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Viaje interminable a mundos nuevos

Viaje interminable a mundos nuevos

A Laura Riñón los libros se le escapan por los poros de la piel. Y por los de la pluma. O los del ordenador, porque la metáfora puede que se nos haya quedado anticuada. Lo que digo es que Riñón, que vive rodeada de libros, escribe los suyos con la elegancia de quien los ha visitado casi todos y, sin embargo, aún es capaz de crear. Crear: es el milagro de quienes saben hacer literatura. Crear. Aunque pensemos que todo ha sido ya contado y que no queda voz que no haya pronunciado todas las palabras del diccionario, llega una escritora y crea. Levanta un mundo nuevo, lo imprime negro sobre blanco y nos llama con canto seductor hasta que nos adentramos en él y lo descubrimos, conquistadores improvisados. Y entonces nos damos cuenta de que no, de que aún hay mucho mundo por desbrozar, y pedimos a la creadora que siga haciéndolo. Que siga creando.

La introducción era necesaria para explicar El sonido de un tren en la noche, porque a Laura Riñón los mundos literarios también se le escapan por los poros de la piel. Y de la pluma o de cualquiera que sea la herramienta que utilice.

"De amor y de pena están hechos los mundos de Laura Riñón y, no obstante, en ninguno falta la alegría"

Si su novela anterior, Amapolas en octubre, era el relato del viaje hacia el interior de una mujer con heridas de vida, la más reciente, El sonido de un tren en la noche, que publica este año Tres Hermanas, es el relato de otro viaje, solo que a un mundo más alejado y periférico, uno de esos a los que solo se puede llegar a lomos de un tren.

El mérito de la creadora consiste en crear viajes y mundos nuevos porque sabe encontrar almas nuevas, aunque traigan heridas antiguas. «El amor o la pena son las únicas razones por las que una persona puede perder la cordura sin ser castigada por ello», reflexiona Dolly, uno de los personajes de la novela, tan memorable como los demás, mientras suena una risa y un tren silba en la distancia. De amor y de pena están hechos los mundos de Laura Riñón y, no obstante, en ninguno falta la alegría.

En esta novela, su protagonista, Clementina, es una mujer nacida para tenerlo todo que de una embestida se queda sola en medio de la nada. Después, con el tiempo, la nada se le agranda hasta absorberla entera. Y, al final, como todos los dioses buenos, la creadora la ofrece a los lectores con una ventana siempre abierta a la esperanza.

"Bajo la batuta de Laura Riñón, el coro de instrumentos compone una melodía de reminiscencias familiares que, al final, termina en sinfonía inédita. Así nacen sus mundos nuevos"

En medio, personajes que se imprimen en la memoria: una abuela de nombre sugerente, La Rencorosa; dos gemelas adorables, Maggie y Dolly, figuras centrales del relato, que «eran dos estrellas de cine de otro tiempo, fatigadas por la vida y los caprichos no satisfechos», cuyas «conversaciones eran algo similar a diálogos ensayados»; corazones más grandes de lo normal, una patología de la que entran ganas de morirse o, al menos, de convertirla en epitafio para espíritus románticos; figuras oscuras y viscosas, otras luminosas y de aire… La alquimia de la creación, concentrada en un mundo nuevo.

Laura Riñón anuda la mano del lector a la de Clementina, dulce como una mandarina aunque albergue un secreto de acidez cítrica, y se lo lleva a una América cercana y a la vez lejana, la de pueblos costeros frente al mar de Melville («¡Virgen del Océano!») en los que siempre se puede encontrar una Mamma Louise que ríe estrepitosa, un lugar mágico llamado La Casa de la Playa o un actor curtido en éxitos que no se olvida de dónde dejó su primer corazón.

Bajo la batuta de Laura Riñón, el coro de instrumentos compone una melodía de reminiscencias familiares que, al final, termina en sinfonía inédita. Así nacen sus mundos nuevos.

Y después, algunos incluso se convierten en reales.

Sucedió con Amapolas en octubre. En ella, su personaje se sanaba creando un mundo distinto y con forma de librería en el que cabían todos los mundos posibles. Luego, la creadora dijo «hágase uno de esos mundos», y el mundo se hizo realidad, y la Laura Riñón de verdad, la de carne y hueso, además de escritora, se transformó en la propietaria de una de las librerías con más encanto de Madrid que se llama, precisamente, como el mundo nuevo: Amapolas en Octubre.

Ahora deben de estar a punto de materializarse otros, seguro.

Poco después de publicar El sonido de un tren en la noche, Laura me confesó: «A veces me digo que me gustaría volver a Estados Unidos y visitar Hats y Harpercomb…», los lugares en los que se desarrolla parte de la historia de Clementina, Maggie y Dolly. «Pero no, imposible», añadió, «no puedo hacerlo, porque Hats y Harpercomb no existen».

Las dos nos echamos a reír hasta que una de nosotras, mirando alrededor, a los cuadros, libros y aire de acogedora sala de estar de una librería llamada Amapolas en Octubre que hace nada más que dos años era únicamente nombre de novela, aventuró:

«¿Seguro que no existen… aún?».

Y seguimos riendo.

Una buena creadora es capaz de cualquier cosa.

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Autora: Laura Riñón Sirera. Título: El sonido de un tren en la noche. Editorial: Tres Hermanas. Venta: Todos tus libros, AmazonFnac y Casa del Libro.

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