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Laura Ferrero: «Las palabras nos sirven de consuelo cuando no nos queda otra cosa»

Laura Ferrero: «Las palabras nos sirven de consuelo cuando no nos queda otra cosa»

El zumbido de una nevera durante la noche, un pelo blanco que sobresale hirsuto de una ceja o unas sabrosas croquetas contribuyen a redondear los diecisiete relatos de La gente no existe, el nuevo título de la barcelonesa Laura Ferrero, tras el éxito de Piscinas vacías.

En una entrevista con Efe, defiende la escritora que, a diferencia de lo que ocurre en las películas de Hollywood, «la vida se nos atasca en detalles aparentemente banales, pero que son los que recordamos de los grandes días», y agrega que es «en lo más pequeño donde está la vida, siempre».

Quien se enfrente a sus historias, publicadas por Alfaguara, visitará exclusivas casas unifamiliares, de la mano de una madre con una hija pequeña, que, sin embargo, no puede adquirir porque apenas tiene dinero; estará en una fiesta para celebrar el final de una larga enfermedad, o viajará hasta Dacca, en Bangladesh, con un padre que lleva a su hija adoptada a conocer a su madre biológica. Ferrero no esconde que otros tres relatos son «completamente autobiográficos», protagonizados por sus abuelos, ella fallecida recientemente por COVID-19, y por su padre. La incondicionalidad del amor, el vacío dejado por los seres queridos cuando se van o las relaciones de pareja son algunos de los temas que sobrevuelan estas páginas.

«Para mí —argumenta— la literatura es una conversación, y el hecho de que mis historias sean abiertas, sin aquel final de «vivieron felices y comieron perdices», provocan la duda en el lector, son una interpelación para que cada uno entre en ellas y las haga suyas».

A su juicio, además, se trata de relatos «muy universales, cotidianos, con situaciones que nos han pasado a todos. Mi literatura va un poco por ahí, por rescatar esa cotidianeidad en la que no nos fijamos y que, al final, nos une a todos».


Tampoco deja pasar que las palabras le acercan «a lo que ya no está. Cuando has perdido a alguien te queda el semiconsuelo, escribiéndolo, de que de alguna manera lo estás reteniendo, aunque sepas que ya no exista».

En el caso del texto dedicado a su abuela, el último que escribió, porque el resto ya estaban acabados cuando se declaró la pandemia, precisa que «ella no ha vuelto, pero sí que he podido capturar la realidad que era para mí, quedando, de alguna manera, viva allí«. «Las palabras —apunta la escritora— nos sirven de consuelo cuando no nos queda otra cosa».

Respecto al hecho de que las parejas que aparecen no acaben nunca de conectar, Laura Ferrero señala que le interesan mucho «los desencuentros, cuando se llega tarde. Aunque exista un refrán que diga «más vale tarde que nunca», creo que eso es mentira, porque cuando es tarde, muchas veces es nunca». Y en el caso del mundo de la pareja, «una se da cuenta de que lo más importante es llegar en el momento adecuado, una idea que aplicada al amor me interesa mucho». De todas maneras, bromea con que su «gran reto es contar una historia de pareja que acabe bien, soy consciente. En el próximo libro, seguro», agrega.

Tras meses de pandemia, se atreve a pronunciar que no le han servido «para nada, más que para pasarlo mal. Mi literatura surge del contacto con la vida y estar encerrada en casa no me aporta, ya me tengo muy pensada, vista y aburrida». Debido a eso no le apetece crear una ficción sobre este período, en todo caso, «cuando acabe lo que tendré ganas es de volver a la vida».

Editora, guionista con Isabel Coixet desde hace año y medio, avanza que está escribiendo una nueva novela, la segunda, después de Qué vas a hacer con el resto de tu vida, que espera acabar este año.

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