se sirve de la fabulación y de la elipsis, que olvida a propósito y exagera a fin de blindar su inocencia, de rebajar su responsabilidad, de racionalizar comportamientos inadmisibles, de perfilar la figura del héroe que merece ser redimido y que, en el caso de Roderick, encuentra solo dos lectores compasivos, el maestro que quiso brindarle un futuro mejor y el abogado que lo defiende cuando ese futuro se ha convertido ya en una utopía. La de Roddy Macrae es una historia que termina antes de tiempo y que él mismo se esfuerza en contar por el disfrute mismo de inventar quién fue, otorgándole a su personaje la dignidad que otros le arrebataron durante su corta vida. El joven asesino se entrega en cuerpo y alma a la composición de una obra redentora, porque quizás comprende a tiempo, como tantos autores, como tantos lectores, que la literatura es a menudo una hermosa mentira basada en hechos estrictamente reales.

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Autor: Graeme Macrae Burnet. Traductora: Alicia Frieyro. Título: Un plan sangriento: El caso Roderick Macrae. Editorial: Impedimenta. Venta: Todos tus libros, AmazonFnac y Casa del Libro.

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